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Después de una década de oro, ¿puede América Latina mantener su brillo?

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América Latina sigue siendo una de las regiones que está creciendo con mayor rapidez en el mundo, aunque el crecimiento se desaceleró ligeramente en 2012. Muchas economías de la región están operando a su nivel potencial o cerca de este nivel, la inflación, por lo general, está contenida y el desempleo continúa en niveles históricamente bajos.

A corto plazo, la región se seguirá beneficiando por condiciones de financiación externa favorables y precios relativamente altos de las materias primas. En nuestra edición de mayo de 2013 de Perspectivas económicas: Las Américas se proyecta que el crecimiento económico de la región llegará a alrededor de 3,5 % en 2013. En Brasil -la mayor economía de la región- la actividad económica está cobrando vigor, impulsada por el fortalecimiento de la demanda externa, los efectos de medidas orientadas a estimular la inversión y el impacto del relajamiento de políticas macroeconómicas. En el resto de América Latina, se proyecta que el crecimiento del producto se mantendrá cercano a su nivel potencial.

Desde 2003, América Latina ha experimentado un período de auge, caracterizado por un crecimiento vigoroso, bajos niveles de inflación, y mejoras en el ámbito social en la mayoría de los países (véase el gráfico 1). Estos resultados pueden atribuirse a la aplicación de políticas prudentes y de importantes reformas estructurales. Sin embargo, salvo durante el período inmediatamente posterior a la crisis financiera mundial de 2008, las condiciones externas excepcionalmente benignas también han sido un factor importante. La financiación externa ha sido barata y abundante, y los aumentos de precios de las exportaciones de materias primas de la región han sido fuertes y permanentes.

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Sin embargo, hasta el oro puede perder su brillo. Las condiciones externas altamente favorables no perdurarán para siempre. Los precios de las materias primas se mantendrán en el mismo nivel o disminuirán ligeramente en los próximos años, y las tasas de interés globales eventualmente aumentarán a medida que mejore la situación en las economías avanzadas.

El principal desafío para las autoridades económicas de la región consiste en ajustar las políticas para preservar la estabilidad macroeconómica y financiera, y sentar las bases para un crecimiento sostenido en el futuro, bajo condiciones externas menos favorables. En lo que sigue, examinaré cómo ha aprovechado América Latina los buenos tiempos de la última década, y analizaré cuál es la mejor forma de abordar los desafíos pendientes.

Administrar los ingresos extraordinarios

Los ingresos extraordinarios derivados de los precios continuamente elevados de las materias primas durante la última década han alcanzado niveles sin precedentes. Los ingresos extraordinarios alcanzaron en promedio el 15% del ingreso interno anual y alrededor de 90% del ingreso acumulado (véase el gráfico 2). Esta buena fortuna ha impulsado un rápido crecimiento y ha contribuido a mejorar sustancialmente los balances públicos y externos. Sin embargo, los esfuerzos para ahorrar estos ingresos extraordinarios se han debilitado desde la crisis mundial de 2008. En muchos países, la deuda pública se mantiene por encima de los niveles previos a la crisis y los saldos fiscales son mucho más débiles.

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De cara al futuro, sería prudente incrementar el ahorro fiscal, de manera que las economías se encuentren en una posición más firme cuando amainen los vientos a favor. La consolidación fiscal también ayudará a aliviar las presiones sobre la capacidad y contribuirá a reducir los déficits de la cuenta corriente externa.

Mayor afluencia de capitales

Las condiciones monetarias laxas en las economías avanzadas y los fundamentos económicos más sólidos en la región han impulsado una cuantiosa entrada de capitales privados. Los flujos netos de capital hacia las economías financieramente integradas de América Latina aumentaron en un promedio inferior a 2% del PIB entre 2005-07 a alrededor de 4% en 2010-12, incremento atribuible principalmente a los mayores flujos netos de cartera (véase el gráfico 3).

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Un desafío clave de política económica sigue siendo evitar que estos flujos generen excesos financieros. El crédito bancario continúa creciendo a un ritmo relativamente rápido, y los precios de los activos han aumentado de manera significativa (incluidos los precios de la vivienda de las principales zonas metropolitanas). En este contexto sería recomendable adoptar una política fiscal más restrictiva. Además, debería utilizarse la flexibilidad del tipo de cambio para desalentar una afluencia de capitales especulativos, mientras que podría considerarse un mayor ritmo de acumulación de reservas en el caso de los países con un tipo de cambio real fuerte en relación con los fundamentos económicos. También podrían aplicarse medidas prudenciales, como coeficientes préstamo/valor más estrictos, mayores requisitos de capital y límites a la exposición sectorial, para limitar la acumulación de vulnerabilidades financieras.

Mantener un crecimiento elevado

Desde el punto de vista de la oferta, el crecimiento económico en América Latina durante la última década ha seguido estando impulsado por aumentos del capital físico y del trabajo. La productividad también aumentó, a diferencia de las décadas pasadas, pero se mantiene muy por debajo de los niveles registrados en otras regiones de rápido crecimiento. En 2003-12, la acumulación de capital y trabajo contribuyó 3,25 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB de América Latina, en comparación con 0,25 puntos porcentuales atribuibles a la productividad total de los factores.

Dado que las tasas de participación laboral se sitúan en niveles históricamente altos y las tasas de desempleo son bajas, en el futuro el crecimiento dependerá cada vez más del aumento de la productividad. Mejorar la productividad no es una tarea fácil y las autoridades deben adoptar medidas que se acomoden a las circunstancias específicas de cada país. Entre las políticas a considerar para lograr este objetivo, se incluyen las siguientes: incrementar la inversión en infraestructura y capital humano, modernizar los marcos jurídicos y promover mercados de productos y de trabajo más eficientes y competitivos. A corto plazo, sería importante que las autoridades calibraran las políticas macroeconómicas sobre la base de una evaluación realista del potencial de oferta de la economía.

En resumen, el desafío clave para América Latina es aprovechar las condiciones externas aún favorables para consolidar los avances logrados en la última década y sentar las bases de un crecimiento sostenido. Para ello, será necesario reforzar aún más las posiciones fiscales, gestionar de manera prudente los flujos de capital para evitar excesos financieros y avanzar en la aplicación de reformas estructurales orientadas a incrementar la productividad y el crecimiento potencial.

De Diálogo a fondo