INTERNACIONAL

Entrevista a Javier Martín: "La capacidad del Estado Islámico para atentar en el exterior sigue intacta"

El especialista en Oriente Medio y autor del libro más vendido en España sobre el ISIS valora la situación de los yihadistas tras la caída de Raqqa, su feudo en Siria.

21/10/2017 10:15 CEST | Actualizado 21/10/2017 10:15 CEST
EL HUFFPOST
Javier Martín, delegado de la Agencia EFE en el Norte de África, en una imagen de archivo tomada en Jerusalén.

Es una de las noticias de la semana: ha caído Raqqa, la ciudad en la que el grupo terrorista Estado Islámico (EI, ISIS, Daesh) tenía su bastión en Siria, la capital de su pretendido califato, donde mandaba inmisericorde desde 2014, el lugar desde el que dominaba el territorio y donde formaba muyahidines llegados desde Occidente. Eso ya es pasado, a cuenta de la coalición impulsada por EEUU y encabezada sobre el terreno por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

El hundimiento del ISIS en Raqqa, como el de Mosul (Irak) en julio pasado, ha dejado a los yihadistas sin sus principales baluartes. Por eso es el momento de saber cómo afecta esta pérdida territorial a sus planes, cuán débil se encuentra el grupo, si mantiene su capacidad de atentar, si es igual de peligroso de siempre.

A estas preguntas responde vía correo electrónico Javier Martín, actual delegado de la Agencia EFE en el Norte de África con base en Túnez, uno de los periodistas españoles con mejor conocimiento del mundo árabe y Oriente Medio, a punto de cumplir 20 años como corresponsal en todo el arco, desde Argelia a Irán. Martín es autor de Estado islámico geopolítica del caos​​​​​​ (Libros de la Catarata) que ahora lanza su sexta edición ampliada y actualizada, abarcando hasta los atentados de Barcelona y Cambrils del pasado agosto, y que es el libro más vendido sobre el Daesh en España.

- Cae Raqqa, bastión del ISIS en Siria. ¿Qué supone esa derrota, qué importancia real tiene?

- Hasta el momento, no es más que una simple victoria militar, más beneficiosa para la coalición internacional, que puede presumir de su poderío, que para las poblaciones locales, cuya situación sigue siendo miserable. El Estado Islámico ha perdido territorio físico, un factor importante en su ideología, pero conserva estables sus redes clientelistas, sus relaciones con la mayoría de los señores de la guerra en la zona y sus fuentes de financiación y rearme. Además de su aparato de propaganda, que sigue siendo muy efectivo. Todo apunta a que la próxima fase de la guerra será muy similar a lo ocurrido tras la primera derrota de los talibán en Afganistán. El núcleo duro de la organización se retirará a sus "cuarteles de invierno" en espera de una nueva coyuntura favorable. Casi dos décadas después, los talibán vuelven a se hoy una fuerza dinámica en desarrollo, con amplia capacidad operativa, que ha comenzado a recuperar presencia y terreno. No debemos perder tampoco de vista lo ocurrido recientemente en Libia. En diciembre pasado, las tropas afines al gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, en colaboración con la fuerza a Aérea de EEUU, arrebataron a la rama libia del Estado Islámico la ciudad de Sirte, el bastión yihadista más a Occidente. Nueve meses después, los fanáticos takfiríes -que huyeron hacia el desierto- están volviendo a recobrar posiciones y empezando a extender su área de influencia hacia otras localidades, incluida la capital.

- Tras la derrota en Mosul también, ¿qué potencial real tiene el EI ahora en la zona, qué le queda del califato soñado?

- Del califato soñado queda la sensación arraigada de que es factible, y esa es una idea extremadamente peligrosa de cara al futuro. Entrevistas que he podido realizar con expertos e incluso con personas que han estado combatiendo en las filas yihadistas en Siria e Irak y que han abandonado las huestes de Abu Bakr al Baghdadi insisten en que siguen a la búsqueda del Estado Islámico como concepto, de otro Estado Islámico mejor construido que el que ahora parece desmoronarse. Muchos entienden que la derrota militar es fruto de los errores cometidos por la cúpula actual, y que la misión ahora es repensar la estrategia para alcanzar definitivamente un sueño que ha dejado de ser una quimera.

