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La semana en cinco recomendaciones lingüísticas

20/10/2012 10:07 CEST | Actualizado 19/12/2012 11:12 CET

Si buscamos la palabra jíbaro en el diccionario de la RAE obtendremos este resultado:

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Fuente: DRAE.

Estos son los significados más habituales con los que se emplea en la actualidad el término, pero esta palabra tiene su historia.

Cuando los conquistadores españoles llegaron a las zonas selváticas de Ecuador y Perú se encontraron con unas poblaciones que fueron incapaces de derrotar a las que denominaron jíbaros, con el sentido despectivo de salvajes.

Los jíbaros en realidad no son un solo pueblo, sino son una serie de comunidades indígenas del alto Amazonas. El nombre generalmente se asimila a los shuar, conocidos porque practicaban un rito ancestral que consistía en cortar y reducir la cabeza de los jefes de sus enemigos con un carácter ceremonial.

Esta breve mirada a la historia ayuda a comprender la recomendación con la que comenzamos la semana en la Fundación del Español Urgente.

Detectamos que se estaba empleando el verbo jibarizar y el sustantivo correspondiente, jibarización, en los medios de comunicación, en frases como las siguientes: «El presidente defenderá la jibarización del mastodóntico sector público» o «Los empleados han visto como su sueldo se ha jibarizado».

Jibarizar se usa en estos casos con el significado de 'reducir, disminuir', generalmente con connotaciones negativas, y es un verbo bien formado que proviene de una metáfora que alude a la práctica de los pueblos jíbaros de cortar las cabezas y reducirlas.

Aunque el Diccionario académico no registra todavía esta voz, sí la recoge el Diccionario del español actual (de Seco, Andrés y Ramos) con la definición de 'reducir el tamaño de algo'.

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Ilustración: @MoxParadox.

Entre el martes y el jueves, las recomendaciones se centraron en distintos extranjerismos.

Hablamos sobre un uso figurado del anglicismo lifting, en el sentido de 'renovación' o 'puesta al día': «Inditex le hace un "lifting" a Stradivarius», «Fouces somete a la Casa Azul a un "lifting"».

Esta voz inglesa resulta innecesaria, puede sustituirse por términos y expresiones como renovación, puesta al día, actualización, modernización, remodelación o lavado de cara, en función del contexto.

También nos ocupamos de la palabra amateurismo y señalamos que está bien formada a partir del galicismo amateur y su uso es válido con el sentido de 'condición de aficionado o no profesional' y 'práctica no profesional de una actividad o de un deporte', tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas.

Además, una de las enmiendas propuestas para la próxima edición del Diccionario académico es la incorporación de esta palabra con el significado de 'condición de amateur'.

El último extranjerismo de esta semana fue accountability. Esta voz inglesa, que en su uso cotidiano significa 'responsabilidad', ha comenzado a emplearse en política y en el mundo empresarial para hacer referencia a un concepto más amplio relacionado con un mayor compromiso de los Gobiernos y empresas con la transparencia de sus acciones y decisiones.

En la recomendación señalamos que el término accountability puede ser traducido por sistema o política de rendición de cuentas o, simplemente, por rendición de cuentas.

Así, en lugar de una frase como «El diálogo entre gobernantes y ciudadanos, la construcción del espacio político en el que reine la libertad, la pluralidad y el derecho, la transparencia y accountability o rendición de cuentas» se podría haber dicho «El diálogo entre gobernantes y ciudadanos, la construcción del espacio político en el que reine la libertad, la pluralidad y el derecho, la transparencia y la rendición de cuentas».

Pero el jueves la actualidad informativa hizo que tuviéramos que publicar una segunda recomendación. Se trataba del uso de mayúsculas y minúsculas en la denominada Operación Emperador.

Este tipo de expresiones, como Operación Malaya, Operación Tormenta del Desierto, etc., se escriben en letra redonda y con iniciales mayúsculas, por tratarse de los nombres que les han dado los organismos oficiales encargados de ponerlas en marcha, tal como indica José Martínez de Sousa en el Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas.

Sin embargo, otras como caso Nóos, caso Ruby, caso Faisán, caso Contador... no son nombres oficiales, sino formas que la prensa o la opinión pública utilizan para aludir a diversos asuntos o escándalos, y lo apropiado es escribirlas en letra redonda, no entrecomilladas y con inicial minúscula en la palabra caso.

La actualidad financiera también ha estado presente en nuestra última nota semanal. En las informaciones sobre la creación del banco malo en España, puede verse el acrónimo Sareb, de Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, escrito de diversas formas: Sareb, SAREB, sareb...

Según la Asociación de Academias de la Lengua, «un acrónimo es, por un lado, el término formado por la unión de elementos de dos o más palabras (como teleñeco, de 'televisión' y 'muñeco'; Mercosur, de 'Mercado Común del Sur'), y, por otro lado, también se llama acrónimo a la sigla que se pronuncia como una palabra (OTAN)».

De acuerdo con la Ortografía, se recomienda escribir solo con inicial mayúscula los acrónimos que sean un nombre propio, especialmente los que tienen más de cuatro letras, como será el caso de Sareb.

Terminamos con la recomendación en vídeo, que esta semana trataba sobre la expresión incorrecta onda explosiva en lugar de onda expansiva: