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Mujeres en marcha

11/02/2017 10:30 CET | Actualizado 11/02/2017 10:30 CET

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Foto: EFE

La crisis económica, en la que llevamos casi una década instalados, ha provocado resultados de magnitudes escalofriantes en nuestras vidas. El incremento de la desigualdad, de la pobreza, frente al enriquecimiento sin límites de unos pocos es tan terrible que es difícil de entender. Que sepamos que "menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta" es pavoroso. Sin contar guerras y emigraciones forzosas de miles de personas. Reducir las desigualdades existentes y erradicar la pobreza implica analizar por qué para al 40% más pobre le es tan difícil aumentar sus ingresos y salir del círculo infernal de la pobreza.

Si no partimos del análisis de la crisis y de sus consecuencias, nunca podremos entender lo que está pasando en este mundo que se nos hunde, política y económicamente, sin que las soluciones que se dan sirvan para salir del atolladero. La profunda crisis de la socialdemocracia y el crecimiento de los populismos, de izquierdas o de derechas, del neoconservadurismo extremo que simboliza Trump es lo que explica, tristemente, la situación en la que estamos. Cuando la ciudadanía lo pasa mal, entonces aparecen los salvadores. Se ha escrito que el populismo no es una ideología, sino una táctica para ganar elecciones.

Nos va la vida en saber reaccionar ante lo que está ocurriendo, de ahí la importancia del activismo social frente a personajes como Trump, que pone en serio peligro la estabilidad del mundo. La importancia simbólica de la Marcha de las Mujeres, organizada justo al día siguiente de su toma de posesión, proviene de su defensa de la dignidad de las mujeres. "Se inscribe en la larga lucha de las mujeres por la conquista de la igualdad. Es un eslabón más en la genealogía de las luchas feministas por alcanzar derechos civiles y políticos vinculados a la libertad y la igualdad", escribe Rosa Cobo, en un estupendo artículo en el que hace una cronología de las marchas de mujeres; desde la de Nueva York, reclamando el derecho al sufragio en 1915, hasta estas de 2016, se han celebrado cientos de manifestaciones de mujeres que han hecho del feminismo un movimiento de masas.

Conseguir la igualdad real sigue siendo el objetivo, y para alcanzarlo, las mujeres, y muchos hombres, seguiremos en marcha.

También en España, El tren de la Libertad, en febrero de 2014, contra la reforma de la ley del aborto, provocó la única crisis política del Gobierno absolutista de Rajoy, con dimisión incluida de uno de sus más prometedores ministros, y aunque aún quede "la espada de Damocles" del recurso pendiente ante el TC, si se atreven a modificar la ley, nos volverán a encontrar en la calle.

La filosofa francesa Elisa Badinter afirma que "la crisis ha sido un factor muy regresivo. Ha generado una gran desconfianza respecto al mundo laboral y ha acentuado esa voluntad de repliegue en el hogar. Ante la precariedad imperante y la desigualdad salarial, muchas mujeres prefieren refugiarse en la familia y la descendencia. A falta de puesto de trabajo, muchas se centran en la procreación." De ahí "la mística de la maternidad" en la que andamos y los escándalos, en las redes sociales, ante libros como el de Samanta Villar, Madre hay más que una, escrito por una madre con absoluta sensatez, pero decirlo hoy es ser candidata a la hoguera de la era Trump y de los machismos crecientes.

Nuria Varela en Cansadas. Una reacción feminista frente a la nueva misoginia, habla de "el velo de la igualdad", ese que "deslegitima las críticas y dice que ya tenemos igualdad plena" y de "la nueva misoginia", un sexismo más sutil, un sexismo moderno, que lejos de desaparecer está cada vez más presente en muchos ámbitos de la vida diaria". "La presencia de Trump en la Casa Blanca es una prueba inminente de que existe una misoginia obvia en las sociedades".

Ha costado mucho llegar hasta aquí, y no nos vamos a rendir, así lo han demostrado cientos de miles de mujeres protestando contra ese mundo machista, sexista y racista que Trump simboliza. Tantos siglos de poder masculino para llegar a esto no es justo para casi nadie.

Habrá remedio cuando consigamos un mundo compartido. La revolución será feminista o no será. El feminismo es la respuesta al machismo, pero no está en contra de los hombres. Conseguir la igualdad real sigue siendo el objetivo, y para alcanzarlo, las mujeres, y muchos hombres, seguiremos en marcha.

Este artículo fue publicado originalmente en Diario de Sevilla

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