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Los 212 zapatos que pisan fuerte en la exposición de Manolo Blahnik en Madrid

Hasta marzo, una exposición sobre su obra con más de 200 piezas se expondrá en el Museo de Artes Decorativas de Madrid.

29/11/2017 13:42 CET | Actualizado 02/12/2017 12:55 CET

¿Cómo pueden salir 40.000 pares de zapatos, ¡40.000!, de una sola cabeza? ¿Cómo pueden tenerse tantas ideas, tanto conocimiento en la cabeza, como para crear calzado que bebe y hasta representar a la emperatriz Catalina la Grande, el Museo Guggenheim, María Antonieta, Picasso, Lola Flores, la vegetación canaria, los samuráis? Esa catarata imaginativa es algo que sólo puede ser posible si uno se llama Manolo y se apellida Blahnik, una combinación de nombres tan infrecuente como su portador y la obra del mismo.

ARTURO BRACERO
Manolo Blahnik posa entre sus obras.

40.000 pares de zapatos reducidos a exactamente 212 bellos (y bastante más cómodos de lo que pueda parecer, que todo es empezar a subirse a ellos...) ejemplares. Esa es la representación de la obra del zapatero Manuel Blahnik Rodríguez —un ejemplar único en su especie de padre checo, madre de Santa Cruz de La Palma, educado en Ginebra y París y con aspecto (y acento) de señor londinense de bien, que por algo lleva allí asentado casi medio siglo— que puede verse en el Museo de Artes Decorativas de Madrid. Desde el 28 de noviembre hasta el 8 de marzo de 2018 la obra de míster Blahnik, expuesta aquí junto a muchas de sus referencias, fotografías, carteles de cine, pedazos de películas, tazas y platos... podrá disfrutarse en 10 salas dedicadas a sus piezas de artesanía.

El día previo a la inauguración, el propio Blahnik acudió a visitar su autobiografía bajo vitrinas. En una rueda de prensa tremendamente multitudinaria, se mostró encantado y encantador, agradeció más tarde a los periodistas sus preguntas de uno en uno y no dudó en firmar libros y hasta zapatos. En su charla le escudaron la comisaria de la exposición, Cristina Carrillo de Albornoz, que la ha comandado también en el museo Hermitage de San Petersburgo (Rusia), en Praga y en Milán, y la directora de Vogue en España, Eugenia de la Torriente, que ha colaborado en la misma.

¿Qué zapatos le quedan por hacer?, le preguntaron a Blahnik los presentes. "Tantos...", reflexionaba él en voz alta. "Depende de lo que estemos viviendo. Espero que me queden muchos años", confesaba divertido, asegurando que "ustedes, las mujeres" son sus estímulos. Entre risas confesaba que en España siente que su obra es querida y respetada, "al menos según dicen las cifras de ventas".

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Los zapatos se complementan con rótulos explicativos y con imágenes y objetos que los complementan. "Las fotos de Cecil Beaton, de la duquesa de Alba con Lola Flores, con las copas de Hoffman y los relojes del siglo XIX, el dibujo de Rafael Moneo del Museo de Arte Romano de Mérida, los trajes de Balenciaga...", repasa Carrillo de Albornoz.

Fue la propia Carrillo de Albornoz la encargada de seleccionar los poco más de 200 ejemplares de la exposición entre los 40.000 que se guardan en los archivos de Bath (Inglaterra) del creador. Para ella, con esta exposición (más completas que sus tres anteriores) se ha logrado establecer un "diálogo con las piezas de museo, la moda y el arte".

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Una de las vitrinas de la exposición de Manolo Blahnik.

CARRIE NO ESTÁ

Los que (y las que) busquen piezas especiales, las van a encontrar. Entre otros, se exponen buena parte modelos de los que el zapatero canario realizó para María Antonieta (2015), de Sofia Coppola, y también algunos de los vestidos que la ganadora del Oscar Milena Canonero cosió para la película. También se puede ver el zapato que creó en honor a los 15 años de Vogue, inspirado en Lola Flores (y situado al lado de su peineta).

Una de las vitrinas más llamativas es en la que se aprecia paso a paso cómo se diseña, se crea y casi se construye un zapato, en este caso el modelo Josefa, del que se desgranan 50 partes diferentes hasta contemplar el ejemplar terminado.

Eso sí: el que no podrán ver todas aquellas que conocieron a Blahnik a través de la serie Sexo en Nueva York será el modelo Hangisi en azul, el que le da Mr. Big a Carrie Bradshaw como regalo de pedida. El clásico de seda con gran broche brillante de 9,5 centímetros de tacón que vestía el personaje interpretado por Sarah Jessica Parker y que marcó a una generación sólo se puede ver en rosa en la última sala de la exposición.

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El modelo 'Josefa'.

Blahnik, más que arquitecto, asegura que habría querido ser "escultor, picapedrero". Lorca, el flamenco y su poesía son una de sus obsesiones, y España en su forma más tradicional se ve reflejada en sus zapatos: "Mi madre se sabía todo el Romancero Gitano de memoria. Como era canaria, lo recitaba con su acento y esa voz casi andaluza... yo lloro todavía cuando lo escucho".

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Eugenia de la Torriente (en primer término), junto a Manolo Blahnik y Cristina Carrillo de Albornoz.

Esa cultura —musical, artística, histórica— se refleja en sus diseños y fue toda una complicación cuando Carrillo de Albornoz acudió a Bath a por material para la exposición. "Su obsesión por los pies va mucho más allá del fetichismo, una expresión que él odia", confiesa al HuffPost entre los zapatos que posan en la sala Botánica, como los que reflejan las hojas de la palmera canaria.

"Vienen de las esculturas de Praxíteles y de Alejandro Magno", relata. Algo que da una idea de la magnitud de la capacidad de Blahnik y de lo que quiere contar. "La gente ha de ver el zapato más allá de su función, como objeto de arte. Es imaginación, es cultura", relata señalando algunos modelos con hebillas auténticas del siglo XVIII.

Una cultura que es insostenible, en este caso, sin el apoyo de más instituciones. Vogue ha aportado mucho a esta exposición en su paso por Madrid, porque Blahnik es "un maestro", como explica Eugenia de la Torriente, que da cuenta de la dificultad técnica y económica de que un proyecto así vea la luz, y que reseña la labor de los copatrocinadores del evento (Bvlgari, que ha creado una serie de joyas con motivo de este evento, Tanqueray, Porsche y, cómo no, Turismo de Canarias), algo que pone en evidencia que es posible que la moda y la cultura se alíen "gracias a un modelo de patrocinio público-privado". Si se quiere se puede. Es como calzarse unos Manolos: pasito a pasito.

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