El Estado Islámico ha perdido territorio físico, un factor importante en su ideología, pero conserva estables sus redes clientelistas, sus relaciones con la mayoría de los señores de la guerra en la zona y sus fuentes de financiación y rearme, además de su aparato de propaganda.

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ERIK DE CASTRO / REUTERS
Miembros de las Fuerzas Democráticas de Siria, paseando triunfantes el pasado miércoles por las calles de Raqqa.

- ¿Dónde se esconden los que quedan? ¿Pueden resurgir de sus cenizas?

- 2007 es la llave para responder a esta pregunta. Aquel año, los llamados "Consejos del Despertar" -una milicia formada por jefes tribales locales en las zonas de mayoría suní- comenzaron a trabajar bajo la tutela del Ejército estadounidense en regiones como Baquba, Tikrit, Tell al Afar y otras localidades suníes del noroeste de Irak, conocidas por ser el núcleo de la resistencia contra la ocupación militar norteamericana. Combatieron a la rama de Al Qaeda en Irak y a otros grupos radicales armados como el ISI, embrión del ISIS y del Estado Islámico, y cantaron victoria dos años más tarde. La gestión del triunfo militar fue un desastre que explica el surgimiento yihadista apenas tres años después, con más potencia y en las mismas regiones. Las fuerzas suníes, vistas con sospecha desde Bagdad, no fueron asimiladas y la reconstrucción jamás llegó a las poblaciones afectadas.

Más de un lustro después, el gran interrogante es de nuevo como se gestionará este éxito castrense, a todas luces insuficiente para erradicar el conflicto. Las experiencias anteriores no nos permiten ser demasiado optimistas. La fractura de Irak es ciclópea. Suníes, chiíes y kurdos tienen agudas diferencias, divergencias acusadas, y la unidad no es más que uno palabra sin contenido. O una futura desgracia, ya que si se trata de imponer con los parámetros políticos y las condiciones socio-económicas actuales será a golpe de armas y autocracia. En las localidades suníes arrebatadas al Estado Islámico la perspectiva se antoja aún peor. El herético y fanático régimen impuesto por Al Baghdadi ha sido sustituido por estructuras de poder políticas y militares ajenas a la población local -principalmente dirigidas por chiíes- con el riesgo de conflicto sectario que esto acarrea. Como en 2009, los actores y responsables locales suníes que podrían contribuir a cerrar heridas, o carecen de poder suficiente efectivo o se les ha arrinconado sin darles siquiera la oportunidad de desarrollar el poco que tienen, porque se les observa con desconfianza. No solo en las áreas bajo control chií, también en las zonas de influencia kurda y en aquellas de población mezclada, como demuestra la entrada la semana pasada de las llamadas "fuerzas federales" en la ciudad petrolera de Kirkuk.

- ¿Quién se lleva el mérito de esta derrota?

- En este tipo de conflicto no hay ganadores, solo un perdedor claro: la población civil. La victoria en el estricto sentido militar se le debe conceder a las milicias kurdas, tanto sirias como iraquíes, y las milicias chiíes, principalmente las vinculadas a Irak, que han puesto la sangre y los muertos, con la inestimable ayuda de la aviación de la coalición internacional y el trabajo de las fuerzas rusas. La política se la debemos apuntar, de momento, al presidente ruso, Vladimir Putin, y a los políticos occidentales que ahora podrán jactarse y utilizar este avance como escudo frente a las críticas de sus ciudadanos. E incluso en el caso de muchos de ellos, sumarlo a su lista de pretendidos méritos en su próxima batalla electoral. También a los gobiernos en Bagdad o Erbil, aunque no está claro si se podrá sostener a medio plazo.

A este último respecto, la guerra contra el EI ha sumado nuevos desequilibrios y añadido complejas variantes en el pulso interchií que se libra en el centro y sur del país. Una disputa que se prevé vaya a enconarse aún más a medida que se acerque el momento de fijar la fecha de las próximas elecciones legislativas, aún por determinar. Algunas milicias y partidos, en particular aquellos pro iraníes, próximos al régimen de Teherán, han salido reforzados tras haber soportado el peso del combate y ahora buscarán una recompensa en términos de influencia política y beneficio económico. Igual situación a la que se encuentran los kurdos, que han sido los que más se han implicado en el combate, los que más dinero y cadáveres han empleado, y que esperan una retribución por sus servicios, como demuestra el referéndum de autodeterminación celebrado a finales de septiembre.

