BLOGS

Esta es la verdad: se pinchó el globo y los separatistas perdieron el plebiscito

27/12/2017 07:27 CET | Actualizado 27/12/2017 07:28 CET
EFE

Los conspiradores separatistas, en cuanto el Gobierno de la Nación tramitó el artículo 155 de la Constitución, que llevaba en su alforja la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas, se apresuraron a plantear los comicios del 21 de Diciembre como un plebiscito. Ellos o nosotros. Los que nos roban o los que robamos. Los que han guardado el silencio de los corderos, que en su pecado de omisión llevan la penitencia, o los que manipularon con todos los medios, incluidos los ilegales, el cerebro colectivo.

No consta en su programa común ninguna acción que no fuera la famosa 'matraca' de la independencia: con ella se alcanzaría lo que la Generalitat nacionalista no pudo alcanzar en décadas: la felicidad del pueblo catalán, por fin dueño y señor de su paraíso. El himno nacionalista dejó de ser 'Els Segador' para pasar a ser el mundialmente conocido, y traducido a varias lenguas, "el patio de mi casa es particular, llueve y no se moja como los demás".

La versión 'referéndum' de las autonómicas fue un fracaso: 'espiritualmente' hablando ganó el NO a la independencia por unos 200.000 votos de diferencia

Pero a pesar de sus deseos, muy propios por improbables y milagreros de estas fechas de Papá Noel y los Reyes Magos de Oriente (Cataluña viene a ser el oriente español) la realidad les llevó la contraria, una vez más. A pesar del victimismo y el martirologio, a pesar de un Tribunal Constitucional que aplicó la Constitución y la interpretó conforme a su letra y su espíritu, y en el entorno doctrinal europeo, y a pesar de un Tribunal Supremo que aplico las leyes, y de unos jueces que siguieron metiendo a políticos (de todos los partidos) en la cárcel... pese a todo eso, y al guineo constante con los coros bien orquestados mediante la masiva prevaricación informativa a través de los medios públicos y subsidiados, la versión 'referéndum' de las autonómicas fue un fracaso: 'espiritualmente' hablando ganó el NO a la independencia por unos 200.000 votos de diferencia

Por lo tanto, 'respetar el resultado de las urnas', como pedían al Gobierno y a los partidos constitucionalistas machaconamente, y con manifiesta doble intención, los jefes de la conjura, cuyo camino había preparado el ex nada Molt Honorable Jordi Pujol nada más hacerse con la jefatura del gobierno regional, tiene que circunscribirse en la legislatura que empezará en enero a la política ordinaria de la Comunidad, con arreglo al Estatuto de Autonomía, cuya vigencia han repuesto 'ex aequo' las Cortes y el Gobierno de España. Educación, carreteras (sin 3%), viviendas (sin 3%), sanidad sin 3%), y a restaurar los cimientos del Estado de Bienestar que Artur Mas y los 'puigdemones' han dejado en ruinas.

La situación en Cataluña es totalmente anormal, si se tiene en cuenta la cantidad de falsedades, mentiras, cortinas de humo y trapisondas en que se ha basado el 'marketing' de la trama

De cualquier manera, asombra ese millón de votos que han obtenido los independentistas, que son muchísimos ciudadanos talibanizados – en el seno de la UE- como para considerar que la situación en Cataluña es 'normal'. Nada de eso: es totalmente anormal, si se tiene en cuenta la cantidad de falsedades, mentiras, cortinas de humo y trapisondas en que se ha basado el 'marketing' de la trama. Claro que también hay que considerar que por lo general toda la prensa catalana, incluso la más o menos independiente, aunque sea por conveniencia presupuestaria, y la española por buenismo y extravagante bien quedar, han mantenido una actitud más contemplativa que beligerante contra la trampa y la sinrazón.

Solo en el tramo final del 'proceso', con el are gélido que subía por el precipicio, se multiplicaron los artículos desmitificadores y críticos que ponían de relieve las aristas de la gran mentira. Hasta ese momento los columnistas antinacionalistas, que pronosticaron certeramente el desenlace de tanta impostura, tanto compadreo y tanta permisividad con los 'soberanistas', eran solo una minoría, y encima, pese a su valentía y rigor analítico, eran tildados despectivamente de 'españolistas' y 'obcecados', invirtiendo la 'carga de la prueba'. ¿Porqué se puede ser humanista, europeísta, catalanista, andalucista, galleguista, vasquista y no españolista?

Cientos de miles de catalanes, gracias al metódico lavado de cerebro programado por Pujol cuando se desembarazó de Tarradellas, han ido abrazando la fe independentista, cosida con unos cuantos alfileres

La clave está en la masa que ha venido horneando con mucha paciencia y con la ayuda de los mejores chef de la fritura populista el 'pujolismo'. Cientos de miles de catalanes, gracias al metódico lavado de cerebro, perfectamente programado desde los años 80, cuando Pujol se desembarazó de Tarradellas, han ido abrazando la fe independentista, cosida con unos cuantos alfileres. Esa tribu creyente, que se veía como profética de la única verdad revelada ya desde Atapuerca y Altamira que hacía del catalán el pueblo verdaderamente elegido, podía ser representada con los tres monos, el que no ve, el que no oye y el que no habla; solo sigue las consigas.

