Ana Oramas

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Platós, delincuentes y recompensas

Publicado: 25/06/2012 10:21

Hay programas que hieren. Que pisotean la ética miserablemente cuando permiten que un delincuente acuda a un plató y sea premiado con una recompensa económica millonaria por relatar los entresijos de su delito en prime time. La voracidad con la que se busca arañar puntos en la audiencia televisiva ha traspasado en varias ocasiones la delgada línea roja de la ética periodística y ahora nos corresponde, en el Congreso de los Diputados, poner fin a una práctica despreciable de la que se han beneficiado personajes como Julián Muñoz, Luis Roldán o la madre de "El Cuco".

El próximo miércoles, día 27, se debatirá en la Comisión de Justicia del Congreso una proposición no de ley en la que insto al Gobierno a que acometa las reformas legislativas pertinentes para impedir que los condenados y sus familiares puedan lucrarse por relatar sus testimonios en programas de televisión. Es la segunda vez que lo intento. En la pasada legislatura, la disolución anticipada de las Cortes impidió que fuese debatida por el plenario de la Cámara Baja.

No pretendo con esta iniciativa ni limitar la libertad de expresión ni que estas personas no puedan expresarse en un plató de televisión. El objetivo es que quienes tengan cuentas pendientes con la Justicia no puedan enriquecerse ilícitamente en un medio de comunicación.

El único resquicio legal que hemos encontrado los que me han ayudado en la redacción de esta iniciativa es que el Gobierno "inicie los cambios normativos precisos en la Ley 7/2010, General de Comunicación Audiovisual, para ilegalizar cualquier tipo de pago o prestación desde medios de comunicación concesionarios del servicio público de radiotelevisión a personas que, habiendo sido condenadas por la justicia, tengan pendientes las restituciones, indemnizaciones o multas económicas que les fueron impuestas. Esta prohibición alcanzará también a sus familiares o allegados".

Y, por otra parte, que "estudie la posibilidad de que esta prohibición de remuneraciones se extienda igualmente a las personas imputadas en la comisión de delitos o condenados por los mismos sin penalización económica pendiente, que podrían ejercer su derecho a la libre expresión en los medios, pero sin recibir remuneración de ningún tipo por declaraciones referidas a los delitos probados o presuntos con los que se les ha relacionado".

La limitación legal de estas prácticas retributivas a personas que hayan sido condenadas por los tribunales no puede ser total e incondicionada si se desea respetar el derecho constitucional de todas las personas a la libertad de expresión y de información. Pero desde luego sí cabe aplicarla a aquellas que mantengan deudas con las administraciones, fruto de una sentencia condenatoria. Porque de otra forma se produciría un doble agravio a la sociedad: la no devolución de lo indebidamente apropiado y el premio económico por la notoriedad de su delito.

No siempre los órganos judiciales pueden requisar los fondos pagados por este tipo de apariciones televisivas; y, en ningún caso, logran hacerlo cuando las percepciones las cobran familiares o allegados.

Es perverso e inadmisible que un crimen genere beneficios a su autor o a sus familiares por ir a un programa a hablar de ello, mientras las víctimas se ven obligadas a ser testigos de un espectáculo público y remunerado a costa de su dolor y sufrimiento.

No se puede permitir que se continúe premiando con sustanciosos emolumentos a delincuentes condenados por contar directamente en televisión sus particulares versiones sobre los delitos que cometieron, sin que conste que hayan restituido a las arcas públicas las cantidades robadas o las multas e indemnizaciones impuestas.

Desde el ejercicio del servicio público de televisión en régimen de concesión administrativa se está financiando de esa forma a personas que, lejos de restituir las cantidades defraudas a la administración pública, mantienen ocultos los recursos obtenidos con sus delitos. Es un contrasentido ante el que los poderes públicos no pueden permanecer impasibles; con independencia de que corresponda a las organizaciones profesionales de la comunicación y el periodismo la autorregulación debida para que se restablezcan las buenas prácticas deontológicas.

La extensión continuada de pagos a personas condenadas o relacionadas con condenados o imputados por ocupar tiempos de pantalla y ganar determinadas audiencias se ha convertido además, en muchos casos, no ya sólo en un circo, donde no se respeta ninguna regla informativa, sino en un trampolín para la comisión de otros delitos de calumnias o injurias.

Espero contar el próximo miércoles con el apoyo de otros grupos parlamentarios para evitar que quienes matan o roban no vuelvan a ser recompensados en un plató por relatar su delito.

