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Atando cabos alrededor de Las Ramblas

21/08/2017 12:58 CEST | Actualizado 22/08/2017 07:26 CEST

EFE

En La Rambla era un día normal en un país normal y en un lugar normal el pasado jueves 17 de agosto a las cinco menos diez de la tarde. Miles de personas de todo el mundo paseaban por la céntrica vía, famosa dentro y fuera de España. De repente, una furgoneta blanca, robada, conducida por un joven tarado, radicalizado y convertido en asesino múltiple por un imán descontrolado y fanático del pequeño pueblo de Ripoll, donde vive, empieza a atropellar gente, haciendo eses para causar el mayor daño posible. Durante seiscientos metros. Trece muertos y un centenar de heridos, algunos muy graves.

Nadie lo sabía aún, pero en Alcanar, el día anterior, cerca de la medianoche, una explosión que había destruido un chalé era, en realidad, el resultado de la manipulación chapucera de explosivos en la madriguera de una célula de descerebrados de obediencia al Estado Islámico. Allí, los jóvenes adoctrinados por el religioso musulmán, ponían a punto su arsenal.

Los Mossos D'Escuadra lo consideraron inicialmente un accidente doméstico, la explosión de una bombona de gas. No se dio importancia a otras señales: el humo blanco, la destrucción total, como solo se ve en los informativos de los grandes atentados; únicamente se reparó en ello cuando la documentación encontrada en uno de los vehículos fue como el eslabón perdido.

Un imán de una población pequeña, 10.000 habitantes, es capaz de lavarle el cerebro, a lo largo de largas sesiones de trabajo, a un grupo de chicos aparentemente normales e integrados socialmente. El hombre, además, había estado a la cárcel "por problemas de extranjería".

"Todo está controlado. No va a haber nuevos atentados", dijo algún portavoz. Los hubo. En Cambrils, parte de la célula, cinco terroristas dispuestos a pasar a cuchillo a todo el que se encontraran en su camino, fue neutralizada por un agente de la policía autonómica, entrenado en la Legión Española, que se enfrentó a tiros con los terroristas y mató a cuatro de ellos.

¿Cómo pudo ocurrir 'lo' de Las Ramblas? Desde los primeros momentos circuló por las redes sociales, y eso lo reflejaron todos los medios, una instrucción de la Dirección General de Policía recomendando en las pasadas navidades el uso de bolardos para prevenir este tipo de atentados, ya tristemente conocidos en Europa. Niza, julio 2016; Berlín, diciembre 216; Londres, marzo y junio 2017; Estocolmo, en abril...El Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat no lo debieron considerar necesario, porque no lo hicieron.

El día antes de la masacre, el miércoles por la noche, el exdiputado y exdelegado del Gobierno en Canarias, José Segura, recibió la llamada de un amigo periodista.

"Pepe – le dijo- ¿sigue la alerta antiterrorista en España?".

"Seguimos, contestó el político, 4 de 5. El nivel 5 es el ejército en las calles, como en Francia. ¿Por qué lo preguntas?"

-"Por nada, un presentimiento. Esas miles de personas atrapadas en el aeropuerto de El Prat. No puede haber nada más tentador para un terrorista...". Y siguió, "y aunque ahora, con la Guardia Civil, ha vuelto la normalidad, dicen que la huelga va a ser indefinida, y la plataforma independentista está que trina contra la presencia de la Benemérita. Incluso sugieren que el Gobierno la ha enviado para tenerla dispuesta para el día del referéndum.... Qué frivolidad, Pepe".

Veinte horas más tarde, José Segura, que fue uno de los ponentes de la Ley de Seguridad Nacional, y de decenas de leyes más, llamó insistentemente a su amigo. "Qué bárbaro, chico, qué coincidencia". Con alerta 4 todas las casualidades son trágicas. Nada relaciona la congestión en el Prat con la preparación de artefactos, con bombonas de butano y propano cortadas con una radial y con cinturones bomba, que no se llegaron a rellenar de explosivos. Pero eso no quita que no se haya manejado con una extrema extravagancia e ineptitud el tema de la seguridad pública en Barcelona, y en Cataluña.

En varias tertulias, los simpatizantes de Podemos hacen uso de la propia creatividad y explican, con cara solemne, que el Pacto Antiyihadista solo se ha reunido una vez en un año, y que en realidad no sirve para nada.

Lo peor es que la gestión de la crisis tampoco ha sido lo suficientemente profesional. Ha estado empañada por el tic separatista tan frecuente en estos años de la soberbia cateta. Los mandos políticos de los Mossos D'escuadra se negaron a admitir la colaboración de la Guardia Civil y de la Policía Nacional sobre el terreno. Desde los muy prudentes consejos de poner obstáculos para el ataque con vehículos en los lugares más transitados. Los expertos de la Benemérita, sin duda, con una amplia experiencia, podían haber sacado juiciosas conclusiones en las ruinas de Alcanar. Por no hablar del estrambote penúltimo del consejero apátrida de Interior, que, en el colmo de la idiotez, separó a las víctimas "catalanas" de las de "nacionalidad española".

