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Nadie habla peor de vosotros

15/02/2016 06:57 CET | Actualizado 14/02/2017 11:12 CET

A raíz de los Goya son muchas las voces las que cargan contra las redes sociales porque critican a los famosos. Pero no son las redes sociales, son las personas. Las mismas que antes de Twitter criticaban desde los salones de las casas, de los bares, son las mismas que llamaban gordas a las mujeres que no tienen una 36 o monos a los jugadores negros.

Si Dani Rovira hubiera presentando los Goya hace 10 años, cuando yo me juntaba en casa con amigos para verlos le hubiéramos criticado igual, con la única diferencia de que no se hubiera enterado.

Antes de las redes ya estaban los chistes de Irene Villa, los comentarios de mal gusto, los cuñados que opinan con igual de certeza de los seleccionados en La Roja que de que el Euribor esté en negativo.

El cambio es que ahora todos los bares y todos los salones de casa de España tienen las paredes de cristal y los famosos pueden -si quieren- escuchar todo lo que se dice de ellos.

Y no, no debe ser fácil vivir leyendo lo que se dice de ti, es mucho más fácil rodearte de un círculo cercano, que selecciona lo que llega a tus oídos y preocuparte sólo de lo que dicen los periódicos.

Antes de poder entrar en Twitter y buscar su nombre debían vivir convencidos de que el público les amaba unánimemente, sin matices ni discrepancia, ajenos a que en un bar de Granada, dos muchachos los tildaban de sosos y casposos.

Twitter es un bar grande, donde se junta gente para ver el fútbol. Gritos, risas, y algún que otro insulto. Y a quien no le guste, que vea el fútbol en casa.

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