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Cuando Aznar instó al PP a gobernar sin complejos... y le hicieron caso

26/04/2017 13:03 CEST | Actualizado 27/04/2017 07:22 CEST
EFE

"San Google bendito" -que dice una periodista que ama la Historia, y que ya puede prescindir, como yo, de pilas de recortes y cartapacios- hace aflorar, cada vez que uno pone en el buscador la palabra "complejos", una frase archirrepetida de Aznar: "Hay que gobernar sin complejos". Esta exigencia a los militantes y dirigentes del PP es como las fuentes del Nilo de la corrupción que ahora atormenta a los populares.

La desvergüenza que envuelve estos escándalos que no cesan siempre es consecuencia de la falta de escrúpulos y de un consentimiento tácito, pasota, del entorno. Sin un ambiente crítico, vigilante, sin una convicción arraigada de que sin honestidad, el imperio de la ley en que se sustenta la democracia y su vertebral principio de igualdad es un concepto vacío.

"Aznar insta al PP a afrontar sin complejos la campaña del 25-M" (de 2003), titulaba El Periódico de Aragón una crónica de un mitin del líder de la derecha en Segovia. "Con el alivio de que la guerra de Irak ha entrado ya en su recta final..." explicaba, el presidente del Gobierno pedía a los militantes y afiliados que fueran a las elecciones "sin complejos". Y fueron, mientras la calle, con el No a la Guerra, se les echaba encima. (Hagamos un paréntesis. Esto de la falta de complejos, cuyo sinónimo exacto es falta de vergüenza, está también en la raíz de la podredumbre organizada del nacionalismo chupóptero catalán representado por el exhonorable Pujol, su clan familiar y su tribu-nación y toda la servidumbre solícita, que miró para otro lado... desde aquella estafa de Banca Catalana, principio del big-bang. Fin del paréntesis.)

El 13 de marzo de 2005, después de que pasara lo que pasó el 11-M de 2004, la gran matanza de los yihadistas en Madrid, y las mentiras de Aznar, el nuevo presidente, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero intervenía en el Comité Federal del PSOE. Según El Periódico, explicó que había quedado atrás "el método de 'gobernar sin complejos' que soportamos durante años. Eso era gobernar sin respeto, con malos modos..."

Pero el perro es perro, aunque se críe entre premios Nobel. El 21 de febrero de 2012, el diario La Razón, al que no se le puede acusar de antiaznarista precisamente, titulaba: "Aznar insta a ejecutar las reformas sin complejos...". Y transfería la intención de las palabras del líder emérito, explicando lo que no necesitaba explicación: Aznar dijo "primero, que tienen que gobernar y hacer uso de la mayoría absoluta que le han dado los españoles en las urnas para aplicar el programa del partido sin complejos".

Y le hicieron caso. Sin complejos se lanzaron a una orgía de privatizaciones y de frivolidades financieras con el manejo de los fondos públicos que traspasaron todos los límites de la prudencia y los hábitos saludables. Creyeron que la mayoría absoluta era como los credos y padrenuestros que los curas imponían para perdonar los pecados y acceder a la vida eterna amén. En esa falta de complejos en políticas que machacaron a la clase media y atormentaron a la gente decente, creció la semilla de la indignación y se abonó el terreno a los brotes tiernos de Podemos, que había aprovechado, con ese gran sentido táctico que caracterizó a los brujos bolivarianos -predicando la guerra justa- las medidas paliativas de emergencia ante la crisis que se abalanzó sobre España en la cuenta atrás de Zapatero.

"Si la honestidad no fuera una exigencia, debería ser un cálculo", dice una conocida sentencia. Es una estupidez preguntar retóricamente qué fue primero, si el huevo o la gallina. Con toda seguridad, fue la gallina, pues ni los bebés ni los huevos hubieran podido desarrollarse en un ambiente tan hostil como el de los primeros millones de años de la creación del Universo aunque...

La financiación del partido, convertida en todo por la patria, al no haber evaluado correctamente los riesgos, se convirtió en un camuflaje y una oportunidad para el enriquecimiento personal y familiar.

Lo que sí se sabe es cómo el huevo de la corrupción se incubó en el PP, y se hizo niño, luego adolescente y, al final, graduado con máster en el oficio. Empezó por la falta de complejos, que pronto se extendió a la vida cotidiana de los órganos de dirección del gran partido de la derecha nacional. No conviene olvidar, para la precisión del análisis, que si bien una de las cosas que dejó Felipe González tras los escándalos que hicieron tambalear al PSOE fue la creación de la Fiscalía Anticorrupción y la Agencia Tributaria, otra de las cosas que hicieron en sus primeros meses tanto Aznar como Rajoy fue acosar a ambos organismos, debilitándolos hasta tal punto que, desde Bruselas, se les afeó una conducta que se consideró impropia y peligrosa, y que afectaba a acuerdos de ámbito comunitario.

