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Equivocado y empecinado

03/01/2017 07:29 CET | Actualizado 03/01/2017 07:29 CET

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Iñigo Errejón y Pablo Iglesias (Foto: GTRESONLINE).

Por fin Pablo Manuel Iglesias ha dicho que se ha equivocado, pero lo ha dicho no porque sea él quien se haya equivocado, no, sino porque es una forma de colectivizar las culpas. De transferir las responsabilidades. Y para no salirse del guión, lo ha leído. Con toda su experiencia en los platós, lo ha leído. Con tanta seguridad en sí mismo, lo ha leído.

Tanto criticar al Rey y por lo menos Don Felipe lo disimula con el telepronter. Sin embargo, don Felipe quizás tuvo una pequeña ironía en su mensaje navideño que ha pasado desapercibida - a lo mejor fue una casualidad- cuando señaló la necesidad de "profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas...". Un lugar común en el jefe de Podemos. Pero el verdadero fondo de la carta navideña a "los inscritos" del líder sorpresivamente empatado me sonó, reminiscencias de las lecturas del Nuevo Testamento, a una "carta a los intrigantes", que es una reducción del pluralismo a algo que puede convertirse a pesar de las buenas intenciones en la antítesis de la democracia: "unidad, compañeros, unidad". La cuestión es, con perdón de Lenin: ¿unidad para qué?

Cuando vi en La Sexta la noticia, creí que era una inocentada. Con esta gente nunca se sabe. Una vez esa Teresa o ese primo de Rajoy que todos tenemos cerca me hizo ver que así como casi todos los reyes tienen un mote, a Pablo Iglesias, por sus méritos propios e intransferibles, le corresponde el de 'el equivocado'. Cada vez que da un titular, al poco viene otro contradictorio. Es un discurso que no tiene puntos y aparte sino una sucesión de entre paréntesis. Perdió la ocasión de un gobierno socialista, no solo cuando votó no a la investidura de Pedro Sánchez, sino cuando habló de la 'cal viva' en el hemiciclo demostrando ser un fiel aliado de la 'pinza' que quiso ser tenaza pero no pudo. Quemó las naves. Y las incendiadas no suelen flotar.

Y es que para sobrevivir en un mundo político que, en condiciones normales, no lo amamantaría, y en un movimiento de amalgama que quiere ser partido, uniendo hierros, metales y quemadores, tiene que inventarse un enemigo. Un buen enemigo interior y un buen enemigo exterior. En su mensaje de perdón por la molestia, en el que le recordaba a Iñigo Errejón que a la horca se va alegre y contento por la Causa, y se prohíben las protestas en las purgas, hay una frase estremecedora: 'Lo que pensábamos que podía ser un debate sano se ha convertido en la mejor arma de nuestros enemigos. Seria humillante que lo que no lograron los poderosos y sus aparatos lo hiciéramos nosotros'.

¿Los poderosos?, ¿sus aparatos? ¿Pero de quienes han recibido el fuelle?

No es muy frecuente en la política nacional que un político hable de 'nuestros enemigos'. ¿A quién podría referirse? ¿a los yihadistas? ¿a los terroristas de ETA? No lo parece porque Otegui es uno de sus grandes descubrimientos; a los inevitables comunistas en la guerra fría tampoco parece probable, porque él fue uno de ellos y admira a Anguita, lo cual ya es de doctorado en psicología clínica.

¿Se referirá acaso a los otros partidos constitucionalistas? Pues eso parece, y lo cierto es que no recuerdo a Felipe González, a Carrillo, a Suárez, a Zapatero o a Sánchez, hablar de 'nuestros enemigos' refiriéndose a 'nuestros adversarios'. A lo mejor en un mitin de UGT o de CCOO se cuela lo de los 'enemigos de clase', pero esa retórica no forma parte del lenguaje político habitual. Sí recuerdo que todos los partidos decentes consideraban a ETA el enemigo. Como es natural por sus casi mil asesinatos, la extorsión, el miedo, la kale borroka...y su empeño en destruir la democracia.

Él sí ha dado señales claras sobre a quiénes considera sus 'enemigos'. A los que ha intentado, en presencia o a distancia, acallar, por ejemplo, en recintos académicos, donde en base a una autonomía universitaria 'tampax' organiza escraches a Rosa Díez, Felipe González, Juan Luis Cebrián...abriendo la cacería.

Sorprende el entorno con olor a franquismo apolillado. La frase "lo que pensábamos que podía ser un debate sano...", ¿no tiene un sentido similar a la definición de crítica política en el franquismo: "contraste de pareceres dentro de una ordenada concurrencia de criterios?"

No. Todo indica que con el señuelo del enemigo exterior, ese que tan hábilmente usaba Hassan II para su Marcha Verde y pasar la página de los 'años de plomo', estaba denunciando al 'enemigo interior', a su colega Iñigo Errejón y los suyos, que deben conformarse con el honor del martirio. Eso es muy yihadista. Los tarados suicidas creen que se inmolan porque en el paraíso les esperan un montón de vírgenes en jornadas completas por toda la eternidad.

Pero sorprende el entorno con olor a franquismo apolillado. Veamos esa frase de "lo que pensábamos que podía ser un debate sano...". ¿No tiene un sentido similar a la definición de crítica política en el franquismo: "contraste de pareceres dentro de una ordenada concurrencia de criterios?". A esa ordenada concurrencia de criterios es a lo que hace un llamamiento Echenique, que ha encontrado una posición de centro que de momento sirve para tapar la botella, y hace de corcho, pero en cuanto la botella se abre lo primero que se tira al cubo de la basura es el corcho.

Los afines a Iglesias no respetaron la navidad con su lema de obligado cumplimiento #IñigoAsiNo. Que cobra su verdadero significado en las organizaciones caudillistas cuando la jefa del gabinete del 'Querido Líder' defendió la campaña orquestada contra el número 2: "Cuando el debate se convierte en fractura, cuando el debate termina por hacer daño al proyecto es cuando creo que tenemos un problema".

¿Cuándo el debate pasa a ser fractura? Sencillamente cuando Iñigo Errejón casi empata con Pablo Manuel Iglesias. En ese preciso instante la democracia interna se guarda en la caja fuerte. Como decía Fidel a los intelectuales: dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución, nada. Teniendo la Revolución un nombre, hasta la senilidad: Fidel.

Lo grave es el silencio. Un silencio estupefacto. Pues...¿no ha sido Pablo Iglesias quien ha ido metiendo la pata con rara habilidad? ¿acaso no ha sido él quien ha iniciado todas las ofensivas? ¿no ha sido él quien siempre ha desenterrado el hacha? Claro que a lo mejor es que le ha cogido gusto a fumar en pipa, como los jefes de las tribus indias, que quedaban traspuestos.

Hay otro personaje, sin coleta pero con rebuscado tupé de Barbie macho, Donald Trump, que traerá muchos problemas a su país y quizás al mundo, preparémonos para una sucesión de sobresaltos chavistas en la Casa Blanca, con 'aló presidente' incluido, que ha felicitado el año nuevo "a mis muchos enemigos y aquellos que han peleado contra mí que ahora simplemente no saben qué hacer. ¡Amor!". Y por el bien de todos, ojalá que los tenga, muchos y buenos.

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