En este tipo de conflicto no hay ganadores, solo un perdedor claro: la población civil.

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Javier Martín, autor de 'Estado Islámico. Geopolitica del caos'.

- ¿Y cómo va el Estado Islámico de apoyo popular, alto en años pasados?

- El resultado popular se ha resentido poco, aunque resulte paradójico. Debemos tener en cuenta que un extremo son los seguidores de Al Bagdadi, que suelen ser fieles -si no a la persona, sí a la idea del Estado Islámico-, y otras las poblaciones que han sufrido su yugo, que no han tenido más remedio que vivir bajo la sombra del kalashnikov, las amenazas y las sevicias. Esa población se ha visto atrapada entre dos fuegos y su único objetivo ha sido sobrevivir en silencio, tratando de no molestar al opresor. En este sentido, es necesario ser consciente antes de seguir de un tercer problema consecuencia de los cerca de tres años que han durado los combates: la saturación de armas que existe en la zona, y de la que han sacado -y siguen sacando- pingües beneficios las industrias armamentísticas y de seguridad de los cinco países miembros permanente del Consejo de Seguridad, más Alemania y España que completan la lista de los siete principales exportadores de armamento del mundo. Con la excusa de combatir al ISIS, decenas de milicias de todo pelaje se han armado fuertemente a través de su alianza con algunos de los contendientes, ya fuera con Irán, Rusia o la coalición internacional. Desarmarlas o integrarlas en una fuerza armada común, controlada, se perfila como un desafío colosal, esencial para el futuro de la región. Sobre todo en un país enfermo del germen sectario y nacionalista, inestable y apenas reconstruido 15 años después de la invasión ilegal anglo-estadoundiense.

Socialmente, el reto también se antoja infinito. Es necesario recolocar a miles de personas que se han visto obligadas a desplazarse de forma interna. Hacer que regresen a ciudades y pueblos ahora destruidos por la guerra, con servicios básicos en el mejor de los casos precarios, y sin fondos, estrategia o instrumentos para una reconstrucción efectiva que proporcione esperanza, avente el fantasma de la radicalización y evite que alistarse en una de las múltiples milicias sea la mejor y casi única forma de subsistencia.

- ¿Siguen siendo un imán para jóvenes occidentales, sigue vivo el efecto llamada para que se enrolen en sus posiciones de Oriente Medio?

- Sí, quizá su capacidad de seducción haya descendido. Evidentemente la derrota no es atractiva. Pero como ya he explicado antes, la idea de que un Estado Islámico no solamente es necesario sino viable ha arraigado con fuerza en los jóvenes. Con las herramientas de la propaganda casi intactas, parece factible que esos jóvenes puedan volver a sentirse atraídos por la próxima reencarnación del yihadismo. Sobre todo si se insiste en el error de confiar solo en las soluciones militares, sin ofrecer alternativas sociales y económicas a una población golpeada por décadas de guerra y pobreza. El relato, aunque debilitado, es aún propiedad de los fanáticos. Mantener el monopolio chií -tanto político como militar- y defender sin fisuras la unidad de Irak frente a las poderosas tendencias federalistas -expresadas por los kurdos en su referéndum- contribuye a fosilizar las afrentas, los desacuerdos, las decepciones, y abona nuevos espacios para un resurgir del yihadismo. Se debe avanzar en la idea de un Irak cohesionado pero federal. Acabar con las disputas internas sobre las fronteras y reconocer el hecho diferencial kurdo, aunque eso suponga un tsunami en países vecinos como Siria, Irán o Turquía, y suene como la campana de Pedro Botero en las instituciones y Estados de Europa. Y por supuesto, se debe renovar las estructuras políticas y combatir con decisión la corrupción y las desigualdades socio-económicas, de las que se nutren ismos parejos como el nacionalismo, el fascismo, el totalitarismo y el yihadismo.

- Afirmaba en su obra que el ISIS tenía espíritu de "gobernar y permanecer". ¿Qué hará ahora, con menos territorio y estructura de gestión y poder?

