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Carta a la novia que fui el día de mi boda

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AMY JOHNSON
Amy Johnson
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A día de hoy, Amy Johnson es una mujer feliz, divorciada y madre de dos niños. Hace poco más de una década, era una mujer de 25 años a punto de casarse con el hombre al que quería sin dudarlo. A continuación puedes leer la carta que Amy le escribe a la novia que fue el día de su boda, en la que habla del matrimonio y de lo que siente por su exmarido.

¡Mira esa sonrisa, Aim! No tienes ninguna duda de que es la mejor decisión que has tomado. Los dos os queréis y os habéis comprometido a pasar el resto de vuestra vida juntos. Como sé que odias las sorpresas, te escribo para decirte que, 13 años después, todo eso se ha cumplido. Más o menos. Estáis divorciados -9 años después de casaros-, pero antes de eso nacieron vuestros dos preciosos hijos. Por eso, tu marido y tú estáis unidos para el resto de vuestras vidas.

En el día de la boda nunca se te habría ocurrido pensar en divorcios. ¿Cómo podría pasarte eso a ti? Vuestros padres no se han separado, creciste viendo lo que era el amor y no tenías ninguna duda de que estabas enamorada de este hombre. Y lo estabas... hasta que dejaste de estarlo.

Desgraciadamente, los dos habéis crecido y cambiado con los años, y no en la misma dirección. Los sentimientos de culpabilidad y de vergüenza que sientes por no querer a tu marido te paralizan. Empiezas a fijarte en las parejas: te das cuenta de que muchos matrimonios no son felices. Fingen serlo, pero nadie es feliz; tal y como te pasa a ti. Entonces decides hablar con tu marido. Sólo lo hablas con él, valoráis si es posible volver a ser felices juntos. Es la conversación más difícil que has tenido, pero también es la mejor. Después de hablar con él, te sientes como si te hubieses quitado un peso enorme de encima.

Decidís de mutuo acuerdo que no queréis ser ese tipo de padres que fingen quererse "por el bien de los niños". Queréis que vuestros hijos crezcan sabiendo lo que es el amor de verdad. Tomáis la decisión de divorciaros porque creéis que es lo mejor. La mayoría de vuestros allegados no lo entienden, creen que estáis tomando una decisión equivocada. Pero, al igual que en el día de tu boda, sabes que es la mejor decisión de tu vida. Le demuestras a tus amigos y a tu familia que la palabra "divorcio" no tiene por qué implicar algo malo.

Tu exmarido y tú seguís eligiendo amar cada día. Vuestros hijos saben cómo es el amor y lo entienden. Vivís a cinco kilómetros de distancia, tenéis la custodia compartida y os veis prácticamente todos los días. Sí que es verdad que no estáis de acuerdo en absolutamente todo, pero la ventaja de discutir es que podéis acabar diciendo "menos mal que ya no estamos casados". No, no estáis enamorados. Pero lo que tenéis ahora es algo mucho más fuerte que lo que teníais el día de vuestra boda. Un amor recíproco, basado en el respeto por vuestros hijos y su educación, y sabéis que eso es mucho más importante. Ambos esperáis que crezcan y se conviertan en adultos que lleguen a saber de verdad lo que es el amor, tenéis que servir de ejemplo.

Durante los cuatro años que siguieron al divorcio, has aprendido a decir que sí cuando se presentaba la ocasión y, como dice Oprah Winfrey, a escuchar con atención las cosas que te susurra la vida. Sigues siendo esa chica sonriente de la foto del día de la boda, sólo que a lo grande. La vida no ha acabado como pensabas, pero no creo que pudieras imaginarte una vida mejor. Tienes la mente abierta en cuanto al amor y no te vas a conformar con algo que no sea perfecto para ti. Pero eso está bien porque te quieres tal y como eres, eso es lo más importante. Has aprendido a estar sola, pero no te sientes sola.

Para acabar, te voy a contar algo que te parecerá mentira: has recurrido a páginas web de contacto (a varias, sí, pero, tranquila, sigues odiando las "citas"), has quedado para comer con un deportista de élite y, lo más increíble de todo, has arreglado tú sola el timbre (¡los cables y todo!) antes de que acabaran los dos primeros años de tu aventura de madre soltera. La vida está llena de sorpresas, ¿verdad?

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros

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