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07/02/2018 07:57 CET | Actualizado 07/02/2018 08:04 CET

No, no es el frío lo que te ha provocado ese resfriado

¿A quién echar la culpa de tu enésimo constipado?

PeopleImages via Getty Images
El culpable de esos mocos no es (sólo) el temporal ni la ola de frío.

Este lunes 5 de febrero saltaban las alarmas meteorológicas y, un día después, trece comunidades españolas siguen en alerta por nieve, oleaje y mínimas de 8 grados bajo cero, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Y, como suele ocurrir, con la humedad y la bajada de temperaturas se coge frío. Pero ¿es el frío el verdadero responsable de ese malestar y esos dolores de cabeza asociados al resfriado?

La respuesta es más complicada de lo que parece. ¿A quién culpar de ese constipado, de esa flojera? En primer lugar, a tu cuerpo. Pero, si bien es cierto que el clima no es el sospechoso número 1, también tiene parte de responsabilidad.

A más frío, más nos acercamos a los demás

Es una evidencia. Cuando el tiempo refresca, tratamos de protegernos de ese frío. Cogemos más el metro que la bici, quedamos en una cafetería más que en un parque, ventilamos las habitaciones menos que en verano. Resultado: los virus están tan contentos. Y también se divierten pasando de organismo en organismo y desarrollándose sin problema. Su medio de transporte preferido son las microgotitas que se producen por los estornudos y la tos. Pero también los pañuelos usados que a veces vas dejando por ahí.

Lo que habitualmente llamamos "resfriado" o "enfriamiento" es la consecuencia de un virus, el rinovirus, que provoca principalmente una inflamación de las vías respiratorias superiores. "Los espacios cerrados y poco o no ventilados concentran contaminantes atmosféricos que son factores de irritación de las vías respiratorias superiores, lo cual agrava los riesgos de infecciones", explica a la edición francesa del HuffPost Manuel Rosa-Calatrava, director adjunto del Laboratorio de Virología y Patología Humana de Lyon (Francia). El mejor remedio es lavarse las manos lo máximo posible, una regla que funciona bien tanto para las personas constipadas como para las que (todavía) no.

A más frío, más sufre nuestro sistema respiratorio

Una buena carga de aire fresco no siempre sienta bien a nuestro sistema respiratorio. El aire invernal reseca y enfría las mucosas de las vías aéreas respiratorias. Con el frío, las pequeñas pestañas que se encuentran en las paredes de estas mucosas (en el interior de la nariz) no hacen tan bien como deberían su función de proteger y retener el polvo y los agentes patógenos. Cuando las mucosas están irritadas, los virus vuelven a campar a sus anchas.

Y eso no es todo. "La inhalación de aire frío debilita también nuestras defensas inmunitarias de lucha contra una infección", afirma Rosa-Calatrava. ¿Cómo? Para luchar contra el frío, nuestro cuerpo saca todo el arsenal. De modo que opera una vasoconstricción o, dicho de otra manera, un estrechamiento de los vasos sanguíneos. Se trata de una buena estrategia para mantener nuestra temperatura corporal, pero a la vez presenta inconvenientes en la lucha contra los virus, ya que disminuye la actividad de los glóbulos blancos. Y entonces deja vía libre a los rinovirus.

A más frío, mayor transmisión de virus

Los virus son termodependientes, es decir, la temperatura del aire influye mucho en su desarrollo y su supervivencia. Este factor no es el único que debemos tener en cuenta. Pero, por ejemplo, la tasa de transmisión del virus de la gripe está asociada a la tasa de humedad y de temperatura del aire. "Varios estudios realizados con cobayas sugieren que el virus de la gripe estacional sobrevive más tiempo a una temperatura de 5ºC que a 20ºC y cuando la humedad absoluta es baja; es decir, con un tiempo frío seco en invierno", señala Manuel Rosa-Calatrava.

A más frío, en peor forma estamos

En invierno nos cuesta más adquirir vitamina D (que nos aporta el sol) y esa falta de luz disminuye nuestras defensas inmunitarias. Llevar una dieta equilibrada, hacer deporte y evitar el tabaco son los primeros mandamientos para propiciar una buena salud todo el año.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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