INTERNACIONAL
17/01/2018 18:33 CET | Actualizado 17/01/2018 18:33 CET

Trump reinventa la estrategia militar de Estados Unidos en su primer año de gestión

"No vamos a volver a construir naciones sino a matar terroristas".

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"Porque no teníais a Trump como presidente. Existe una gran diferencia si miras al Ejército ahora". Estas controvertidas palabras pronunciadas en octubre por el propio Donald Trump para arrogarse el éxito en la campaña siria alumbran, además, la realidad de una nueva estrategia militar estadounidense.

Desde que el 20 de enero de 2017 Trump asumió la presidencia de Estados Unidos, y con ello el rango de comandante en jefe, ha intentado poner negro sobre blanco un nuevo enfoque para afrontar un futuro en el que, según él mismo ha dicho, su país deberá dejar de actuar como principal garante de la seguridad mundial.

Fruto de esta nueva filosofía, la Casa Blanca anunció el 21 de agosto de 2017 su nueva estrategia de cara al conflicto más duradero de la historia del país: la lucha contra los talibanes en Afganistán.

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"Hemos recibido la autorización para atacar al enemigo en un espectro más amplío que en el campo de batalla", reconoció el jefe del Ejército estadounidense y de las fuerzas internacionales en Afganistán, el general John Nicholson.

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Las nuevas directrices de Washington dotaron a las Fuerzas Armadas de una mayor libertad de maniobra, un mayor secretismo para evitar posibles filtraciones por parte de sus aliados y, ante todo, el fin a los límites temporales. Es decir, no existen plazos, sólo objetivos que cumplir.

"No vamos a volver a construir naciones. Vamos a matar terroristas", zanjó el presidente al presentar su nueva estrategia, la cual, pese a estar enfocada en la Operación Centinela de la Libertad que se desarrolla en Afganistán, resume a grandes rasgos la nueva postura del Pentágono.

En realidad, el "instinto original" de Trump al asumir la Presidencia, según ha confesado, le dictaba ordenar la retirada de sus Fuerzas Armadas de Afganistán, Irak y Siria, donde Estados Unidos combate sobre el terreno contra grupos yihadistas como el Estado Islámico (EI) o los talibanes.

Sin embargo, finalmente Trump recapacitó y decidió apostar por lo que podría considerarse un repliegue ordenado según el cual Estados Unidos iría reduciendo su presencia en primera línea de fuego al tiempo que ayudaba en la formación de las fuerzas de seguridad locales con el objetivo de que, a medio plazo, cada país pueda hacer frente a sus propios demonios.

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Esta nueva política ha llevado al Pentágono a destinar a cientos de miembros de las Fuerzas Especiales a países donde oficialmente no existen conflictos bélicos; o al menos, donde Estados Unidos no reconoce participar en un enfrentamiento armado, como por ejemplo Níger, donde cuatro boinas verdes fueron abatidos en octubre.

Estas muertes desconcertaron a gran parte de la población estadounidense, que no sabía de la presencia de sus militares en esa parte de África.

"¿Por qué estaban allí? Estaban allí colaborando con nuestros socios, enseñándoles cómo ser mejores soldados, cómo respetar los derechos humanos, cómo luchar contra el EI para así no tener que mandar a nuestros soldados y marines por millares", detalló el jefe de gabinete de la Casa Blanca, el exgeneral John Kelly, al explicar a la prensa el porqué de la muerte de los cuatro soldados en Níger.

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Este nuevo enfoque ha permitido a Estados Unidos cerrar 2017 con apenas 36 muertes en su principal teatro de operaciones, Oriente Medio, según datos a los que ha tenido acceso Efe.

Asimismo, en los últimos tiempos, las derrotas de los yihadistas se han ido acumulando.

En Afganistán las fuerzas de la coalición internacional, liderada por EE.UU. y formada por más de 60 países que combaten el terrorismo islamista en el marco de la operación 'Inherent Resolve', están ahora centrándose en atacar las infraestructuras y las fuentes de financiación de los talibán.

La liberación en Irak de la provincia de Kirkuk por parte de los combatientes kurdos y en Siria de la ciudad de Raqa, a manos de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), sirvieron para que se empezara a hablar del fin del llamado califato del Estado Islámico.

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Sin embargo, la gran sombra en esta nueva estrategia sigue siendo la incapacidad del Departamento de Defensa de traer de vuelta a casa a sus miles de soldados desplegados en Oriente Medio.

En la actualidad, según datos del Pentágono obtenidos por Efe, el número de tropas desplegadas en las tres zonas de conflicto en Oriente Medio ascienden a 5.200 en Irak, 2.000 en Siria y 14.000 en Afganistán. Una cifra que, lejos de reducirse, ha aumentado en los últimos meses debido al envío a finales del año pasado de 3.000 militares al conflicto afgano

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