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17/11/2017 10:49 CET | Actualizado 21/11/2017 10:45 CET

La reflexión de Almudena Grandes sobre la víctima de 'La Manada' que da que pensar

Tras la decisión del tribunal que juzga a 'La Manada' de admitir a trámite el informe elaborado por un detective privado sobre la víctima en los meses posteriores a la agresión sexual: "En un acto de violencia sobre las mujeres".

EFE

La escritora Almudena Grandes ha reflexionado —en la Cadena Ser— sobre la decisión del tribunal que juzga a La Manada, los cinco jóvenes que presuntamente violaron a una chica en los Sanfermines de 2016, de admitir a trámite el informe elaborado por un detective privado sobre la víctima en los meses posteriores a la agresión sexual.

"Está transmitiendo a la sociedad que, para ser creída, respetada, una mujer violada debe seguir sufriendo después de haber sufrido", argumenta Grandes, antes de sentenciar que "una presunta decisión técnica se convierte en un acto de violencia sobre las mujeres. Uno más".

Para llegar a esta conclusión, la escritora parte de una realidad incuestionable: "La violación es un delito", con independencia de "la condición moral de la víctima, sus costumbres, su conducta, son factores tan irrelevantes aquí como en cualquier otro crimen".

Tras lo que sentencia: "Porque lo que pretende culpabilizar a la víctima de La Manada, sembrar dudas sobre su condición moral, es que se atreviera a salir a la calle, a tomar copas con sus amigas, después de haber sido violada, en lugar de quedarse en su casa con todas las persianas bajadas y la cabeza cubierta de ceniza".

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La violación es un delito. Violar a una prostituta, a una mujer promiscua, a una noctámbula, a una alcohólica, a una drogadicta, a una mendiga, no es ni más ni menos grave que violar a una virgen adolescente de misa diaria o a la propia esposa dentro del matrimonio, porque todas las violaciones son uno y el mismo delito. La condición moral de la víctima, sus costumbres, su conducta, son factores tan irrelevantes aquí como en cualquier otro crimen. Se podría pensar que admitir como prueba el informe de un detective sobre la vida cotidiana de la víctima de una violación sería parecido a aceptar, en un caso de asesinato, un testimonio que probara que el muerto era un malvado que merecía morir, para que la defensa solicite que se considere como atenuante. Podría parecer lo mismo, pero no lo es. Porque lo que pretende culpabilizar a la víctima de La Manada, sembrar dudas sobre su condición moral, es que se atreviera a salir a la calle, a tomar copas con sus amigas, después de haber sido violada, en lugar de quedarse en su casa con todas las persianas bajadas y la cabeza cubierta de ceniza. Eso es lo que el tribunal ha valorado, y al hacerlo, no sólo ha asumido que la calle, la noche, la diversión, son un territorio masculino. También está transmitiendo a la sociedad que, para ser creída, respetada, una mujer violada debe seguir sufriendo después de haber sufrido, renunciar de por vida al placer y a la alegría para que se tome en consideración su sufrimiento. Así, una presunta decisión técnica se convierte en un acto de violencia sobre las mujeres. Uno más.

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