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Soñar, cocinar, amar

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Canción recomendada: Ne me quitte pas, Edith Piaf.

A veces la experiencia de lo vivido nos confiere la posibilidad de cambiar la mirada, de conocer, de hallar diferentes formas de desarrollarse como persona. En AVAPACE (entidad valenciana sin ánimo de lucro y de utilidad pública dedicada a la atención integral de niños y de adultos afectados por parálisis cerebral u otras patologías afines) su misión es promover la mejora de la calidad de vida de las personas con parálisis cerebral y la de sus familias, favoreciendo su desarrollo personal así como su capacidad de autodeterminación.

Las personas conviven con una realidad desigual, con un tempo propio. El esfuerzo personal de superación es palpable, el apoyo y la humanidad de los profesionales es esencial. Las personas con parálisis cerebral viven con otras necesidades, nos muestran otra realidad. Cuerpos libres de cánones de belleza impuestos nos hacen entender que la grandeza del cuerpo es otra, la voluntad reside en vivir, en superarse y quizás en lograr transmitir sin pretenderlo lo básico de la vida, las infinitas posibilidades que el cuerpo y la mente ofrecen, con lo que hay...Disfrutar, amar, comprender el mundo desde el respeto y entender que todos somos esenciales.

Así viví mi experiencia con ellos en una clase magistral; ell@s fueron los que me dieron la clase. Un día-tarde-noche repleto de belleza casi estática y a la vez salvajemente emocional. Gracias, gracias...

Al día de hoy, no sé si con los recortes del Gobierno y su afán de privatizar, destruir, cerrar...AVAPACE continuará con su gran labor; espero que sí.

Buena noche, tarde o día amig@s anónimos:

Soñar, cocinar, amar. Las tres responden a un mismo impulso...y nos llevan al placer. Un placer que nos transporta de la mesa a la alcoba a través de sensaciones gustativas y nos dispone para el resto de los sentidos. Tal vez, es ese momento de sensaciones cuando pensamos que hemos comido un manjar, supuestamente dotado de un poder afrodisíaco y, de esta manera, potenciar mentalmente la libido.

Es cierto que el deseo de amar se despierta, o se revivifica, tras una exquisita comida con la mejor compañía posible; pero no debemos caer en el error de pensar que todos los alimentos tienen esa virtud de potenciar, alargar o simplemente preparar nuestro estado físico para la siempre maravillosa batalla amorosa...

La cocina, mejor dicho sus recetas, no tienen una edad definida. Tampoco entienden de sexos; si es para grandes o pequeños. Al descubrir el fuego, el arte de cocinar se proyecta hacia el futuro. Un futuro prometedor que muchas veces nos devuelve al pasado. Es en ese momento del fuego cuando se nos hace comprender silenciosamente todo lo que rodea el arte de cocinar.

Un arte que nos hace viajar mentalmente a lo urbano, lo rural, lo exótico y lo erótico. Un arte que nos provoca, nos anima y nos hace convivir con el estado del cociner@. Es entonces cuando lo no visible se queda reflejado en el plato, creando un fenómeno lleno de imágenes plenas de identidad, con rasgos, con palabras y con figuras. Al cocinar invadimos la intimidad de las personas que van a degustar toda la sensibilidad del cociner@.

Podemos notar, sentir, palpar, oler, y oír su tristeza y su alegría. Todos los sentidos en un solo bocado. Es maravilloso!

Cocinar es como un beso fugaz. Nos hace pensar. Nos alienta a continuar provocando nuevas sensaciones y nuevas experiencias. El cocinar, como el amar, puede perder toda su magia, su atractivo, su encanto y su seducción cuando se vuelve mecánico; cuando se convierte en una vulgaridad, trivial, habitual u obsesiva. Estos placeres buscan aspectos emocionales, románticos, imaginarios...

La alquimia de las recetas se hace fundamental en un espacio lleno de fantasías eróticas. Un mundo de texturas y de sutiles transformaciones. Nos alimentamos con aventuras llenas de situaciones excitantes; inyectando a nuestro paladar calor, frío, pasión y sensualidad; llegando a confundir la cocina con amores inalcanzables. El placer de cocinar no avanza con la monotonía. Busca un espacio entre el roce y la distancia. Entre las miradas perdidas y el silencio ocasional. Entre labios entreabiertos, la lengua recogiendo saliva, proyectando pensamientos hacia los labios ajenos. Buscamos el placer entre la comida y la alcoba. Entre miradas, risas, lágrimas y escenas imaginarias.

Viajamos a través del "Tiempo Perdido", observando fantasías y sueños que jamás podemos rebatir.

¿Qué diferencia hay entre la madurez y la inocencia de dos personas cuando se aman; entre el verdadero amor y el amor por descubrir; entre el beso perdido que dice más que mil palabras?. No importa el "cuanto te amo" sino el "cómo te amo". No importa qué cocinamos, sino por qué y para quién cocinamos.

