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Tres años de diplomacia en un nuevo mundo

25/06/2013 07:29 CEST | Actualizado 24/08/2013 11:12 CEST

Durante los últimos tres años y medio, he servido como Embajador de Estados Unidos en España y Andorra. Ha sido una aventura extraordinaria, con mucho el trabajo más interesante y gratificante que he tenido nunca. También constituye un gran honor y un privilegio servir a mi país en este papel.

No soy un embajador de carrera. Yo soy un diplomático civil. A un tercio de los embajadores de Estados Unidos más o menos, el presidente les pide directamente que le representen en el extranjero basándose en una serie de factores como su relación con él, la experiencia que aportan desde el sector privado u otro servicio público y su comprensión y compromiso con la agenda presidencial. Constituye un desafío asumir un puesto de liderazgo de alto nivel en una organización compleja como el Departamento de Estado de Estados Unidos y la curva de aprendizaje puede ser pronunciada. Afortunadamente, estoy rodeado de compañeros de talento, inteligencia y dedicación excepcionales, tanto los funcionarios del Servicio Exterior de Estados Unidos como los empleados locales. Juntos, funcionamos como un equipo y creo que hemos sido muy eficaces en la protección de los intereses estadounidenses y el fortalecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y España.

No vine a Madrid solo. Mi esposa, Susan, dejó su carrera profesional para unirse a mí en esta misión, pero no hay una manual de instrucciones para ser una esposa de embajador moderna. Algunos cónyuges de diplomáticos siguen carreras totalmente independientes de la misión diplomática, pero Susan creía firmemente en hacer su propia aportación a la misión diplomática de Estados Unidos. Tras consultar al personal de la Embajada, estableció una serie de tareas relacionadas con las políticas para apoyarlas. Ha sido una verdadera defensora, dentro y fuera de la Embajada, de la promoción del liderazgo de la mujer en los negocios, la responsabilidad social corporativa y el servicio ciudadano. Susan también ha dejado constancia de muchas de nuestras experiencias más interesantes en sus Cartas desde España, publicadas en el sitio web de la Embajada y muy leídas en España y Estados Unidos.

A finales de este mes, Susan y yo nos marcharemos de la residencia del embajador de Estados Unidos en Madrid. Nos llevaremos con nosotros muy buenos recuerdos de nuestros compañeros y amigos, que han formado parte de nuestra vida diaria, y una enorme gratitud por el honor de haber servido. También nos iremos con una apreciación y un respeto nuevos del papel de Estados Unidos en el mundo. Durante estos tres años y medio en Madrid, he observado algunos cambios profundos en los asuntos exteriores y quisiera destacar tres de ellos: el fin del unilateralismo, el desarrollo de la diplomacia económica y la implicación del público en la diplomacia pública.

Crecí en un mundo bipolar en el que las relaciones internacionales estuvieron definidas por la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Tras la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética, hubo un breve periodo durante el cual los asuntos mundiales estuvieron dominados por una sola superpotencia. El mundo del siglo XXI es muy diferente. Se ha vuelto mucho más pequeño e interdependiente. Los viajes y las telecomunicaciones han cambiado profundamente. Lo que antes eran problemas nacionales o regionales lo son ahora mundiales. Ningún país solo puede afrontar el calentamiento global, el terrorismo multinacional, la delincuencia organizada internacional, la proliferación de armas nucleares o la crisis económica y financiera mundial. Lo que amenaza a un país probablemente tendrá consecuencias que repercutirán en todo el mundo.

Pero el mundo también se ha hecho más grande, con más centros de influencia y poder que en cualquier otra época de la historia. El presidente Barack Obama ha dicho que "Los problemas del mundo son demasiado grandes para que Estados Unidos los resuelva solo, pero ningún gran problema puede ser resuelto sin Estados Unidos". Desde el principio de su Gobierno, el presidente ha tratado de fortalecer las alianzas existentes y formar otras nuevas. Este compromiso con el multilateralismo y la colaboración ha sido especialmente evidente en Europa y en Madrid. Europa es el socio indispensable de Estados Unidos. En todos los desafíos internacionales que afronta, trabaja estrechamente con sus aliados europeos. Poner fin a la guerra en Afganistán, proteger a la población civil en Libia, abordar el programa nuclear de Irán, responder a las masacres en Siria, impedir que Mali se convierta en un refugio seguro para los terroristas, responder a las provocaciones de Corea del Norte: en todos los casos, Estados Unidos se esfuerza por trabajar con la coalición de países más amplia posible, con aliados tradicionales y antiguos adversarios. Pero con ningún país están más estrechamente alineados los intereses de Estados Unidos que con los de Europa. La alianza transatlántica resulta clave en nuestros esfuerzos para garantizar la estabilidad y la seguridad en el mundo.

El segundo cambio profundo que he observado es el desarrollo de la diplomacia económica. La anterior secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, solía decir que "la influencia de un país ya no se mide por el tamaño de sus ejércitos, sino por el de su economía". Hillary Clinton popularizó el término "diplomacia económica" para describir que la política económica se coloca en la vanguardia de la política exterior. Cuando el presidente Obama presentó al Congreso su Estrategia de Seguridad Nacional en 2010, fue muy explícito acerca de que Estados Unidos no puede ser fuerte fuera del país si no lo es dentro. Resulta fundamental para la política exterior de Estados Unidos tener una economía sólida, ya que de otro modo no puede ofrecer el liderazgo mundial que los países esperan que ofrezca y Estados Unidos espera de sí mismo. Contamos con que nuestros aliados afronten sus desafíos económicos también. Si no pueden hacer las inversiones necesarias en defensa, diplomacia y desarrollo, no serán los socios fuertes que necesitamos que sean.

