INTERNACIONAL
26/01/2018 20:22 CET | Actualizado 26/01/2018 20:22 CET

La contaminación en Nueva Delhi pone en riesgo la salud de los más desfavorecidos

“A veces, todo huele a petróleo. Pero, ¿qué otra cosa podemos hacer?”

Cathal McNaughton / Reuters
Un niño con una mascarilla en Delhi. 

NUEVA DELHI – Antes, Farida vivía en Pul Mithai, uno de los suburbios más grandes de Nueva Delhi. Todas las mañanas acudía al mercado y esperaba junto a las camionetas para intentar recoger algo de comida que se hubiera caído o alguna pieza de fruta o verdura que la gente hubiera tirado, para después limpiarla y venderla.

El mes pasado, los oficiales del gobierno desahuciaron a Farida, a su marido, a sus dos hijos y a cientos de personas que residían en los suburbios. Los activistas dedicados a los derechos de vivienda alegan que el desahucio se debió al programa Clean India, dirigido por el primer ministro Narenda Modi y cuyo objetivo es limpiar la imagen de su país y promover la limpieza de las ciudades, entre otras cosas, desalojando suburbios como Pul Mithai.

Farida y su familia ahora se ven obligados a vivir en la calle, por lo que están mucho más expuestos a la notable contaminación atmosférica de la ciudad, que este año ha alcanzado niveles récord, obligando al gobierno a cerrar colegios y las líneas aéreas a cancelar varios vuelos.

Debido a la contaminación atmosférica, Farida tose sin parar, los ojos de sus hijos están llorosos y les arden continuamente. Sin embargo, Farida, que nos ha pedido no revelar su apellido, no tiene a donde ir, ni manera de protegerse a sí misma y a sus hijos contra los gases contaminantes. Ahora vive bajo una autopista elevada muy transitada, donde ha construido camas mediante trozos de plástico y cuerda que ha encontrado entre los escombros de restos de muebles, lonas rasgadas y bambú roto. Los camiones escupen grandes nubes de humo al pasar por ahí y el aire es oscuro y huele a orina y plástico quemado. "A veces, todo huele a petróleo. Pero, ¿qué otra cosa podemos hacer?", señala Farida.

Recientemente, la contaminación alcanzó niveles récord en Delhi, y en algunas partes de la capital india se han registrado niveles a principios de noviembre que estaban cinco veces por encima de lo que la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense considera "dañino para la salud". La contaminación ha desatado una crisis política y ha llevado a cientos de personas a manifestarse frente al parlamento.

El gobierno lanzó una advertencia para que las personas permanecieran en sus casas o fueran al trabajo en transporte compartido. Sin embargo, aunque los ciudadanos más pudientes tuvieron la opción de hacerse con purificadores de aire, llevar mascarillas o quedarse en casa, las personas sin techo se tuvieron arriesgar a sufrir problemas respiratorios, bronquitis e incluso tuberculosis como resultado de la contaminación.

Una de cada seis muertes en todo el mundo se debe a la contaminación, de acuerdo con un informe llevado a cabo en octubre en la revista médica Lancet. Las enfermedades causadas por la contaminación fueron responsables de aproximadamente 9 millones de muertes prematuras en 2015. Según este informe, "son tres veces más muertes que las causadas por el SIDA, la tuberculosis y la malaria juntas y 15 veces más que las causadas por las guerras u otras formas de violencia".

El informe añadía que "en los países más afectados, más de una de cada cuatro muertes se deben a enfermedades relacionadas con la contaminación".

Ese mismo estudio sostenía que, ese año, la India fue el país en el que se produjeron más muertes debidas a la contaminación. En la India fallecieron 2,5 millones de personas de forma prematura debido a la contaminación, lo que equivale a un 28% de las muertes debidas a la contaminación a nivel mundial.

Los ciudadanos con pocos ingresos son el grupo más afectado. Según el informe, el 92% de las muertes relacionadas con la contaminación en la India en 2015 ocurrieron entre los más desfavorecidos.

En el país hay millones de personas pobres y sin hogar, que se ven afectados de forma desproporcionada por esta situación: suelen vivir cerca de las fuentes de contaminación, tienen más dificultades de acceso a un buen sistema sanitario y los problemas causados por la contaminación pueden empeorar por otras cuestiones, como la malnutrición y la falta de acceso a agua potable.

