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Cinco retos de la economía de América Latina para el 2016

29/01/2016 07:03 CET | Actualizado 29/01/2017 11:12 CET

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Foto: EFE

América Latina ya cuenta en cinco los años de parón económico. Vistas desde el 2016, las altas tasas de crecimiento de la última década -de alrededor del 5% en promedio- parecen un espejismo, y si no fuera por los avances sociales que trajeron, poco rastro quedaría de ellas. De hecho, en 2014 las economías latinoamericanas crecieron por debajo del 1%, y en 2015 la región entró en una ligera recesión.

Paradójicamente, los mismos factores que entre 2003 y 2011 convirtieron a América Latina en una de las regiones más pujantes a nivel económico son los que ahora, revertidos, la sentencian a un bajo crecimiento.

Entre los más importantes destacan los siguientes: reducción de la demanda global, bajón de los precios de las materias primas y reducción de la entrada de capital internacional en la región.

Estos conceptos, aunque suenen abstractos, tienen un impacto directo en el día a día de los latinoamericanos. Por ejemplo, la caída de los precios de las materias primas y el repliegue del financiamiento externo han debilitado las monedas de la región, algo que encarece las importaciones y provoca un aumento de precios, reduciendo el poder de compra de los ciudadanos.

La región se enfrenta al reto de recuperar el impulso económico en un contexto global de crecimiento moderado. La recuperación, además de ser fundamental para seguir avanzando en la reducción de la pobreza, es también imprescindible para que la población vulnerable (que representa al 40% de los latinoamericanos) no caiga nuevamente en situación de pobreza.

Nos enfrentamos al riesgo de un crecimiento más bajo del que necesitamos para superar nuestras brechas sociales y para entrar en la liga de las regiones más avanzadas.

Ante este panorama, ¿cómo podemos retomar la senda del crecimiento? La respuesta varía en función del país, pero a continuación expongo, resumidos, unos retos comunes para las economías de América Latina en 2016:

Reajustar las cuentas: las cuentas externas de los países manejarán menores ingresos provenientes de la exportación de materias primas. Esto, unido a la subida de los tipos de interés en Estados Unidos y la reducción de los flujos financieros hacia los países emergentes, hará que haya menos recursos -y más caros- para cubrir las exportaciones y otros gastos externos.

Mantener a raya la inflación: la caída de los precios de las materias primas y el repliegue de los flujos de capital depreciaron las monedas de los países con flexibilidad cambiaria, hecho que provocó que la inflación subiera por encima de las metas de los bancos centrales. Esto limita la posibilidad de rebajar tasas para abaratar el crédito doméstico y estimular el consumo y la inversión. De hecho, varios bancos centrales de la región han elevado las tasas y se espera que esta tendencia continúe en 2016.

Buen manejo o recuperación del espacio fiscal: la región deberá ajustarse a unos ingresos más bajos. Algunos países con bajo endeudamiento tienen espacio para estímulos fiscales en el corto plazo y lo están utilizando. Otros están tratando de ordenar sus cuentas para evitar que la deuda pública alcance niveles más elevados y difíciles de sostener. Para lograr el equilibrio se requerirá mejorar la eficiencia y focalización del gasto público, particularmente del social, y acometer reformas para mejorar el sistema tributario -y la recaudación. Esto evitaría una compresión de la inversión en infraestructura, imprescindible para elevar la productividad.

Impulsar la innovación en las inversiones: las alianzas público privadas representan una buena herramienta para mantener el ritmo de inversión en proyectos de infraestructura y desarrollo, ambos esenciales para mejorar la calidad de vida de los latinoamericanos, liberando así fondos para el fisco. Sin embargo, se requieren marcos legales que alineen adecuadamente los incentivos de los participantes mientras duren los contratos para garantizar su éxito.

Aumentar la productividad: en los próximos años deberemos producir más y mejor. Esto implica entrar en nuevas actividades económicas de mayor valor agregado y dar más valor a las actividades existentes. Hay que detectar cuáles son las barreras que están impidiendo que las empresas más productivas crezcan y generen más empleos formales y de calidad. Casi la mitad de trabajadores latinoamericanos son informales, hecho que reduce la calidad de vida de los trabajadores y limita la productividad, ya que no se aprovecha parte del capital humano disponible. En este sentido, es importante diseñar estrategias para mejorar las habilidades de la fuerza laboral.

La lista de asignaturas pendientes es amplia y compleja, pero es indispensable incidir en estos aspectos, muchos de los cuales tuvieron un modesto progreso en la década de la bonanza de las materias primas. De lo contrario, nos enfrentamos al riesgo de un crecimiento más bajo del que necesitamos para superar nuestras brechas sociales y para entrar en la liga de las regiones más avanzadas.