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El microteatro del mundo

15/02/2017 07:20 CET | Actualizado 15/02/2017 07:21 CET

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Microteatro Madrid.

Cuando despertó, el tramoyista todavía estaba allí.

El teatro se ha adaptado a los tiempos de crisis. Las artes escénicas se han reinventado para que dinosaurios como Javier Marías se den un buen disgusto. El microteatro es una obra de quince minutos en una sala de unos quince metros cuadrados para quince personas. El precio de la entrada ronda los cuatro euros y si compras bebida, te la puedes llevar al acto. ¡Qué deshonra! Mezclar las cervezas con el arte de la interpretación es como mancillar el cine de autor con palomitas; los agraviados jamás verían una ópera en televisión ni leerían una novela en formato digital. Estos puristas hacen gala de su criterio exquisito con la actitud de un gentleman, por no usar una palabra tan vulgar como la de sibarita. El microteatro, definitivamente, no es plato de su gusto. Tanto mejor, a más cabemos los demás.

Érase una vez una sala de teatro rentable...

Las dolencias del teatro no son las del hipocondríaco. Sus afecciones son reales: el IVA cultural es solo una parte de esta triste historia. La creciente presión en busca de rentabilidad ha obligado a pensar en soluciones poco ortodoxas. El microteatro es una de sus expresiones más descollantes. El lavado de cara teatral se lleva a cabo en un sótano sin proscenio ni gallinero. Todo es más modesto. El teatro, como la vida, es un reajuste de expectativas.

La crisis económica, en colaboración estrecha con la política de subvenciones, ha explorado un nuevo género, el "teatro precario" o microteatro.

En el reino de los parados, el precario es el rey.

El precariado es el nuevo proletariado, una clase social emergente que sobrevive a base de trabajos mal remunerados, subvenciones o redes de apoyo familiar. El precario tiene una dignidad propia, la de aquel que ha sobrellevado más vaivenes laborales que cualquier funcionario de carrera. Las artes escénicas en los tiempos del precariado se han balcanizado y han parido docenas de obras de microteatro, ocurrentes representaciones low cost en sesiones de tarde y golfa cada veinte minutos aproximadamente. Estos nuevos reinos de taifas tienen frescura y gozan de buena salud (en Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga o Valencia). Hay comedias, obras de terror y musicales, además de otros géneros inclasificables.

Dramaturgia en 140 caracteres.

El microcuento se presenta a veces como un género propio y el humor grueso se ha condensado en 140 caracteres (las sentencias dictadas tienen muchos más). Parece que el tiempo social se está acelerando y el ámbito de la cultura está respondiendo, mal que bien, a este bombardeo de estímulos cada vez más rápidos y superficiales. Si la ligereza es el espíritu de nuestro tiempo, entonces el microteatro ha llegado para quedarse. Estas minisalas traen historias más cortas y el auxilio de un refrigerio para tiempos extenuantes, cuando no sombríos.

El tópico literario theatrum mundi, además de gastado, olvida los pequeños detalles de la realidad actual; el mundo contemporáneo no es tanto un retablo de las maravillas como una pieza microteatral.

Telón.

Los blogs serían un tipo particular de microperiodismo, pero hablaremos de ello en otra entrada, o esta dejaría de ser "micro" y traicionaríamos este insignificante elogio a la brevedad textual.

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