El número de personas sin hogar en Nueva Delhi, una ciudad con 11 millones de habitantes, no está del todo claro y está muy politizado.

La Red de Derechos a la Vivienda y a la Tierra (Housing and Land Rights Network), una ONG india, estima que el número de personas sin hogar oscila entre 150.000 y 200.000 personas, aunque la cifra podría ser mucho mayor.

Además de estar expuestos a las emisiones de las fábricas, la quema de los campos y los escapes de los automóviles, las personas sin hogar y aquellas que viven en los suburbios a menudo encienden fuego para cocinar o no pasar frío. Para ello, a veces tienen que quemar materiales como plástico o goma (por ejemplo, neumáticos), cuyo humo es altamente tóxico.

Pero los gobiernos centrales y del estado han hecho muy poco para proteger a las personas sin hogar de la contaminación, aseguran muchos activistas. En 2016 y 2017, el gobierno de Delhi presentó un programa para reducir la contaminación del tráfico en la ciudad. Durante este periodo, los coches con matrículas pares e impares podían salir en días alternos.

No obstante, pese a que el gobierno asegure que el programa tuvo éxito, su repercusión real en los niveles de contaminación de la ciudad no quedó clara ni fue conclusiva, por lo que finalmente se canceló.

En noviembre de 2017, entre los altos niveles de contaminación, el gobierno del estado de Delhi trató de pulverizar agua desde helicópteros para que absorbieran las sustancias contaminantes y disiparan el esmog. Pero la capa de esmog era tan densa, que los helicópteros no pudieron despegar.

Hablando de los desahucios en Pul Mithai, Ashok Pandey, miembro de una ONG centrada en los derechos de propiedad, apuntó que "el gobierno central no solo no está haciendo nada para ayudar a las personas sin hogar, sino que además les está quitando lo poco que tienen y que habían construido por sí mismos. ¿Cómo van a sobrevivir los niños y los ancianos en el frío y con toda la contaminación?".

Anindito Mukherjee / Reuters
Un hombre monta en bicicleta frente a la puerta de la India en Nueva Delhi.

El año pasado, en diciembre, el hedor que desprendían la goma y el alquitrán ardiendo asoló el aire del santuario Nizamuddin al sur de Delhi. Las amplias aceras de la zona estaban ocupadas por pequeños grupos de personas, muchas de ellas sentadas en círculo alrededor de una pequeña hoguera. "No tienen otra opción, por muy desagradable que sea. O se congelan por el frío, o se entierran en una nube de humo tóxico para sobrevivir", explica Armaan Alkazi, un investigador del Centro de Investigación en Equidad (Centre for Equity Studies), una ONG centrada en la investigación y que aboga por la justicia social.

Alkazi asegura que los niveles de contaminación están conectados directamente con el número de personas que padecen tuberculosis. La Asociación Médica India también ha señalado que la contaminación atmosférica, junto con la malnutrición y la superpoblación, son culpables de la persistencia de la tuberculosis en el país, y que está aumentando la preocupación por la aparición de una cepa resistente a los fármacos.

En Nizamuddin, frente a la furgoneta de esta ONG se ha formado una pequeña cola de mujeres que llevan en brazo a sus bebés, sumidos en el llanto. Imamat Hussain Naqvi es un médico que ha ofrecido de forma voluntaria sus servicios para ayudar a este tipo de personas a lo largo del año pasado. Nos cuenta que, cuando Delhi es asolada por la contaminación, el número de pacientes que acuden a él quejándose de tos grave se multiplicaba por dos.

"Solo acuden a nosotros cuando el dolor se hace insoportable. Al contrario que nosotros, que estamos constantemente leyendo sobre la contaminación, ellos no son conscientes de lo que está ocurriendo y, por tanto, no toman precauciones", explica.

Un poco más lejos, Salima Devi está sentada con otras dos mujeres y tres niños, tratando de avivar el fuego de una hoguera, de la que salen oleadas densas de humo. Salima y se pequeño se aproximan a la hoguera.

