POLÍTICA

4-D: el día en que Andalucía pidió ser como la que más

La comunidad conmemora el 40º aniversario de las masivas manifestaciones para reivindicar su autonomía y el reconocimiento como nacionalidad histórica.

06/12/2017 16:46 CET | Actualizado 06/12/2017 16:46 CET
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Imagen de la manifestación de Sevilla de aquel 4 de diciembre de 1977.

"Andaluces de todos los campos y partidos, venid a esta labor. Los hombres de ideas más opuestas, unidos por el ideal de una Andalucía grande y redimida", animaba Blas Infante en el Manifiesto Andalucista de Córdoba, en 1919. El 4 de diciembre de 1977, los que fueron sus vecinos y sus descendientes le hicieron caso, superando al fin una Guerra Civil que dejó fusilado en una cuneta al padre de la patria andaluza y una dictadura de la que quedaba demasiada huella aún en los poderes fácticos.

Esta semana se han cumplido 40 años del momento en el que los andaluces tomaron las calles en masa para reivindicar su autonomía y el reconocimiento de su tierra como nacionalidad histórica. Cataluña, País Vasco y Galicia ya lucían esa etiqueta y avanzaban en la redacción de sus respectivos estatutos, avalados por el artículo 151 de la Constitución, la llamada vía rápida. A Andalucía, de partida, no se le había concedido ese estatus y tenía que pasar por el trámite del artículo 143, es decir, una espera de cinco años para materializar su autogobierno. Su gente, los casi dos millones de manifestantes que aquel día gritaron "Gobierno, escucha, la autonomía es nuestra lucha" o "libertad, amnistía y estatuto de autonomía", acabó conquistando el derecho de estar en ese grupo de históricos, acuñando una frase que es un clásico: "Andalucía, como la que más".

Hubo marchas en las ocho capitales de provincia, todas con ambiente festivo y una única bandera, la andaluza, que volvía tras siglos de guerra. " Fue un acto de toma de conciencia, de justicia y de igualdad, de personas que podían libremente acudir a una manifestación y que lo hicieron, sin importar su tendencia, por un objetivo común", resume Rafael Escuredo (Estepa, Sevilla, 1944), primer presidente de la Junta de Andalucía como hoy la conocemos.

Quizá los más ajenos a la historia de la comunidad piensen que el 4-D fue un acto nacionalista, en el que se habló de independencias o el derecho a decidir que ahora ocupa tantos titulares. No. El manifiesto que se leyó en cada concentración lo que pedía literalmente era "la más rápida institucionalización de unos órganos de representación y Gobierno autónomos" con el fin de aportar soluciones a las necesidades de esa tierra. Algunos de los dolores de hace cuatro décadas siguen dando punzadas hoy: "la emigración de los hombres y los recursos de Andalucía; un elevado índice de paro; una difícil situación en el campo, que hace que unas tierras tan ricas como las nuestras no puedan garantizar el sustento de los que en ellas viven; una escasa y mal planificada industrialización, y unas condiciones generales de vida que son muy inferiores a las de otras zonas del país".

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UN PROCESO IMPARABLE

"Andalucía se visibilizó como pueblo ante sí mismo y ante el resto del estado español, con la participación de todos los estratos, aunque con una amplia base en los barrios", explica el antropólogo Isidoro Moreno (Sevilla, 1944), uno de los hombres que portó la principal pancarta de aquel día en la capital andaluza y que hoy es patrono de la Fundación Blas Infante. A la calle se echaron los vecinos de las corralas y los diputados, pero su universalidad tenía una raíz popular que hacía única la reivindicación, insólita marea tras el franquismo, ahonda. Lo que estaba en juego no era un orgullo de pasado, una suma de especificidades que todo andaluz sabe que tiene -y, a la vez, comparte con otros españoles-, sino un cambio de modelo que estaba ya muy fijado por entonces: el de los territorios privilegiados por las inversiones, la industria, los cupos y aforamientos forjados y en trámite, y los subyugados de décadas, pintoresca área de recreo y mano de obra barata exportable. "Había que acabar con el atraso, lograr con garantías un trato igual y justo, tener voz propia y ser protagonistas de nuestras decisiones", abunda Moreno.

Con la irrupción en el tablero político de la "Andalucía real" el proceso de autonomía fue imparable, lo que no quiere decir que fuera sencillo. La Asamblea de Parlamentarios andaluces aprobó en enero del 78 el régimen autonómico y el 27 de mayo Plácido Fernández Viagas fue nombrado presidente de la Junta Preautonómica. El 4 mismo 4-D de ese año se firmó el Pacto de Antequera (Málaga), en el que todos los partidos del momento apostaron por lograr la autonomía en el menor tiempo posible. Luego vino el referéndum, el 28 de febrero de 1980, cuando se votó la siguiente pregunta: "¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?". Ganó el sí, aunque la UCD se había desmarcado de la vía rápida con aquella campaña de "Andaluz, este no es tu referéndum" que tan cara le salió en Andalucía. El sí vencería de nuevo en octubre del 81 en la consulta que debía ratificar el primer Estatuto de Autonomía o de Carmona.