Todas estas sensaciones se pueden concretar en una receta. Y por qué no compartir esa receta?. Reír mientras se crea. Ser fruta prohibida, inocente y a la vez madura, aterciopelada, fresca. Ser ambrosía o manzana. Ser mesa o mantel. Ser amad@ o amante. Ser verbo el verbo amar y cocinar compartido. Buscar la embriaguez de los aromas, de las texturas, del pecado y de la traición, para un único final: desear intensamente un plato más de amor.

Tener la templanza de la madurez y la intranquilidad de la inocencia. Ser un instante único, sin que se evapore como el café instantáneo.

Llegar al orgasmo culinario entre el placer de compartir mesa y alcoba. Os dejo una buena receta para ese momento.

Feliz día San Valentin@s!!!!

Sed curiosos.

Besos y sus cosas.

Andrés Madrigal
Cocinero

Chocolate fundido con helado de caramelo salado, mousse de café y avellanas con minidouts azucarados

Chocolate fundido:

210g de cobertura de chocolate guanajá del 70%
120g de mantequilla, 3 huevos, 45g de harina, 30g de azúcar, 2g de cacao en polvo amargo,
4 pastillas 2g de cobertura de chocolate negro
Una pizca de sal
Una pizca de cardamomo en polvo

Fundir la cobertura de chocolate con la mantequilla en un baño maría a 55ºC
Batir los huevos con el azúcar, el cacao en polvo, la sal y el cardamomo. Una vez bien batido, mezclar con la cobertura fundida hasta obtener una masa homogénea. Pasar a una manga pastelera y guardar a 5ºC durante 3 horas. Precalentar el horno a 220ºC durante diez minutos. Mantecar los moldes y rellenar 1/3 parte de los moldes cilíndricos de 5x7cm, depositar una pastilla de cobertura y terminar de rellenar sin llegar al final. Introducir en el horno, bajar la temperatura a 180ºC y hornear durante 8 minutos

Minidonuts:

200g de harina de fuerza, 100g de harina normal, 40g de azúcar, 2,5g de sal, 10g de leche en polvo, 1 sobre de levadura en polvo, 1 vaso de agua, 1 huevo, 20g de manteca pomada, 6g de azúcar vainillada, 200g de azúcar lustre
Aceite de girasol

Mezclar la harina, el azúcar, la sal, la leche en polvo, la levadura y el azúcar avainillada. Verter el agua no muy fría y trabajar durante unos minutos hasta formar una masa elástica. Incorporar la manteca y seguir trabajando unos minutos. Formar una bola y dejar reposar 1 hora a temperatura ambiente.
Estirar la pasta, cortar pequeñas porciones y formar un círculo de 2cm de diámetro con el cortapastas de donuts. Introducir las bolas en moldes de flanes y dejar reposar 40 minutos en la boca del horno (éste deberá de estar encendido a 65ºC).
Freír en aceite de girasol bien caliente, pasar a papel absorbente y en caliente, rebozar con el azúcar lustre.

Mousse de café y avellana:

25cl de nata líquida
100g de avellanas
2 cucharadas de café instantáneo
3 cucharadas de azúcar
75g de azúcar lustre
4 huevos
75g de azúcar lustre
Aceite de oliva

Dorar las avellanas en una sartén de teflón y en cuanto se desprenda la piel pasarlas a un paño y frotar ligeramente. Eliminar completamente la piel. En un cazo, verter el azúcar hasta que se caramelice e incorporar las avellanas tostadas y remover. Pasar a una bandeja ligeramente untada de aceite. Dejar enfriar y triturar hasta obtener polvo cremoso de avellanas (Pralinè).
Separar las claras de las yemas. Montar las yemas con el azúcar lustre al baño maría hasta que queden esponjosas. Incorporar el café y dejar que se enfríe. Montar la nata, incorporar el praliné, después las yemas y por último las claras a punto de nieve. Guarda en la nevera a 5ºC durante 12 horas.

Helado de caramelo:

25cl de nata líquida
1litro de leche
9 yemas de huevo
225g de azúcar
12g de flor de sal.
1 vaina de vainilla

Poner el azúcar en una sartén y caramelizarla. Mientras tanto, mezclar la nata y la leche en un cazo adecuado y hervir 1 minuto con la vaina de vainilla abierta en dos. Verter el caramelo en el cazo de la leche fuera del fuego. Revolver hasta que el caramelo se disuelva por completo. Batir las yemas en un recipiente al baño maría con la sal. Incorporarles el caramelo y llevar la crema a espesar, sin que llegue a hervir. Filtrar, enfriar durante 12 horas y congelar.

Acabado:

En un plato semihondo depositar el chocolate con mucho cuidado de no romperse y abrirse. A su lado disponer una quenelle de helado de caramelo. Rellenar el minidonuts con la mousse de café y colocarlo de canto al lado de la quenelle. Terminar con bayas encurtidas de frutos rojos y hojas de menta muy frescas.