"¿Cómo vamos a sobrevivir si no? Tenemos que quemar cosas o, de lo contrario, moriremos de frío", sostiene Devi, y añade que le han dicho que el humo producido al quemar madera no es perjudicial para la salud y que no afectará al niño.

Sin embargo, la realidad es que el humo producido al quemar madera contiene un gran número de partículas microscópicas que pueden introducirse en el sistema respiratorio y causar problemas de salud graves, como la bronquitis. Este humo también contiene sustancias contaminantes tóxicas como benceno, formaldehído, acroleína e hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Adnan Abidi / Reuters
Unas niñas juegan con un globo entre el denso esmog en Nueva Delhi. 

Pradeep Bijalwan es un médico con dos décadas de experiencia en medicina comunitaria y ha asistido de manera gratuita a la población pobre y sin hogar. Nos cuenta que las personas sin techo son el grupo más vulnerable a la contaminación en la ciudad, pero también son los que menos se preocupan de las consecuencias, dado que la contaminación atmosférica se ve eclipsada por otras preocupaciones, como alimentar a sus hijos. Al contrario que el resto de la población de Delhi, son incapaces de percatarse de sus efectos.

"Es solo una parte de sus vidas. Al contrario que nosotros, que notamos cómo nos queman los ojos o nos escuece la piel, la contaminación se suma a problemas como la malnutrición, la falta de acceso a agua limpia y a la falta de higiene, lo que acaba dando lugar a enfermedades como la tuberculosis", señala Bijalwan.

Nos dice que se han tomado pocas medidas para paliar los problemas que produce la contaminación atmosférica en la comunidad más pobre. "La clase media es miope: no ve más allá de sus propias necesidades", apunta. El gobierno ha animado a las personas sin hogar a que busquen un techo en los refugios estatales, aunque las ONG se quejan de que no hay suficientes.

Día a día, varios grupos de personas sin hogar intentan sobrevivir en las calles y bajo los puentes; de este modo, algunos paseantes les dan algo de comida o dinero y otras asociaciones benéficas les distribuyen comida o mantas.

Mohammad Nazir tiene 65 años y se dedica a recoger y clasificar la basura en vertederos, recoge cualquier resto de chatarra que pueda salvar y lo vende a mayoristas o compañías de reciclaje por 22 céntimos cada medio kilo. Después de muchas vueltas por hospitales del gobierno, a su mujer se le diagnosticó tifoidea tras sufrir fiebre durante varios días. Para alguien que se dedica a revolver entre kilos de basura y que debe vender al menos 3 kilos de chatarra para sacarse un dólar al día, un centro médico privado equivale a dos platos de comida y es un lujo que no se puede permitir.

Nazir, que no lleva guantes para protegerse contra las toxinas que hay entre la basura o los humos que emanan de las incineraciones en los vertederos, contrajo tuberculosis hace dos años. Le aconsejaron comenzar un tratamiento, pero no pudo permitírselo porque tenía que pagar la boda de su hija: "Así que no me curé", cuenta.

Nazir asegura que conoce a más de una docena de recolectores de basura que han contraído cáncer de pulmón a lo largo de los años, y que a uno de sus amigos le diagnosticaron un tumor maligno en el cerebro días antes de hablar con el HuffPost. Todos los recolectores sufren algún tipo de trastorno respiratorio y no pueden permitirse el tratamiento.

Muchos de sus compañeros están enfermos, pero es difícil dilucidar la causa. Los médicos señalan que, además de contraer infecciones de la piel muy difíciles de curar, cuando trabajan en los vertederos, sus problemas de salud empeoran debido a la contaminación.

"En la mayoría de los casos, cuando acudimos a los hospitales debido a alguna enfermedad, como una tos, los médicos ni siquiera nos examinan adecuadamente. Escuchan lo que les decimos y luego nos prescriben un medicamento", dice Nazir. "Pasados unos días volvemos, diciendo que no nos hemos curado. Por ejemplo, hubo una vez en la que me entró un ataque de tos horrible frente al médico, pero él insistió en que ya tenía que haberse curado, dado que había seguido el tratamiento que me había dado. ¿Cómo me voy a recuperar así?", se pregunta.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.

ESPACIO ECO