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'Vergüenza', la nueva apuesta de humor de Movistar +

Creada por Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, rompe todos los códigos de género tradicionales de las ficciones españolas

14/11/2017 11:10 CET | Actualizado 16/11/2017 19:20 CET
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Olvida toda la televisión que has visto. Olvida series de hora y media de duración con 35 personajes y siete tramas por capítulo. Bienvenido a una nueva forma de hacer comedia, más propia de las míticas sitcom americanas como Seinfeld y The Office que de los típicos enredos patrios.

Vergüenza, la serie creada por Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, rompe todos los códigos humorísiticos tradicionales de las ficciones españolas a las que los espectadores están acostumbrados y se adentra en encontrar la belleza en situaciones incómodas.

Cavestany —creador de Gente en sitios, una de las mejores películas españolas de todos los tiempos— sabe manejar a la perfección este tipo de comedias, esas con las que te ríes con el estómago, que agarran al espectador de las solapas y no las sueltan en todo el episodio.

Sabedores de que el tiempo en la comedia es fundamental, esta serie aborda sus tramas en capítulos de 30 minutos, como en Estados Unidos, la duración perfecta para desarrollar una historia sin tener que rellenar con situaciones disparatadas que más que hacer reír sacan al espectador de la serie.

Vergüenza no sólo destaca por su cuidado guión. La trama se nutre de una historia con los personajes justos, entre los que destacan Javier Gutiérrez y Malena Alterio, la pareja protagonista. También merecen una mención aparte los momentos gloriosos que deja Miguel Rellán como suegro de Gutiérrez.

Tanto Alterio como Gutiérrez se mueven muy bien en esa fina línea que separa la risa del llanto y juntos, como pareja, tienen una comicidad pocas veces vista en la pequeña pantalla. Ellos son dos personas normales, permanentemente en crisis y cuya mera presencia en un lugar puede desencadenar un sinfín de situaciones que rozan el bochorno.

Gran parte de los momentos de gloria que deja Jesús —Javier Gutiérrez— en la serie, se deben a algo tan humano como la autoestima. La alta concepción que este personaje tiene de sí mismo le hacen, por ejemplo, hacer el ridículo en una clase de inglés porque cree que él es capaz de ser mejor que la profesora. Pero la configuración del personaje hace que, a pesar de su comportamiento, Jesús dé más ternura que rabia. Y eso es muy bonito.

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Las conversaciones de alcoba y esa inocencia que ambos comparten llevan al espectador a cogerles cariño rápidamente, aunque no te las querrías encontrar en ningún evento.

A pesar de ser una historia común, a simple vista, la serie destaca por la cantidad de lugares en los que se desarrolla la acción. Aunque es el salón de actos en el que Jesús trabaja como fotógrafo de BBC (bodas, bautizos y comuniones) el lugar en el que pueden ocurrir las situaciones más extrañas y graciosas.

Pero Vergüenza no es sólo una comedia con la que reírte o llorar. Va mucho más allá. Es el retrato de una generación que creyó que iba a poder cumplir sus sueños y sobre ellos la vida cayó como una losa. Ahora, con trabajos que detestan, sin hijos y sin dinero, tienen la obligación de probar cosas nuevas y de llevar su monótona existencia a otro lugar.

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