 

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14:34 de 26/06/2012
Cada vez que veo a uno de estos delincuentes en la TV la apago, me niego a contribuir a enriquecerles y además me parece éticamente reprobable.
NO obstante lo peor no es eso, sino la adoración que un porcentaje elevado de la población, dispensa hacia los delincuentes, son una especie de héroes. Pienss que esto es el residuo de la picaresca española. y que explica también porqué los corrupto tienen tan buenos resultados elñectorales.
11:55 de 26/06/2012
Es triste llegar a estos extremos de tener que legislar sobre este tema. No estoy totalmente a favor de esta propuesta ya que me parece dificilmente aplicable pero me alegro de que este sobre la mesa y que se pueda debatir aunque solo sea para concienciar a mucha gente. Creo que es un problema mucho mas de fondo en la sociedad española, se magnifica "al garrulo", al "chapucero" se promociona la mediocridad en vez de denunciarles y condenarles.
22:27 de 25/06/2012
Yo creo que el problema reside en la educación del país. Si existen esos programas es porque hay mayoría de "garrulería" en el país. Que programas como ese del tomate y lo de Sálvame tengan la audiencia mayoritaria en su franja horaria, dice mucho de quiénes somos y dónde estamos.

Como decía el difunto Facundo Cabral: "Me dan mucho miedo los pendejos, porque son muchos y pueden elegir Presidentes".
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Superusuario de El HuffPost
JMGonzalezAlcor
He sido reponedor, dependiente, comercial, camarer
13:23 de 25/06/2012
Yo si les dejaba ir, pero obligaba a los canales de televisón, prensa o radio a abonar esas cantidades a la familia de la victima o a la institución que ha sido robada (Julian Muñoz en Marbella como dice el artículo)
Este usuario ha decidido no usar el programa de medallas.
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12:07 de 25/06/2012
Sí, esto es feo ..muy feo y nada ético, pero hasta que los políticos no demuestren de una manera clara y contundente que su comportamiento cívico es intachable (vease, por poner un ejemplo, todo lo que parece que va a cobrar la Pajín por pasar a ser senadora...y en general todos los sueldos y prebendas de los que disfrutan nuestros gobernantes, sin ningún pudor ético) a mí me suena a música celestial, mejor dicho...infernal!!!
12:04 de 25/06/2012
Pregunto:
Por qué limitarlo a las televisiones y no aplicarlo a todos los medios de comunicación?
Por qué incluir a las personas imputadas, pendientes de juicio? Dónde está la presunción de inocencia?
Por qué incluir a los familiares?
Necesitaría respuestas antes de poder valorar esta propuesta
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Superusuario de El HuffPost
Jose Luis Gamboa
Nací en Madrid, a escasos 100 metros del Retiro;
13:08 de 25/06/2012
Pues, no sé, se me ocurre que:

Porque son las televisiones las que sacan gran tajada de esto. Cuanto más gordo y truculento es el crimen más publicidad contratan; y más dineros gana el criminal. También se podría incluir periódicos y revistas, pero el gran negocio son las televisiones.

Personas imputadas... Porque los inocentes no suelen hacer campañas de auto-defensa cobrando, por ejemplo. Pero algunos culpables orquestan auténticas campañas de intoxicación para recaudar fondos. Además, sub-judice, es sub-judice.

Porque a la mayor parte de estos programas, con criminales que tienen pendientes grandes indemnizaciones a las víctimas, son familiares los que acuden a contar la historia para que el dinero obtenido no sea embargado. Además de lucrarse con el mal de otros, claro, y sacarle un gran partido a su delito.

Al final podría resultar hasta lucrativo el cometer un delito bien planeado ¿no? Si tengo 35 y me condenan a 10 salgo con 45. Me hincho a hacer televisiones y me forro hasta la jubilación...
11:27 de 25/06/2012
No dudo de sus buenas intenciones, que seguro las tiene. Lo que si cuestiono es lo acertado de su forma de llevarlas a la practica. Si ahora yo le imputase cualquier delito de los que generan escandalo, por incierta que fuese la imputacion, y llevase a los medios la noticia y con ello su martirio publico, usted no podria acudir a los mismos para defenderse de aplicarse una ley como la que propone. Si se la condenase injustamente por un Tribunal de Justicia, tampoco podria acudir a los medios a "lucrarse" con su defensa mediatica... Tomando en consideracion estas razones, no puedo felicitarla por su iniciativa, y tengo que condolerme si se aprueba. No es oro todo lo que reluce.
11:20 de 25/06/2012
Yo me pregunto... Si su propuesta sale adelante... ¿Será legal que Intereconomía emita reportajes y entrevistas lavando la imagen de Mario Conde y además, le de programas de debate y opinión? Saludos.
11:02 de 25/06/2012
Cuando tenemos que legislar sobre los comportamientos "corruptos" de la sociedad, que babea ante la caja tonta que vomita basuras a todas horas, es porque estamos haciendo algo mal. Una sociedad formada y culta no consumiría ciertos productos y ciertos personajes no se lucrarían con sus golferías. Saludos.
10:57 de 25/06/2012
Me parece una proposicion muy razonable la verdad. Espero que salga adelante y acabemos ya con este tipo de pseudoprogramas de investigación que lo único que hacen es manchar aun más nuestra ya maltrecha programación de televisión. Aún añadiría otro punto más, que se multara a las cadenas o productoras que acometan este tipo de prácticas.
11:12 de 25/06/2012
Totalmente de acuerdo en lo de legislar la imposición de multas a las cadenas que contraten a delincuentes para aumentar la audiencia. Es imprescindible: los códigos de buena conducta no funcionan en España, como se ha demostrado con los horarios de protección infantil.