Practicar la diplomacia económica ayuda a mantener el liderazgo mundial de Estados Unidos y también sirve directamente a las necesidades económicas internas. En su primer mandato, el presidente Obama desafió a los diplomáticos estadounidenses en todo el mundo a que apoyaran su Iniciativa Nacional de Exportación, cuyo objetivo consiste en duplicar las exportaciones estadounidenses a lo largo de cinco años. No esperaba que parte de mi trabajo fuera el de "comercial en jefe" de Estados Unidos, pero sin duda lo ha sido. La Embajada ha promovido en España marcas estadounidenses tan emblemáticas como Harley Davidson, Facebook o Tiffany en un esfuerzo por fomentar las exportaciones estadounidenses a España. Pero no nos limitamos a las marcas famosas. Ayudamos a que agricultores estadounidenses vendan sorgo a los ganaderos españoles o apoyamos firmemente medidas para reducir la piratería en Internet en España, para que las películas, la música, los videojuegos, los libros y el software estadounidenses puedan ser vendidos y no pirateados en España.

La diplomacia económica seguirá siendo importante con el secretario de Estado John Kerry. Sin duda, el compromiso diplomático más importante con Europa durante el segundo mandato del presidente Obama consistirá en negociar un Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión entre Estados Unidos y la Unión Europea. Esto brinda muchas posibilidades y tiene mucho potencial para las economías de Estados Unidos, Europa y el mundo. Europa y Estados Unidos son ya sus mayores socios comerciales respectivos. Juntos, representan un tercio del comercio mundial y casi la mitad de la producción económica mundial. Si las negociaciones tienen éxito, se impulsará el crecimiento económico en ambos lados del Atlántico, se crearán aproximadamente trece millones de puestos de trabajo y se establecerán nuevas normas para el comercio y la inversión mundiales en el siglo XXI.

El tercer cambio importante que he observado en el comportamiento de la política exterior de Estados Unidos está relacionado con la forma en que los diplomáticos se comunican con el mundo. Tom Friedman escribió en The New York Times que "vivimos en la era de las redes sociales en la que todos los líderes... se ven obligados a participar en una conversación de doble dirección con sus ciudadanos". Esto afecta no sólo a los líderes en sus propios países, sino también a los diplomáticos que sirven en el extranjero. Como ya he explicado, una de mis prioridades ha sido garantizar que España sea un socio fuerte y fiable de Estados Unidos para elaborar respuestas multilaterales a desafíos mundiales. A menudo hemos de relacionarnos directamente con el público español para ganar apoyo en asuntos difíciles. A través de la diplomacia pública, hablamos sobre, por ejemplo, cómo unas sanciones severas podrían hacer cambiar la opinión de Irán sobre su programa nuclear o sobre cómo se podría garantizar que Afganistán no vuelve a ser utilizado como nido de terroristas que puedan planear y lanzar ataques contra Estados Unidos y sus aliados.

Sin embargo, la diplomacia pública hoy es algo más que la comunicación de mensajes sobre la política exterior de Estados Unidos. La diplomacia pública no es una vía de sentido único. Es, como dijo Tom Friedman, una "conversación de doble dirección con los ciudadanos". Entre los grupos con los que conversamos se encuentran los jóvenes, razón por la que hace poco creamos el Embassy Youth Council. La Consejería de Diplomacia Pública de la Embajada seleccionó a 25 jóvenes de toda España para comenzar una conversación sobre los problemas y las aspiraciones de la juventud española actual. Entre las prioridades que han identificado estos jóvenes está la de abrir más vías para que su generación participe en la política, en el servicio comunitario y se haga emprendedora. La responsable de la diplomacia pública del Departamento de Estado, la subsecretaria Tara Sonenshine, explicó el valor de relacionarse con la juventud cuando dijo que "Cuando ayudamos a potenciar a las futuras generaciones de líderes económicos y políticos que han tenido una experiencia estadounidense positiva, es más probable que se conviertan en posibles socios globales". Por supuesto, no sólo conversamos con los jóvenes cara a cara. Llegamos a muchos más a través de las redes sociales. Dondequiera que viajo, invito a los jóvenes a que se hagan amigos de la página de Facebook de la Embajada y cada vez que pronuncio un discurso un compañero de la Embajada lo sigue para poder tuitear con una audiencia mucho mayor que la que puede caber en una habitación. Estas conversaciones online van a ser cada vez más importantes y espero que la participación de los españoles sea cada vez mayor.

Según la Constitución de Estados Unidos, el embajador de Estados Unidos en España y Andorra ha de ser confirmado por el Senado de Estados Unidos. Cuando yo declaré ante el Senado, observé que los ciudadanos estadounidenses de hoy están siendo desafiados a involucrarse para ayudar a resolver problemas en su comunidad, en su país y en el mundo. En España, Susan y yo hemos trabajado mucho para mostrar la importancia del compromiso cívico y del servicio ciudadano de los españoles y los estadounidenses. En 2012, la Embajada organizó una Cumbre para la Innovación en el Voluntariado y una serie de proyectos de servicio comunitario. Cuando volvamos a Boston, continuaré este trabajo en la Tufts University como decano de la Escuela Jonathan M. Tisch de Ciudadanía y Servicio Público, cuya misión consiste en garantizar que todos los alumnos de dicha universidad, en todas las escuelas y facultades, son educados para ser ciudadanos activos y comprometidos.

A veces me he descrito como un "embajador civil" y he tratado de aplicar mi pasión por el compromiso ciudadano y el servicio público a mi papel como diplomático. Susan y yo vamos a regresar a Estados Unidos enriquecidos y afortunados por nuestras experiencias en España y más comprometidos que nunca con la diferencia que los ciudadanos pueden marcar en el mundo actual.

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