Desde el momento en que se conoció la noticia, Mariano Rajoy anuncia que reunirá al pacto anti-yihadista firmado en febrero de 2015 con Pedro Sánchez, al que se sumaron después Ciudadanos, Foro Asturias, Coalición Canaria y UPN. Desde ese anuncio, Podemos adelantó que no lo firmaría, que iría "solamente" como observador. Ya en 2015 Pablo Manuel Iglesias explicaba las razones por las que no se adhería. "El endurecimiento del Código Penal -argumentaba- no es una medida eficaz". No obstante, ha permitido situar a España a la cabeza de Europa con la detención de cientos de radicalizados, impidiendo con ello numerosos atentados y actualizando el fichero. "De alguna manera – seguía- supone renunciar a elementos garantistas del Estado de derecho penal español, como si eso fuera a servir para que un desalmado no se coloque un cinturón de explosivos". En otras palabras, como dirían los hippies de los 60, "Paz y Amor". Y mucha fantasía.

Por supuesto, tampoco los loquinarios de la CUP se han sumado. Ellos se oponen "a todas las formas de terrorismo fascista fruto de las lógicas internacionales del capitalismo". Acabáramos...

Mohamed Saleh, respetado imán de la mezquita de Las Palmas, lo tiene perfectamente claro: "El fanatismo los acaba convirtiendo en monstruos".

"Sean de donde sean estos terroristas, que se haga justicia y que la ley caiga sobre ellos...".

Pero pronto las redes, azuzadas por el equilibrismo de la equidistancia de Iglesias, se han llenado de videorecuerdos de las relaciones del jefe de los morados con Irán a través de la financiación de HispanTV, que empezó a ser sostenida por el ultraconservador presidente jomeinista Mahmud Ahmadineyad. Hay una explicación que da un pedagógico y didáctico Pablo Manuel Iglesias en 2014 en un recoleto acto de jóvenes comunistas radicales. El líder de Podemos citaba el episodio de cuando los alemanes le pusieron un tren blindado a Lenin para que fuera hasta Moscú y allí desestabilizara a la monarquía rusa. "Así es la política", confesaba con voz meliflua el predicador de la nueva política y el derribo de la vieja casta. Pues, siguió, "a los iraníes les interesa que se difunda en América Latina y en España un discurso de izquierdas para debilitar a sus adversarios..."

Uno siempre es esclavo de sus palabras, sobre todo si sale en youtube con audio e imagen, hasta que la muerte nos separe.

Es decente y además prudente, hacer alguna pregunta. Por ejemplo, si Iglesias y el núcleo duro de Podemos se ha prestado a colaborar con Irán para llevar un discurso desestabilizador a América Latina (¡pobre Venezuela!), en España... ¿no puede interpretarse por Teherán que estampar la firma en el pacto anti-yihadista rompería este compromiso tácito con el régimen de los ayatolás?, ¿no puede ser esta la causa verdadera para quedarse fuera del acuerdo de las fuerzas constitucionalistas españolas?

Tras el argumentario podemita, en varias tertulias sus simpatizantes hacen uso de la propia creatividad, y así explican, con cara solemne, que total, el Pacto Antiyihadista solo se ha reunido una vez en un año, y que en realidad no sirve para nada. Falso. Ha servido para lo mismo, mejorado y ampliado, que para lo que sirvió su antecesor el 'Pacto de Ajuria Enea', para acoplar las leyes a la dinámica del terrorismo ahora global, que va adaptándose a la realidad tecnológica del siglo XXI mientras sigue a pies juntillas hábitos del medievo.

Y sirve, a mayores, para que la foto y las reuniones en circunstancias decisivas reflejen la firme unidad de todos los demócratas. Es como el grito espontáneo en la calle de "no tenemos miedo", que no es sino una reedición actualizada del "basta ya" de los vascos hartos de ETA.

Claro que, naturalmente, esa foto de unidad y determinación no ayuda precisamente a desestabilizar a las instituciones de la democracia española, sino todo lo contrario.

La cúpula morada, por ahora, y siempre de acuerdo con las explicaciones de Pablo Iglesias a los lobeznos de la camada, palabras que ruedan y ruedan sin parar en youtube, parece que va feliz y despreocupada a bordo del famoso tren blindado que los agentes del Káiser le pusieron a Lenin en la primera guerra mundial para que volviera a Rusia a hacer la revolución bolchevique, y así debilitar al Gobierno provisional encabezado por Kerensky, que sustituyó al zar Nicolás II. Solo que, en este caso, el tren es iraní y va en dirección prohibida conducido por unos integristas, autoritarios y teocráticos ayatolás que quieren imponer su sharia y su yihad y sus cuentos de las mil y una noches... tenebrosas. Y si no, que se lo pregunten a Salman Rushdie.

Troyanos, en fin.