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Ha vuelto el Obama del "yes we can"

22/01/2015 07:14 CET | Actualizado 23/03/2015 10:12 CET
MANDEL NGAN / EFE

En los últimos minutos del discurso del estado de la Unión, Obama señaló "no me quedan más campañas" y los republicanos respondieron con aplausos. Pero era su noche y él tenía la palabra final; con una sonrisa astuta contestó: "Lo sé porque gané ambas".

Desde que el Partido Republicano ganara el control de las dos cámaras del Congreso en noviembre, Obama ha salido a la lucha. Para empezar, con su acuerdo con China sobre el cambio climático, luego, con la orden ejecutiva sobre inmigración y, por último, con la histórica apertura de relaciones con Cuba. Obama está mostrando que sí, se puede lograr algunos retos sin el Congreso. Y ello, pese a que la sabiduría convencional suele etiquetar a los presidentes a los que no les quedan campañas (por el límite de dos mandatos) como "patos cojos".

Es importante recordar que el discurso sobre el estado de la Unión no es como una sesión de control aquí en España. El presidente de EE. UU. no es un primer ministro ni es miembro del Congreso. Al tratarse de un sistema presidencialista, los poderes legislativo y ejecutivo están separados. La Constitución obliga al presidente a "dar de vez en cuando información al Congreso sobre el estado de la Unión y recomendar que se consideren las medidas que estime necesarias y oportunas". En este siglo, casi todos han aprovechado para dar un discurso, pero en siglos pasados fue más típico ofrecerlo por escrito.

Esta vez, el contenido del discurso es menos importante que las acciones y la forma en que la Casa Blanca ha introducido las propuestas del discurso tras las últimas tres semanas que han coincidido con las primeras semanas de la mayoría republicana en el Congreso. De esta manera, Obama ha copado los titulares de los medios mientras los republicanos aprobaban propuestas de ley que, simplemente, va a vetar.

Sus acciones están dando resultados: cuando escribí sobre su marca tras las elecciones de noviembre, su tasa de apoyo era del 40%, pero, desde entonces, ha subido al 46%, según las encuestas de Gallup.

Obama fue al Congreso el martes y argumentó que la economía se ha recuperado gracias a sus políticas y que es el momento de ayudar a la clase media con una reducción de impuestos y una subida para los más ricos, dando la oportunidad de estudiar los dos primeros años de universidad gratis y promoviendo unas bajas laborales pagadas por motivo de enfermedad o para cuidar a un familiar.

Por supuesto, los republicanos en el Congreso no van a apoyar esas propuestas, por lo que no son especialmente realistas. Steve Schmidt, que ha trabajado en la Casa Blanca con George W. Bush y asesoró a John McCain, ha dicho al New York Times que "se esperaría que él ganara madurez política para entrar en el Congreso con la mano abierta en lugar del puño cerrado".

¿Por qué hacer esas propuestas? Porque el estado de la Unión es probablemente la audiencia más grande a la que se enfrentará antes del final de su mandato y, por tanto, es una oportunidad para enmarcar el debate con los republicanos. Mediante sus propuestas, pone en evidencia las políticas que no ayudan a la clase media, sino a las grandes corporaciones y a los más ricos.

Además, fue una oportunidad para definir su presidencia y legado. Volvió a las palabras del discurso de 2004 que le hizo famoso, en el que dijo: "No hay una América liberal y otra conservadora, no hay una América negra y otra blanca; hay unos Estados Unidos de América".

A pesar de sus palabras conciliatorias, los republicanos afirman que Obama no quiere colaborar con ellos y, al mismo tiempo, los demócratas, sobre todo la izquierda del partido, están hartos de tender la mano durante seis años a un partido que no está dispuesto a llegar a ningún acuerdo.

Por desgracia, es poco probable que los estadounidenses de clase media vayan a disfrutar de unos impuestos más bajos o de los primeros dos años de universidad gratis, pero, desde el punto de vista de la comunicación política, Obama ha sembrado las ideas y los retos que le servirán para definir su presidencia y legado. Puede seguir con acciones ejecutivas que no requieran la colaboración del Congreso. Y el Partido Republicano puede colaborar, buscar unas ideas propias o seguir siendo el partido del no.

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