¿Cómo explicar esta ofuscación de destrucción mental masiva, a la que, como en la 'canción del pirata', "ni tormenta ni bonanza/su rumbo a torcer alcanza?"

En esas estábamos cuando me acordé de una conversación de media docena de ancianas de Las Palmas de Gran Canaria, todas por encima de los ochenta y tantos, en la terraza del Club.

Doña María del Carmen L. le confesaba a mi madre que habían tocado en el timbre de su puerta "dos de esos chicos tan guapos, rubios, con pantalones negros y camisa blanca, mormones creo, que querían hablar conmigo de religión, y hasta me regalaban una biblia".

-¿Y los dejaste entrar?, preguntó mi madre.

-No, no, por Dios.

-¿Temías que te convencieran?, aportó otra, con una pizca de malicia.

-No, no. A mí no me convence nadie a estas alturas de la vida. Lo que me preocupaba era que me pudieran hacer dudar. Miren, a nuestra edad, no podemos tener incertidumbres, preocupaciones, desazones... Bastante tenemos con las cosas de familia. Y que sea lo que Dios quiera.

Todas asintieron; aunque una rezongó por lo bajini "y que nos quiten lo bailado".

El 'conflicto de Québec' y sus enseñanzas, tantas veces usado como modelo por los 'indepes', debiera aconsejar a Puigdemont y Junqueras olvidar al menos en la nueva legislatura el sueño golpista

La diferencia es que ellas, viudas con muchos trienios desde que despidieron los ataúdes de sus maridos eran octogenarias, y con mucho sentido del humor y capacidad de asimilación en su 'curriculum vitae'. Y el público que ha cerrado sus cerebros a la verdad y al razonamiento en Cataluña, más en el medio rural que en el urbano, es también joven, cuarentón, que ha padecido la rapiña y el embuste de unos desvergonzados a los que, por el qué dirán, o por el entendimiento de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", han seguido los antisistema de la CUP y unos ambiciosos y deslenguados que han tomado las riendas de ERC.

El gallego Leandro Pita Romero (Ortigueira/Coruña 1898- Buenos Aires 1985) era ministro de la II República cuando Companys declaró la República Catalana. Exiliado en Argentina, cuando visitaba a su familia en Galicia siempre les contaba anécdotas de su apasionante etapa como ministro y diplomático; y uno de los episodios se refería a cuando el entonces presidente de la Generalitat cruzó la raya de la legalidad republicana. Él estaba ese día de Ministro de Guardia, y estuvo en el comité de crisis en el que Lerroux encargó al general Batet que controlara la situación en Barcelona.

"Me impresionó cuando llamamos a todos los gobernadores civiles y a todos los políticos provinciales, y todos nos decían "Soria con la república", "Canarias con la república", "Sevilla con la República..."

Pita Romero era lo que ahora se llamaría un nacionalista gallego, a fuer de galleguista. Como periodista, abogado, intelectual, es una de las referencias del galleguismo. Y sin embargo, en las tertulias familiares en Ortigueira, confesaba a sus hermanos que "en esos momentos me convencí de que el nacionalismo no llevaba a ningún sitio, de que era ir contra la historia". Esa noche se dio cuenta, rememoran unos sobrinos, de que la ideología nacionalista era mala para el país, para España "y para la República", y dejó de serlo. Atento seguidor de la política española vivió para ver la Transición y aprobada la Constitución y el 'Estatut', pero su experiencia personal le hizo pesimista: "El problema catalán a pesar de lo que parece, no está solucionado para siempre, pese a que así pudiera parecer. Resurgirá en algún momento."

Pese al desconcierto por el hecho de que para el bloque que ha ganado el gobierno por los escaños pero ha perdido el plebiscito por los votos nada parece haber cambiado, como si el mundo se hubiera parado de repente, el 155 sigue ahí, 'in vigilando'. S.M. el Rey en el discurso de Navidad lo ha dejado meridianamente claro: "El camino no puede llevar de nuevo al enfrentamiento o a la exclusión, que, como sabemos ya, solo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y, por supuesto, económico, de toda una sociedad".

El 'conflicto de Québec' y sus enseñanzas, tantas veces usado como modelo por los 'indepes', debiera aconsejar a Puigdemont y Junqueras olvidar al menos en la nueva legislatura el sueño golpista. Por el bien de los catalanes, y de ellos mismos. Europa y el Mundo han podido comprobar que es más el ruido que las nueces.

Síguenos también en el Facebook de HuffPost Blogs

ESPACIO ECO