- Esperar y adaptarse. Desde que se consolidara en los últimos 20 años del fatídico siglo XX, el yihadismo ha mostrado una enorme capacidad de adaptación, que le ha permitido sobrevivir a todos los embates. En Oriente Medio y en Asia Central. Pero también en Europa, donde se ha enraizado. Existe aún una brecha en la concepción del tiempo que nos impide desde Occidente entender la dimensión del problema. Para el Islam político e incluso para el wahabismo -y su hijo bastardo el yihadismo- este es un combate a largo plazo, una carrera de obstáculos con numerosos desniveles y etapas. Unas de llano, otras de montaña, unas más difíciles, otras más asequibles, pero todas unidas en pos de un objetivo meridiano. Las sociedades occidentales nos hemos acostumbrado a vivir -para todo- en una sucesión inagotable de contrarrelojes, asidas casi siempre a ciclos electorales. En el yihadismo, aún se cree en esa máxima musulmana de sentarse paciente a esperar a ver el cadáver de tu enemigo pasar.

Quizá su capacidad de seducción haya descendido. Evidentemente la derrota no es atractiva. Pero la idea de que un Estado Islámico no solamente es necesario sino viable ha arraigado con fuerza en los jóvenes.

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Velas, peluches, flores y mensajes en homenaje de las víctimas del atentado de Barcelona del pasado agosto, en el lugar del ataque, Las Ramblas.

- ¿Van a seguir atentando en Occidente en estas condiciones? ¿Más, menos?

- Su capacidad de golpear en el exterior también sigue intacta. Es una semilla plantada hace mucho tiempo, a salvo de los vaivenes militares, ya sea en Siria, Irak o Libia. En esta nueva fase de retirada y espera, dominarán las otras dos tácticas de combate que el Estado Islámico tiene en su esencia: las acciones de guerrilla maoista, puntuales y efectivas en el interior del territorio perdido, como ocurrió en Vietnam. Y las razias. Es decir, los ataques planeados y puntuales en busca de botín que se han sucedido a lo largo de la historia. En este caso, atentados dispersos, de bajo coste y escasa preparación logística cuyo objetivo es mantener saludable el aparato de propaganda y su recompensa el beneficio económico que deparan. Amén de mantener vivo el miedo del que se alimenta.

- ¿Hemos aprendido en Europa en concreto a conocer al ISIS y a prevenir, por tanto, sus acciones en casa?

- Creo que no. El terrorismo siempre va un paso por delante de las fuerzas de seguridad, porque simplemente es más fácil generar y propagar el terror que frenarlo. La solución no deben ser más armas y más policías en las calles; o la imposición de medidas y leyes restrictivas que supongan un recorte de los derechos. Eso supone una derrota de la sociedad, pero sobre todo de sus dirigentes. La única forma de combatir la violencia es fortalecer nuestro modelo de convivencia y crear sociedades similares en los países vecinos del Mediterráneo, de África, de Oriente Medio o de Asia donde ahora no existen. No hablo de construir democracias. Las democracias actuales, incluso las nuestras, son imperfectas. Y son imperfectas porque por encima de las leyes nacionales, de las urnas y del mercado debe siempre estar la defensa cerrada e irrenunciable de los derechos humanos. En un marco formado por un presente digno, un futuro esperanzador, una justicia social firme y unos derechos básicos garantizados nunca quedará espacio suficiente para el radicalismo y la violencia.

La solución no deben ser más armas y más policías en las calles; o la imposición de medidas y leyes restrictivas que supongan un recorte de los derechos. La única forma de combatir la violencia es fortalecer nuestro modelo de convivencia y crear sociedades similares en los países vecinos del Mediterráneo, de África, de Oriente Medio o de Asia donde ahora no existen.

-¿Se puede decir que la bestia herida es más peligrosa aún?

- Las bestias son bestias. Y el yihadismo es un monstruo que hemos creado entre todos. Del que se aprovechan tanto los fanáticos religiosos como algunos sectores políticos, económicos y militares de Oriente Medio, Rusia, Europa y Estados Unidos, vinculados por el negocio de las armas. Para acabar con él, lo primero es saber por qué existe. Si no, jamás será derrotado y seguirá golpeando sin misericordia, sobre todo si está herido.

La batalla por Raqqa (Siria)