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Lo que me queda por decir...

18/12/2017 07:25 CET | Actualizado 18/12/2017 07:25 CET
Getty Images/Westend61

El conflicto entre el arte y la vida... o cómo amargarse la vida (con el arte, entre otras cosas)

Ars longa, vita brevis

Escribí mi primer artículo del Huff como si fuera el último. Como me permitieron seguir publicando, empecé a escribir casi uno a la semana. Me invadió una extraña sensación, como si tuviera mucho por decir, como si todas esas columnas que "no" escribí en mis años de periodismo afloraran ahora, más de una década después. Como tengo un trabajo y otros menesteres, me he visto obligado a aflojar el ritmo (e incluso la extensión de los textos). Mi curva de "energía creativa" ha sido descendente y no creo que se recupere. Pienso que los días son muy cortos porque no me da tiempo a empezar algunas tareas que necesariamente voy demorando. Y las que voy haciendo, no siempre las hago bien. Por ejemplo, he traducido un texto del inglés y he cometido numerosos fallos (un amigo me ha sacado los colores una vez más). No enlazo el artículo porque quiera mortificarme, sino porque creo que el contenido es interesante a pesar de su pésimo traductor.

Traduciría más textos si pudiera. Leería más si me viera con fuerzas. Escribiría mucho más, por supuesto. Cuando no tenía la oportunidad de publicar, todo era mucho más sencillo porque lo solucionaba con grandes dosis de voluntarismo: querer es poder y todo eso. Si me dieran la oportunidad de hacer cine, haría grandes películas (eso pensaba cuando era niño, hasta que en casa compraron una cámara de vídeo y jamás filmé nada).

Conforme más puedo hacer y más objetivos logro, más me asombran los objetivos que han logrado otros. Me fascinan las biografías y la producción creativa de infinidad de personas. No sé de dónde sacaron el tiempo, en vista de que yo dispuse de mucho y no conseguí ni la mitad que ellos (eran más listos, lo sé).

Lo que aún no he dicho...

Como ahora puedo contar todo lo que me queda por decir, no sé muy bien qué escribir. Italo Calvino sabía que sin constricciones no hay arte, de ahí que los límites y las prohibiciones a veces nos vuelvan más creativos. Sin embargo, creo que lo mejor sería decir algo, en lugar de decir lo que quiero decir. Supongo que me entienden, a pesar del juego de palabras. Decir que quiero escribir una novela no vale gran cosa si finalmente no la escribo (¡y no quiero escribir una, sino muchas!).

Me gustaría aprender algo de programación porque tengo un viejo proyecto (filosófico) que tiene que ver con la informática. Tengo pendiente correr una triatlón. Y podría seguir hasta la náusea, así que antes de que me entren arcadas existencialistas por todo lo que no haré en la vida, por todas esas posibilidades que escapan a mi insignificancia, terminaré este breve artículo y me pondré a hacer esas tareas que no te he contado, pero que seguirán atormentándome hasta que las complete.

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