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Esta es la 'incómoda' realidad del PP: o inicia una catarsis o se hunde el barco

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Foto: EFE

En el PP hay decenas de miles de militantes, millones de votantes que lo están pasando mal. Uno de ellos es un alto cargo, ahora en clases pasivas, políticamente hablando, que sufrió un shock el día en que su hijo adolescente le preguntó: "Papá, dime una cosa ¿a ti también te dan sobres?". El hombre negó con pasión y rubor. "Yo soy una persona honrada".

Son muchos los honestos de las filas populares que empiezan a cansarse de tantas mentiras. De darse cuenta de que durante muchos años han sido engañados por quienes tenían su confianza y hasta su admiración. Un inspector de Hacienda se cansó un día de aceptar disculpas que él sabía falsas y dio un portazo. Pero millones de españoles las dan por ciertas siguiendo el catecismo salido de las catacumbas de Génova 10 que saca en forma de argumentarios la verdad revelada, cocinada al dente, cuyo código de caducidad tiene vencimiento al día siguiente de que la prensa publique el último escándalo.

Pero ya se ha agrietado el dique que contenía las discrepancias. Barones territoriales, dirigentes de la cúpula, cansados de que les saquen los colores, han empezado a marcar distancias. Cien veces se ha negado la evidencia y cien veces se ha terminado por reconocer. Eran una sucia mentira los rumorees sobre las Gurtel, y terminó siendo una incómoda verdad; era mentira que Rato fuera un bluf y un aprovechado, y terminó siendo una asombrosa verdad; era mentira que Blesa fuera un atildado caradura en Caja Madrid, y terminó siendo un apestado, trincado in fraganti con las tarjetas black; era mentira que el PP valenciano fuera una organización dedicada al oficio de comisionista, pitufeo y cohechos varios, y tuvo que ser aceptado lo que ya era de dominio público; era un ataque de envidia la acusación contra Camps, y se hizo lo que se pudo en los juzgados; fue un aviso que no se atendió, y como dicen las leyes de Peter, todo lo que puede empeorar, empeora sin remedio; Jaume Matas, el presidente balear y ex ministro que era un ejemplo a seguir, mutó en vulgar delincuente... y ahora lo de Rita Barberá.

Las vergüenzas que ahora afloran a borbotones derivan de la opacidad y el cohecho en los contratos públicos.

El cerco se ha ido estrechando a la alcaldesa alegre y arrogante, no podía ser que casi todos sus concejales fueran unos corruptos -supuestamente, eso ya se verá en los juicios- y que la jefa fuera un alma cándida. Ella, que lo conocía todo, no podía ignorar lo más importante. La letra de las coplas que se cantaban por la calle y los mensajes de las fallas. Y por comparación con esta senadora, agarrada como una lapa al escaño desde que tuvo que salir de Valencia, la caída de Esperanza Aguirre, que tampoco se enteraba, y que se marchó preventivamente cuando el fuego ya la quemaba, con su número dos Francisco Granados en la cárcel, y otros de su círculo de poder madrileño imputados...

El antídoto para los escándalos ha sido omeprazol para una septicemia. "El único partido condenado por corrupción es el PSOE", se sigue diciendo desde el gabinete de estrategia del PP. ¿¿Y qué?? El SIDA, al principio, solo afectó a una persona en EE UU. Luego los epidemiólogos fueron haciendo su trabajo: localizar a todas las personas que hubieran estado en contacto con los portadores y llegar al foco. Eso le está pasando al PP, solo que en vez de epidemiólogos sanitarios hay unos epidemiólogos fiscales, judiciales y policiales. No era toda la verdad que el PSOE fue el único condenado; el caso Naseiro por no ser tratado a tiempo, degeneró en una necropsia muy extendida del tejido moral.

El domingo 22 de marzo de 1987 publiqué una larga entrevista con Rajoy en Faro de Vigo. Uno de los temas clave fue la corrupción, que desprendía un fuerte hedor. La oposición le recriminaba que cuando fue cooptado a la vicepresidencia con Gerardo Fernández Albor prometiera averiguar lo que había de la corrupción "y que después se rajó", y que en el fondo de lo que se trataba era de "cambiar un cacique por otro". Lo rechazó con la misma rotundidad con que ha rechazado los cientos de episodios posteriores. "Ese tipo de versión no la admito. Nunca he hecho ese tipo de manifestaciones sobre mis compañeros (...). Lo que sí tengo claro es que la gestión de la Administración pública tiene que ser transparente y eficaz: concursos públicos, igualdad de oportunidades (...) Nunca he fomentado el clientelismo. Siempre he procurado coger el mejor para cada cargo público".

Eso dijo. Y eso sigue diciendo. No se puede negar que es un hombre coherente: lleva casi treinta años con el mismo discurso. Claro que los hechos le llevan la contraria. Las vergüenzas que ahora afloran a borbotones derivan no de la trasparencia y la buena fe, sino de la opacidad y el cohecho en los contratos públicos. Y eso de que siempre elige a los mejores, necesita algunas matizaciones. Si él creía, sinceramente, que Matas, Bárcenas, Rato, Camps, Fernández, con sus condecoraciones a la Virgen, su 'policía patriótica' y la ley mordaza; o Soria, con sus mochila de sospechas bananeras y despropósitos como el impuesto al sol; con Wert haciendo burradas en la educación y en la universidad, con Ruiz Gallardón destrozando la tutela judicial efectiva con una barrera infranqueable y anticonstitucional...si estos, en fin, son los mejores, francamente -dicho sin segundas- tenemos un problema.

Cuando Felipe González comprobó la gravedad de la corrupción que le acosaba creó, en abril de 1995, un año antes de perder las elecciones, la Fiscalía Anticorrupción. En 1990 ya había puesto en marcha la Agencia Tributaria. Ahora le toca a Rajoy tomar una iniciativa que no sea humo de pajas. Dar una señal a los españoles. Un STOP. Y un reconocimiento de la culpa por mirar hacia otro lado. O la oposición, si no quiere desaparecer, tomar la iniciativa.