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La no importancia económica de Siria

10/09/2013 07:42 CEST | Actualizado 09/11/2013 11:12 CET

El petróleo no parece ser el motivo de una nueva guerra entre EEUU y un país de Medio Oriente. Siria no exporta combustibles desde hace dos años por la falta de inversiones, los enfrentamientos armados y las sanciones internacionales. Antes de la guerra civil que comenzó en 2011, producía 330.000 barriles por día, apenas el 0,4% del total del mercado global de petróleo. Su ubicación estratégica y su alianza con Irán es lo que más preocupa a Barack Obama.

Siria está lejos de ser una tierra de negocios para las petroleras que justifique una intervención militar de Occidente como fueron los casos de Kuwait e Irak. Desde que comenzó la guerra civil contra el régimen de Bashar al-Asad en marzo de 2011, la economía cayó por una pendiente que no parece encontrar su fin. La producción de petróleo, actividad que representa el 40% del PBI del país, no detiene su derrumbe y es de apenas 50.000 barriles por día, que se consumen a nivel local, según Nafeez Ahmed, director ejecutivo del Institute for Policy Research and Development de Gran Bretaña. Muchas empresas decidieron suspender su actividad, frenar sus inversiones y retirar su personal ante el avance de la violencia. Las sanciones comerciales de Occidente, impulsadas por EEUU, hicieron el resto.

Antes de la guerra civil, Siria exportaba por 4.000 millones de dólares por año (unos 150.000 barriles de petróleo por día) a países como Alemania, Francia e Italia que pudieron reemplazar fácilmente esta provisión por petróleo de otros países de Medio Oriente como Libia. Las reservas probadas de crudo sirio ascienden a 2.100 millones de barriles, el lugar número 35 a nivel global.

El país dejó de exportar gas porque apenas alcanza para el consumo interno. Es el productor número 46 del mundo de este fluido y tiene 3.000 millones de reservas probadas, tan sólo el 0,2% del planeta.

Como proveedor energético, Siria no tiene peso propio. Sin embargo, es importante para aquellos que siguen haciendo o quieren hacer negocios en el país. La Syrian Petroleum Company es el principal protagonista del negocio petrolero. Sus socios más importantes son las empresas rusas y las chinas Sinopec, Sinochem y CNPC. Rusia y China son los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que se vienen oponiendo a una intervención militar en Siria desde el comienzo del conflicto.

La clave de Siria en el plano energético es su ubicación geopolítica. El presidente Assad no quiso firmar en 2009 un acuerdo para construir un gasoducto que iba a atravesar también a Arabia Saudita, Jordania y Turquía y que le permitiría a Qatar exportar su gas más barato a Europa y así competir con el cuasi monopolio de provisión de gas en red de Rusia -el aliado estratégico de Siria- a la Unión Europea.

En cambio, Assad firmó un principio de acuerdo con Irán -su otro gran socio- para construir un gasoducto alternativo que atravesaría Irak y Siria y así poder exportar gas a Europa.

Más allá del petróleo, la economía siria también está en crisis. La inflación ronda el 37% anual y la producción industrial cayó 36% en 2012. El turismo -el tercer ingreso del país luego del petróleo y la agricultura- lo pasa peor. La ocupación hotelera cayó de un promedio del 90% al 15 por ciento. El PIB del país es de 110.000 millones de dólares, el número 69 del mundo y el PIB per cápita es de 5.100 dólares (3.865 euros), en el escalón 159 del planeta.

El gobierno de Assad tampoco cuenta con crédito internacional para recuperar la economía, calmar a los rebeldes y restablecer el orden. Le quedan 8.800 millones de dólares por pagar gracias, en parte, a la generosidad de sus acreedores. En enero de 2005, Russia le perdonó el 73% de los 14.500 millones de su deuda a Siria.

La política y la necesidad de EEUU de no dejar pasar el supuesto uso de armas químicas justifica la intervención militar, según los expertos consultados. "No hay objetivo geopolítico. EEUU quiere seguir mandando en el tema armas", afirmó Khatchik DerGhougassian, PhD en Estudios Internacionales de la Universidad de Miami. Otros creen que Obama busca proteger a sus aliados en la región (Turquía e Israel principalmente) y de paso, presionar a una negociación o mandar un mensaje a Irán y Corea del Norte para que abran a la ONU sus actividades nucleares.

Esta semana puede ser clave para el futuro de Siria y de la paz en el mundo. Obama no logró captar apoyo en la reunión del G20 y ahora sólo le queda el respaldo del Congreso de su país. La Iglesia Católica con el Papa Francisco a la cabeza y la mayoría del mundo no quieren otra intervención militar de EEUU en Medio Oriente y abogan, en cambio, por una intervención humanitaria. ¿Estará dispuesto Barack Obama dar un paso atrás ahora?

Este post también se podrá leer en el blog del autor La revancha de Keynes