POLÍTICA

La cruda reflexión de Manuel Jabois sobre la víctima de 'La Manada' y su antes, su durante y su después

El periodista recuerda el caso de Nagore, quien hace 9 años se defendió de su violador en San Fermín y fue asesinada.

22/11/2017 09:39 CET | Actualizado 22/11/2017 09:42 CET
LA SEXTA

El periodista Manuel Jabois ha planteado una dura reflexión —en El País, titulada Las personas más indefensas del mundo— sobre La Manada y como su presunta víctima se mantuvo pasiva mientras mantenían relaciones: "Los 96 segundos grabados por los acusados mientras mantenían relaciones con la víctima entre comentarios soeces, risas y órdenes. Fotograma a fotograma. La chica aparece con los 'ojos cerrados' y en actitud 'pasiva o neutra', nunca participativa", especifica el periodista.

Este importante matiz, el de la pasividad de la víctima, diferencia el caso de La Manada de otro que se produjo en San Fermín hace nueve años —recordado por Jabois—, cuando Nagore Laffage, una enfermera de 20 años, y José Diego Yllanes, médico de 27, se encontraron la noche de San Fermín.

"Los dos subieron al piso de Yllanes y allí él le rompió la ropa, la agredió (se encontraron 38 heridas, externas e internas) y finalmente la mató. La razón fue que ella se negó a mantener relaciones sexuales y él, dijo, perdió la cabeza. Ya se habían besado y acariciado, declaró. Luego 'hubo un malentendido'", rememora el periodista, tras lo que se pregunta: "¿Por qué en Pamplona, donde se celebra el juicio contra cinco hombres (La Manada) acusados de violar a una joven de 18 años, se recuerda tanto estos días a Nagore?".

Matiza Jabois que entre el caso de Laffage y el de La Manada "hay distancia": "Laffage está muerta y su asesino reconoció el crimen; la chica de 18 está viva y los acusados dicen que no la violaron", afirma.

Sin embargo, Jabois resalta un aspecto primordial: "El 'antes y el después' que se citaba ya en el juicio al asesino de Laffage y se repite ocho años después". Recuerda Jabois que "durante el juicio a la madre de Laffage se le preguntó si su hija era muy ligona ('en todo momento juzgaron a mi hija, no al asesino'); a la víctima de La Manada se le puso un detective para espiar su actitud tras la agresión".

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Concluye el periodista con una cruda sentencia: "Nagore podría estar viva hoy. Para ello tenía que haber cedido a las pretensiones de Yllanes aquel 7 de julio. Dejarse hacer para que parase de golpearla y marcharse a su casa. Quizás así sobreviviese. ¿Hubiera denunciado entonces? ¿Soportaría la culpabilización a la que todavía es sometida una mujer cuando denuncia una violación? Es imposible saberlo".

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