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Ablación de la memoria

14/07/2017 07:27 CEST | Actualizado 14/07/2017 07:27 CEST

Retrofile/Getty Images

Hemos sufrido un olvido generalizado de lo que supuso la vida en España en los momentos más avanzados de nuestra historia cercana. Desde los años 20 del siglo pasado hasta la espantosa guerra civil, en España mucha gente buscaba la modernidad. Nos los borraron de la memoria, como, por otra parte, hicieron con todo; muy poco a poco, con mucho esfuerzo, empezamos a recuperarlo, pero el olvido generalizado, el de las mujeres, como siempre, fue aún más rotundo; el esfuerzo que tuvimos que hacer para recuperar, por ejemplo, a Clara Campoamor, la mujer que hizo la proeza de conseguir la ciudadanía para las mujeres con la consecución del derecho al voto.

En mi libro Una mujer de mujeres escribí, citando a Amelia Valcárcel, que "Este olvido se debe a 'la ablación de la memoria histórica'. "Cuando pretendemos hacer historia del feminismo español, leemos a las personas que han escrito desde finales del siglo XIX o hasta los años treinta, o sabemos de sus biografías, en realidad estamos recuperando, con la ayuda de un puente larguísimo, una memoria que no nos pertenece del todo". "Nuestras vidas se vivieron como si esas personas no hubieran existido jamás. Supimos de ellas (no de todas, añado) cuando ya éramos personas adultas, con nuestras claves estabilizadas por otras vías... No fueron nuestras cuando deberían haberlo sido".

Son muy importantes los trabajos que se están realizando por muchas personas e instituciones, públicas y privadas, para recuperar la memoria rota de nuestras vidas. Entre ellas, hoy citaré a la editorial sevillana Renacimiento, que con sus publicaciones –Biblioteca Elena Fortún, Biblioteca de la Memoria Histórica- nos está proporcionando la posibilidad de conocer la vida y obra de personas admirables, muy olvidadas, especialmente mujeres, de las que pondré tres ejemplos.

La vida de Connie, truncada en un accidente de tráfico en Guatemala, con 44 años, es realmente apasionante.

Me ha interesado, especialmente, y así lo he escrito, la recuperación de la obra y vida de Elena Fortún en la Biblioteca que lleva su nombre, en la que se están reeditando todos los libros de Celia. Celia en la revolución ha sido un gran descubrimiento. En ella, la Celia de nuestra infancia -de tantas infancias-, nos cuenta la crueldad de la guerra civil. Este libro nos lo habían ocultado; cuando, tardíamente, se publicó (1987), cuenta Andrés Trapiello en el prólogo que hace a la edición de Renacimiento de 2016 que "lo que sucedió con este libro fue, misteriosamente, un caso único. Apenas publicado, desapareció de las librerías y únicamente en el mercado de viejo ha ido apareciendo desde entonces, con cuenta gotas". Y añade que "es una de las grandes novelas de la Guerra Civil. La que le hubiera gustado escribir a Baroja y no pudo". ¿No pudo Baroja y si pudo Elena Fortún? ¿Y nos lo ocultaron?

La última y gran obra publicada es Oculto sendero (2016), su novela autobiográfica inédita, su testamento literario, que sobrecoge el alma, con una maravillosa introducción de Nuria Capdevila-Arguelles que nos ha permitido romper los estereotipos que sobre Elena Fortún nos habían creado. Murió en 1958 y es una novela de una modernidad que asusta. El desgarrador dolor de las lesbianas de entonces.

También de gran interés son las Memorias de Mercedes Formica (1931-1947), gaditana, vinculada, en su juventud con la Falange, pero que luchó como abogada que fue para cambiar la degradante situación jurídica de la mujer, hasta lograr que se redactara la reforma del Código civil del 58, conocida como la "reformica", que fue un importante paso para avanzar en la igualdad jurídica entre hombres y mujeres en nuestro país. Se sustituyó el concepto "casa del marido" por "hogar conyugal", lo que permitía a la mujer quedarse con la casa en caso de separación. Desapareció el humillante concepto de "depósito de la mujer"; se acabó con el poder absoluto del esposo para enajenar bienes matrimoniales, y las mujeres viudas que contrajeran nuevo matrimonio mantendrían la patria potestad de sus hijos del primer matrimonio. No estuvo nada mal y debemos también recordarla y reconocerla. De ella escribe Inmaculada de la Fuente que era "una feminista emboscada en la Falange".

El ultimo y fascinante libro que esta misma editorial ha publicado se llama Connie. Biografía de Constancia de la Mora (2017), escrito por Soledad Fox Maura, catedrática en el Williams College de Massachusetts, con prólogo de Paul Preston. Es una muy completa biografía sobre la autora de Doble esplendor (1939), en la que nos cuenta muy bien cómo, quién y por qué se escribió esta autobiografía de una mujer republicana, nieta de Antonio Maura -hermana de Marichu de la Mora, falangista de pro-, comunista como ella, divorciada y mujer del militar, republicano y también comunista, Hidalgo de Cisneros.

La vida de Connie, truncada en un accidente de tráfico en Guatemala, con 44 años, es realmente apasionante. En Doble esplendor, Connie se define como "republicana, liberal y anticapitalista"; la escribió en ingles en EEUU para que sirviera de propaganda para la República, ocultando su militancia comunista, porque no estaba muy bien visto por los americanos. "Sus memorias fueron un inmenso éxito de ventas y con ellas logró exponer la causa republicana al público norteamericano como no había hecho nadie". De Doble esplendor, Soledad Fox Maura escribe que fue "una dramatización de la historia de Constancia", una mujer para quien, como para tantas otras, el final de la guerra civil supuso el exilio y la obligación de rehacer su vida en el extranjero, que es lo que se cuenta en este maravilloso libro que nos permite sentirnos más completas, porque gracias a trabajos de edición como este, vamos llenando huecos y recuperando esa memoria que nos habían arrebatado.

Este artículo fue publicado originalmente en Diario de Sevilla

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