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Por qué me gusta tanto Hillary Clinton

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AMERICA FERRERA
Derek Garbryszak.
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La imagen es de Derek Garbryszak

Parece que existe la creencia generalizada, que a menudo me hacen llegar a través de las redes sociales, de que voy a votar a Hillary Clinton porque no me he informado bien y soy una feminista estúpida que sólo sabe votar lo que le dicte su ignorante vagina. Puede que todo eso sea verdad, pero me gustaría dejar claras otras razones por las que apoyo a Hillary.

Soy de la primera generación de estadounidenses de mi familia, millennial, mujer y no sólo es que vaya a votar a Hillary Clinton, es que además me gusta. Es el tipo de mujer con la que me tomaría un par de copas de vino. Igual es culpa de mi vagina, pero puede que me encante Hillary porque me crió una madre soltera que madrugaba todos los días para trabajar mucho para mantener a sus seis hijos. Puede que por eso haya acabado reconociendo y admirando a Hillary por acudir a trabajar cada día, sin descanso, por la promesa de un progreso lento, poco atractivo y que ha costado mucho trabajo ganar.

Soy de la primera generación de estadounidenses de mi familia, millennial, mujer y no sólo es que vaya a votar a Hillary Clinton, es que además me gusta.

Me encantaría sentarme en el sofá a ver capítulos de series con Hillary. De verdad, estaría encantada de ponerme el pijama, comer un helado de menta y chocolate y ver Las chicas Gilmore de una sentada con la exsecretaria de Estado. Igual es porque soy latina y he presenciado de primera mano las desigualdades que muchos niños y familias de comunidades desatendidas sufren en Estados Unidos. Unas desigualdades que Hillary ha pasado toda su trayectoria profesional intentando entender y rectificar.

Incluso antes de que el voto latino fuese crucial en las elecciones, Hillary organizó la primera convención de juventudes latinas como primera dama. Ha peleado por la educación infantil para que los niños como yo, que he crecido yendo a colegios públicos, no se queden atrás antes de tener la oportunidad de empezar. Ha defendido los programas de comedores escolares para que los niños como yo, que he dependido de esos programas para comer a la hora del almuerzo, no se distraigan por culpa del hambre cuando intenten centrarse en los problemas de matemáticas.

Puede que Hillary sea mi tipo de heroína favorita porque no pierde el tiempo en lamerse las heridas. Cuando perdió la candidatura en favor de Obama en 2008, pidió con elegancia y sin reservas a todos sus seguidores que apoyaran al futuro presidente. Cuando Obama le pidió que fuera secretaria de Estado, ella estuvo ahí.

Echando la vista más atrás, cuando la reforma sanitaria que apoyaba fracasó en 1994, ella no se escondió avergonzada por haber perdido. Volvió a trabajar con los demócratas y los republicanos para conseguir que ocho millones de niños sin seguro médico tuvieran acceso a la sanidad gracias al Programa de Seguro de Salud Infantil para que una madre como la mía, que tenía que mantener a seis hijos con un sueldo, no tuviera que elegir entre llevar a uno de sus hijos al médico o hacer la compra semanal para toda la familia.

No se me ocurre una definición mejor para la palabra "heroína": una mujer que, ante el fracaso y el ridículo, sigue decidida a trabajar en su objetivo de conseguir una vida mejor para los niños.

A lo mejor Hillary es la candidata que he elegido porque lleva mucho tiempo siendo una aliada en la batalla por una reforma migratoria integral y porque apoyó la reforma de inmigración que defendía Ted Kennedy, una reforma que Bernie Sanders rechazó en 2007. Según él, la ley habría creado ciudadanos de segunda clase, pero yo no me creo esa excusa porque, desgraciadamente, ya existen ciudadanos de segunda clase en Estados Unidos. Es un país compuesto por inmigrantes trabajadores de múltiples etnias que contribuyen en nuestra sociedad, pero su condición de personas sin papeles da pie a que se aprovechen de ellos robándoles el sueldo, agrediéndoles sexualmente o negándoles agua potable en Flint (Michigan).

No se me ocurre una definición mejor para la palabra "heroína": una mujer que, ante el fracaso y el ridículo, sigue decidida a trabajar en su objetivo de conseguir una vida mejor para los niños.

