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El fin de los taxímetros

31/08/2017 07:43 CEST | Actualizado 31/08/2017 07:43 CEST

Getty Images

Un arma letal con la que experimentar en la guerra interminable del taxi.

Taxi driver

En la reciente huelga de taxis en Málaga, se pudo oír: "O Cabify o nosotros". Esta guerra interminable se ha enquistado en dos posturas irreconciliables: la de actualizarse o morir (la carta abierta a un amigo taxista de Carlo Ratti es un buen ejemplo) y la de resistir ante las agresiones de la nueva economía (a Pablo Iglesias le hizo un huevo de ilusión apoyar a los taxistas).

Me gustaría sugerir una alternativa a este nudo gordiano del transporte. En honor a la verdad, no pretendo que sea un camino intermedio. Por más que lo he intentado, no consigo simpatizar con la causa de los taxistas (a pesar de la alta consideración que tengo por la opinión de un amigo mío que es hijo de un taxista). Además, los taxistas son sus enemigos más peligrosos: antes de sus protestas, mucha gente ignoraba nombres como Uber o Cabify. Ahora están en boca de cualquiera y las descargas de sus aplicaciones han aumentado sin cesar.

El fin de la eternidad

No sé si el taxi debería morir por no haberse renovado lo suficiente. A veces creo que sí. Mi animadversión podría deberse a que los usuarios somos demasiado severos por habernos malcriado en aquello de que el cliente siempre lleva la razón. En realidad, esta vena liberal que me sale (la de fantasear con un servicio eficiente que arrase con el "antiguo régimen") la podría aplicar a las librerías y a muchos otros sectores.

Tampoco sé cómo funciona el taxímetro. Para mí sigue siendo un arma del diablo (más sofisticada que un tridente, claro). Los precios del taxi están regulados, sí, ¿pero cómo funciona exactamente el dichoso cacharrito? ¿A nadie le parece un aparato un poco opaco para formar parte de un servicio público? Queremos una sociedad con nativos digitales y no se hace pedagogía con un gadget que lleva tantos años entre nosotros.

Bajada de bandera

No crean que siento simpatía alguna por los hostigadores del taxi. La población prefiere Uber o Cabify porque es más barato, eso es todo. Renuncia a ciertas garantías o seguros para ahorrarse dinero. Se despreocupa de la crisis de los taxistas o de la legalidad y legitimidad de los nuevos servicios. Si eso es la llamada "economía colaborativa", paren que yo me bajo.

El fin de la infancia

Los taxis y las plataformas tipo BlaBlaCar (de esta no hemos hablado aún) tienen un denominador común: son intercambios comerciales.

¿Y si vamos un paso más allá y nos volvemos terriblemente ingenuos? Proclamen si lo desean el fin de la infancia, pero seamos un poco infantiles, al menos en este artículo, a modo de experimento mental. ¿Y si ensayamos algo que ya se hacía antes de la revolución digital? AUTOSTOP. Así es: ¡Hagamos dedo!

Guía del autoestopista terrenal

Los autoestopistas consiguen un precio radical e insuperable: cero. Si los usuarios quieren un precio barato, no se me ocurre nada mejor que la gratuidad.

Hacer autoestop es una forma un tanto anárquica (y quizás anarquista) de desmercantilizar el sector del transporte.

Puede que España aún no se haya repuesto del trauma que supuso el crimen de las niñas de Alcàsser. El autoestop es casi un tabú. Sin embargo, habrán viajado y verán que en otros países se practica: en Francia (para evitar las obscenas autopistas de peaje que tienen), en Islandia (un lugar propicio para semejante práctica, lo reconozco), en Canadá (bueno, a decir verdad, aquí hicimos autoestop nosotros; no sé si los canadienses se suben a los coches, pero sin duda son la mar de amables subiendo a desconocidos), etcétera.

El autoestop plantea riesgos, por supuesto. También los plantea BlaBlaCar y nadie dice nada porque se sacan unas pelas y compensará hasta el día en que ocurra algo grave.

La imaginación de los surfistas

Esto no es una llamada a la irresponsabilidad, sino un ejercicio de imaginación. Se puede escapar, al menos puntualmente, a un tipo de mercantilización bastante insociable que paradójicamente se anuncia como el summum de lo social. Vayamos más allá del taxi. ¿AirBnB? ¡Venga ya! ¿Qué fue del coachsurfing, aquella forma de conocer a gente y ver ciudades mientras "surfeabas" de sofá en sofá? (la pregunta era retórica, la respuesta obvia es que la web se mercantilizó y se terminó hundiendo en el olvido).

Se puede volver a una economía social si se está dispuesto a entrar en un nuevo mercado algo más arriesgado e ineficiente, mucho más espontáneo e incierto y desde luego muy poco rentable en términos estrictamente económicos.

El verdadero taxi

Para colmo, el mundo del taxi no ha inspirado nada bueno en el ámbito musical. El Taxi es una canción insufrible y la original es mejor, aunque, al igual que le pasa al autoestop, no se ha prostituido tanto.