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Parecerse a España

07/02/2017 07:21 CET | Actualizado 07/02/2017 07:22 CET

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Foto: EFE

Casi todas las personas que nos acercamos bien pronto a Podemos, nos acordamos de ese momento en el que alguien nos comentó que se estaba gestando un partido político nuevo, que la idea era presentarse a las Elecciones Europeas y que el objetivo era recordar lo que significó para millones de españoles el 15M para ponerlo en práctica.

Uno de los lemas más coreados del 15M fue el famoso "que no nos representan", que venía a expresar de manera muy simple y muy condensada un sentimiento generalizado: que nuestros representantes políticos no estaban bien elegidos, que los dos únicos partidos que habían gobernado este país desde el descalabro de la UCD estaban tan corruptos por dentro que habían expulsado a los buenos y sólo habían permitido medrar a los mediocres, que entonces campaban a sus anchas por el hemiciclo diciendo y haciendo barbaridades en una espiral en la que todos se protegían de todo. Esta es la época que impugnó el 15M, el de las tarjetas black y las cajas quebradas, el de la burbuja inmobiliaria y el ático de pepe blanco pasándose la ley de costas por el arco del triunfo, el de los sobres en B del PP...

La ola de indignación nos hizo reflexionar a muchos sobre la necesidad de modificar sustancialmente la democracia que hoy nos representa, y por ello pensamos que en aquello que íbamos a fundar, era imprescindible que la elección de todos y cada uno de los cargos se hiciese con elección directa de los inscritos.

Podemos nació con vocación de parecerse a España, de representar aquello que la gente de a pie veía con tanta facilidad y que allí donde nos dirigían no se ve, de trasladar a una sociedad madura la responsabilidad de tomar decisiones sobre quienes nos representan y sobre qué nos representan. De cumplir con más exigencia que nunca aquella frase de "mandar obedeciendo".

Sin embargo, para que Podemos se parezca de verdad a nuestra sociedad, es imprescindible que se inscriba y participe el mayor número de personas posible. Que las cuestiones sobre cómo organizar un partido o cómo afrontar una crisis se tomen entre muchos, y que las caras que nos vayan a representar se ajusten lo más posible a lo que cada uno crea que es mejor para el país. Que la transversalidad del país se vea representada en este proyecto político.

Para votar en Podemos no hace falta ser militante, ni pagar cuota, ni votarnos en las elecciones generales, sólo inscribirse. Y sólo si somos muchos, seremos capaces de construir una alternativa de verdad potente para seguir avanzando juntos hacia una mejor democracia.

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