Los inmigrantes sin papeles en Estados Unidos están dispuestos a partirse la espalda trabajando sin ningún tipo de amparo y sin recursos con el único objetivo de que sus hijos puedan optar a tener un futuro mejor. Al mismo tiempo que nuestro deficiente sistema de inmigración se ha convertido en un tema hiperpolitizado, está creciendo una crisis humanitaria, una crisis que nuestras políticas del siglo XXI deberían ser lo suficientemente sofisticadas como para poder abordar.

A lo mejor voy a votar a Hillary porque estoy más que lista para tener una presidenta capaz de trabajar tanto con republicanos como con demócratas para buscar acuerdos. Estoy lista para tener una presidenta que reforme la ley de inmigrantes para mejorar la economía, que reconozca que los 11 millones de inmigrantes sin papeles que viven en Estados Unidos siguen siendo seres humanos y que nos recuerde que todas las familias no nativoamericanas de este país han venido con esperanzas de tener una vida mejor.

Esas esperanzas no son ilegales o criminales por naturaleza, es lo que se conoce como "el sueño americano".

Aunque todo esto es verdad, Hillary sabe que los latinos no son los únicos votantes de este país. Nuestras familias no han emigrado a Estados Unidos para solucionar el problema de la reforma inmigratoria: han emigrado para tener éxito. Han venido para educarse, para empezar un negocio y para contribuir a la sociedad. Hillary ha conseguido un progreso real y permanente en asuntos que afectan a nuestras comunidades: el acceso a la sanidad y a la educación superior, los derechos de reproducción y el apoyo a las pequeñas empresas.

Soy plenamente consciente de que "un progreso seguro y permanente" no es el mejor grito de guerra -especialmente para aquellos que quieren una revolución-, pero no deberíamos olvidar que muchas de nuestras familias huyeron de países en los que los sistemas desmantelados hicieron hueco a la violencia y a la tiranía. No creo que necesitemos una revolución, creo que necesitamos una evolución. Una evolución lenta, pero segura.

No creo que necesitemos una revolución, creo que necesitamos una evolución. Una evolución lenta, pero segura.

Es verdad, me encantaría ser la mejor amiga de Hillary. A lo mejor es porque he podido comprobar con mis propios ojos, gracias a distintas actividades humanitarias, que las mujeres están infrarrepresentadas, explotadas y en desventaja a escala global: en las instituciones, en los callejones oscuros, en las zonas de prostitución, en las redes de trata de personas en las que son asesinadas o violadas o se comercia con ellas como si fueran objetos en vez de seres humanos.

Antes de que Girl Power fuera un hashtag, Hillary libró esta batalla tan poco popular y defendió a las mujeres de su país y del mundo entero. Se atrevió a exigir que los derechos de las mujeres se consideraran derechos humanos. Y viajó por todo el mundo como secretaria de Estado para insistir a los líderes del resto de países en que incluyeran a las mujeres en los planes económicos y de seguridad de cada país. Eso me emociona y me inspira muchísimo.

Sí, es genial que Hillary Clinton sea una mujer. Pero si me dijeras que se presenta a las elecciones un marciano morado con tres ojos que ha defendido mejor los derechos de las mujeres y los de las familias vulnerables y ha cruzado los límites de su partido para conseguir cambios, entonces apoyaría sin duda a ese marciano morado. Lo que pasa es que en estas elecciones no hay ningún candidato que le llegue a la suela de los zapatos a Hillary en lo que se refiere a defender a las comunidades desfavorecidas.

Así que puede que apoye a Hillary porque no puedo discutir con la ideología política de mi vagina. O a lo mejor voy a votar a Hillary porque ningún candidato ha hecho más por empoderar a esta primera generación de mujeres millennial estadounidenses, que han sido educadas por una madre soltera inmigrante, que han ido a colegios públicos para formarse y contribuir más a la sociedad. Aunque para ello necesitáramos una comida gratis al día. Hillary cree en el potencial de las niñas como yo. Y yo creo en el potencial de una presidenta como ella.

Este post se publicó originalmente en Medium.

El artículo fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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