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Elecciones en Ecuador: diez años de Gobierno correísta

25/03/2017 14:04 CET | Actualizado 05/04/2017 18:09 CEST

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Lenín Moreno, candidato a la presidencia de Ecuador por Alianza País.

Las campañas electorales suelen conjugarse en futuro. Los candidatos, intentando atraer al mayor número de votantes, prometen y vuelven a prometer hasta lo imposible. Todos quieren convencerte de que con ellos vendrá el progreso y el bienestar.

No obstante, en las elecciones ecuatorianas del próximo 2 de abril se habla en pasado. El omnipresente Rafael Correa, tras más de diez años en la presidencia del país, abandona la política ecuatoriana. En una suerte de autoexilio, el guayaquileño ha decidido mudarse a Bélgica. Aunque resulta difícil creer que esta sea una retirada definitiva. Sin embargo, más allá del futuro del presidente, en esta campaña electoral se ha hablado sobre todo de su legado.

Los distintos candidatos han gastado meses e innumerables debates en hacer balance de estos últimos diez años, con conclusiones —cómo no— de lo más dispares. De un lado, desde el oficialismo representado por la figura de Lenín Moreno, no se han dejado de resaltar los logros de la autoproclamada como Década Ganada. Los militantes de Alianza País tienen motivos para sacar pecho, y lo recuerdan en cada acto electoral.

Para empezar, Ecuador nunca había gozado de un periodo de mayor estabilidad; resulta inevitable comparar la última década con los caóticos años 90 y primeros 2000. Además, no solo la continuidad democrática avala el proyecto correísta. El Gobierno puede presumir de haber logrado sacar a más de dos millones de ecuatorianos de la extrema pobreza; también puede presumir de la gran ampliación del sistema educativo nacional y del refuerzo de las instituciones sanitarias —las atenciones médicas han pasado de unas 16 millones anuales a más de 30— y de las nuevas pensiones que disfrutan más de 500.000 ecuatorianos. En definitiva, en Ecuador se ha consolidado espectacularmente la clase media, que actualmente representa a más del 47% de la población. Aunque es probable que si preguntamos por las calles de Quito, con lo que la mayor parte de la población relacione al oficialismo sea con las nuevas obras públicas que durante años han decorado el paisaje nacional. Más allá de las estadísticas, a veces tan poco útiles en política, son las autopistas y carreteras el símbolo más visible del gobierno de Alianza País.

Entonces, ¿dónde está la queja? ¿por qué estas igualadas elecciones presidenciales? Al fin y al cabo, no podemos pretender, como ha esgrimido parte del oficialismo, que los electores sean sencillamente poco agradecidos. Hay, sin duda, razones de más calado, y una de ellas es la recesión que afronta el país desde el 2016, año en el que Ecuador sufrió un gran terremoto en la norteña provincia de Manabí, tuvo que lidiar con constantes bajadas en el precio de sus exportaciones —sobre todo en el petróleo y los productos alimentarios— y afrontó una reducción general de las inversiones.

El exceso de verticalismo y la falta de autocrítica han acabado pasando factura al actual Gobierno ecuatoriano.

Malos datos económicos para un Gobierno que, por otro lado, no supo —o no quiso— entender las quejas de sectores que anteriormente habían sido sus aliados. Correa, acostumbrado a ganar todas las batallas políticas, se enfrentó a amplios movimientos indigenistas, organizaciones de mujeres o a los ecologistas como si de la antigua oposición neoliberal se tratara. El exceso de verticalismo y la falta de autocrítica han acabado pasando factura.

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Guillermo Lasso, candidato a la presidencia de Ecuador por el Movimiento CREO.

Así, es Guillermo Lasso, representante de la oposición en esta segunda vuelta electoral, quien recoge los frutos de este agotamiento del proyecto correísta. No obstante, no lo hace en forma de claros apoyos, sino más bien a través de una renovada abstención. Por otro lado, el veterano banquero ha preferido centrar su campaña en la denuncia de la corrupción y la falta de libertades en Ecuador, con declaraciones un tanto histriónicas en algunas ocasiones. Será el próximo 2 de abril cuando comprobemos si esta ha sido la estrategia más adecuada.

Por el momento, toca conformarse con las predicciones de las distintas encuestas, las cuales parecen coincidir en la mejor posición de Lenín Moreno para llegar a la Presidencia. Aunque, si el lector es de los que ya no se fían de la ciencia demoscópica, quizá encuentre más útiles los siguientes datos: ya en la primera vuelta, Lenín Moreno logró sacar más de diez puntos de ventaja a Lasso, asegurando por el camino además una más que cómoda mayoría para Alianza País en la Asamblea Nacional, factor que hay que tener muy en cuenta si por el contrario finalmente Lasso consiguiera llegar a la Presidencia.

No obstante, cuestiones como esta última parecen perderse en los comentarios realizados fuera del país. América Latina ha entendido las elecciones ecuatorianas como una batalla más dentro de la larga guerra que libran derecha e izquierda por hacerse con el control político del continente. Mientras unos sueñan con un Ecuador que siga los pasos de Brasil y Argentina, otros insisten en mantener al país andino en la línea de Bolivia o Venezuela, una especie de referéndum entre el ALBA y la Alianza del Pacífico que no parece importar demasiado a los ecuatorianos a la hora de votar.

Adrián Albiac es miembro de El Orden Mundial en el Siglo XXI