LA SANGRE DERRAMADA

No todo fue fiesta democrática, ansias compartidas, certeza de futuro en fase de conquista. En la mañana del 4 de diciembre del 77 también hubo sangre derramada, recuerdo palpable y pegajoso de que la ansiada Transición aún estaba cogida con alfileres y quedaba mucho veneno fascista por extirpar. Cayó en Málaga, donde murió tiroteado Manuel José García Caparrós, de 18 años, trabajador de la fábrica de Cervezas Victoria y afiliado a CCOO.

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FAMILIA GARCÍA CAPARRÓS / FUNDACIÓN BLAS INFANTE

El joven acudió a la manifestación como las demás 200.000 personas, con sus cánticos y sus ilusiones, avanzó hasta la Alameda de Colón (entonces Avenida del Generalísimo) y perdió la vida ante la Diputación provincial, la única que se negó en toda Andalucía a poner la bandera verdiblanca en el balcón. Un chico escaló la fachada para colocar la suya y entonces empezó la locura. Los grises cargaron contra la multitud, azuzados por los contramanifestantes de ultraderecha que trataban de boicotear la marca autonomista. Hubo golpes de porras, puntapiés, balas de goma, botes de humo...

El actual alcalde de Málaga, el popular Francisco de la Torre (entonces diputado de UCD), trató de pedir cuentas a la policía armada por sus excesos pero entonces fue cuando se oyeron los disparos. A la familia de Manuel José le dijeron que había tenido un accidente de tráfico, pero su padre se empeñó en ver el cuerpo y el disparo. Pero ahí se levanta la niebla y, hasta hoy, siguen sin saberse las causas exactas de su muerte, la munición empleada, quién lo hizo. El caso quedó sobreseído. Se habló de una bala de nueve milímetros procedente de una pistola Star, justo las que empleaba este cuerpo aún franquista. Algunas informaciones sostienen que la bala fue lavada con acetona para quitar todo rastro. La chaqueta con el agujero de bala fue entregada a la familia del joven -no se guardó siquiera como prueba-, que la escondió por los problemas que podía traer.

Como recuerda el libro Crónica de un sueño. 1973/83 Memoria de la transición democrática en Andalucía, hay informes del Ministerio de Gobernación de 10 días más tarde que sostienen que a Caparrós lo mató un policía. Hay numerosos testigos que identifican a un mismo uniformado grueso, fuerte, de unos 50 años, visto a apenas 10 metros del cuerpo. Hay investigaciones que sostienen que sus iniciales eran M.P.R, que era cabo, y que está ya muerto. "Lo que queremos es ponerle cara, nombre y apellidos a quien manchó el nombre de todos los andaluces", dice una de las hermanas del llamado mártir de la autonomía andaluza.

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Ahora, haciendo suya una exigencia muy vieja de Izquierda Unida y, algo más reciente, de Podemos, la Junta también ha pedido al Congreso que se den a conocer las actas de la investigación de aquel caso que, aunque quizá es desconocido en el resto de España, sigue siendo un símbolo en la comunidad. La diputada de IU Eva García Sempere ha pedido formalmente por carta al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que haga público un informe policial secreto sobre el asesinato, informa EFE. ​

AHORA SÍ

El 4-D es el día que los partidos más nacionalistas y de izquierda de Andalucía reivindican como verdadero día de la autonomía, y no el 28-F. Lo cierto es que aquel hito no ha estado en la agenda de los partidos mayoritarios (PSOE y PP) hasta muy recientemente. El problema catalán, sobre todo, ha removido el avispero de las competencias y el autogobierno y ha puesto de moda la efemérides. Hasta los socialistas, 35 años después de su llegada al Gobierno regional, han celebrado un acto conmemorativo.

Este mismo lunes, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, reivindicó que Andalucía volverá a ser un "factor de equilibrio y armonía" en España como lo fue hace 40 años y que garantizará "la igualdad entre todos los ciudadanos". "Esta tierra se levantó ese 4D y no va a volver a hincar la rodilla", dijo, rotunda. Frente a desafíos nacionalistas y al intento de quebrar la unidad del país, avisó de que su comunidad "estará vigilante".

Hasta ha saltado el aniversario al plano nacional: la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha defendido que Andalucía "es uno de los mejores ejemplos" de la compatibilidad entre "el respeto a la diversidad dentro de la lealtad a un proyecto común como es España", un camino que comenzó hace 40 años, y Pablo Iglesias, líder de Podemos, lo ha reivindicado para apelar a las aspiraciones del "derecho a decidir" de los catalanes y como motor de cambio.

Lejos de ese ruido, el deseo que perdura 40 años después. Andalucía, "libre, libre para siempre", como cantaban Los piratas en aquel Carnaval de Cádiz de 1998.