POLÍTICA
12/12/2017 10:45 CET | Actualizado 12/12/2017 10:45 CET

La reflexión de Pepa Bueno tras los insultos homófobos contra Iceta que da mucho que pensar

"Todo parece valer en esta dolorosa batalla en la que han metido a los catalanes: el insulto, la mentira, la exageración".

CADENA SER

La periodista de la Cadena Ser Pepa Bueno ha planteado una interesante reflexión, tras los insultos homófobos y racistas del director del Instituto de Nanociencias de la Universidad de Barcelona al candidato socialista Miquel Iceta.

Para Bueno, "todo parece valer en esta dolorosa batalla en la que han metido a los catalanes: el insulto, la mentira, la exageración", tras lo que rememora un frase de Lluis Bassets: "Ya no se trata de una brecha, que los catalanes viven en dos mundos que se alejan, donde la empatía y la comprensión por el sufrimiento del otro desaparecen".

Sentencia la periodista: "Esta es, de lejos, la peor herencia que deja la cabalgada independentista".

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Las redes sociales están llenas de cosas buenas y también de odio. Cada día, miles de personas enmascaradas tras el anonimato vierten su frustración contra personajes públicos por cualquier motivo, e inmediatamente son jaleadas por otras muchas que encuentran ahí una vía de escape no se sabe muy bien a qué delirio o rencor. Otras veces sí se sabe y algunas son todo un síntoma.

El episodio del director del Instituto de Nanociencias de la Universidad de Barcelona, sus insultos homófobos y racistas al candidato socialista Miquel Iceta, entran en la categoría de síntoma. Porque escribía a cara descubierta, porque no fue una vez sino varias y porque todos sus colegas y conocidos que lo seguían en Twitter no encontraron motivo para decirle "així, no" (así, no). Hasta que ha trascendido más allá de su ámbito cotidiano. Y entonces sí, la Universidad lo ha condenado y él mismo ha dimitido.

Todo parece valer en esta dolorosa batalla en la que han metido a los catalanes el insulto, la mentira, la exageración. No hay acuerdo político que cure eso en el corto plazo. LLuis Bassets escribía ayer que ya no se trata de una brecha, que los catalanes viven en dos mundos que se alejan, donde la empatía y la comprensión por el sufrimiento del otro desaparecen. Y esta es, de lejos, la peor herencia que deja la cabalgada independentista.

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