¿Obedecía este desdén -similar al que muchos alcaldes, presidentes de diputaciones o de comunidades autónomas, o rectores o equipos de fútbol tienen ante el trabajo de los auditores y supervisores sean internos o externos- a una voluntad expresa de ganar espacios de impunidad? Probablemente, en sus inicios no. Nunca hay que desdeñar ni la importancia de la idiotez ni la toxicidad del engreimiento de la púrpura.

No obstante, el hecho cierto es que, entre la falta de complejos, la creencia de que una mayoría absoluta implica el poder absoluto de hacer lo que a uno le da la gana, sin tener en cuenta los equilibrios en que se sustenta la armonía social, constituyó un excelente caldo de cultivo para la extensión de patógenos: la forma en que se cerró el caso Naseiro fue la placenta propicia para que el estiércol rodara cuesta abajo hasta convertirse en bola, y esa bola en maloliente vertedero orgánico.

La financiación del partido, convertida en todo por la patria, al no haber evaluado correctamente los riesgos, se convirtió en un camuflaje y una oportunidad para el enriquecimiento personal y familiar; y al final, el objetivo fue el enriquecimiento personal y no la financiación del partido, que podía haberse resuelto ex aequo por una ley y por la práctica de la austeridad. Ambos ingredientes, las donaciones irregulares o cajas negras y la cuenta corriente, son ilegítimos y perversos, y ambos se retroalimentan y tienen un gravísimo efecto secundario: el efecto adormidera sobre la moral pública.

Es verdad que Mariano Rajoy adoptó algunas medidas legislativas. Más a remolque de la oposición y del cabreo estadístico y callejero de la opinión pública que por propia iniciativa, pero fueron neutralizadas por la operativa real: repásense los argumentarios elaborados por el departamento de contrainformación y propaganda, o como se llame, y coreados por la coral de portavoces como los jóvenes coreábamos en los colegios de curas las incomprensibles y monótonas letanías en latín. Lo cual venía complementado con advertencias nada sutiles, "sin complejos", a los magistrados, jueces y fiscales que se salían del plato de porcelana.

Viendo a todos los personajes de la corte de los milagros desfilar por los juzgados y entrar en las prisiones o convertirse en apestados sociales -antes tan altaneros, ahora tan despreciados, por unos como golfos, por otros por chapuceros e incompetentes-, recuerdo un proverbio saudí moderno: "Mi padre –decía un jeque, supongo- iba en camello; yo voy en coche; mi hijo tiene un avión privado.... su hijo irá en camello". Encima, el hijo y los nietos y toda su descendencia se avergonzarán mientras dure internet de la memoria de la escoria familiar.

Y así pasan las cosas. El ministro de Justicia (sic) Rafael Catalá envía un SMS a Ignacio González deseándole "que se cierren todos los líos". Antes, este jurista que no sé yo de dónde ha sacado el reconocido prestigio que le alaban sus correligionarios, afirma que "las urnas saldan las responsabilidades políticas por los casos de corrupción". (EL PAíS, 28 de noviembre 2016). Sin complejos. El secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, recibió a Pablo González, hermano de Ignacio González el 8 de marzo. Sin complejos. Jorge Fernández, el ex ministro mariano del Interior, ya había dado ejemplo recibiendo en su despacho a Rodrigo Rato el 29 de julio de 2016. Naturalmente, sin complejos.

Mariano Rajoy indicó el camino posterior y reflejó el instinto del animal ¿sin querer? con aquel SMS a Luis Bárcenas "el puto Amo" diciéndole "Sé fuerte Luis". La Guardia Civil interviene y graba una conversación de Ignacio González con otro gran prócer valenciano, Eduardo Zaplana, en la que el ahora encarcelado expresidente de Madrid le dice al expresidente de la Generalitat y exministro: "A ver si podemos colocar a Moix en Anticorrupción. Es un tío serio y bueno". ".... Yo creo que va a ser él, si sale, es cojonudo". Sin complejos, cojonudamente.

Y el desparpajo pijo de Esperanza Aguirre, la del patio de ranas que produjo tal milagro de multiplicación que supera al de los peces de Jesucristo. Ha dimitido tres veces, y reduce su culpa tras el 'tamayazo', lleno de interrogantes, a que no vigiló lo suficiente y que a ella, la pobre cazadora de talentos, la engañaron unos vivales carotas. Sin complejos, claro.

Tal cual.