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La herencia (militar) de Aznar y Cia

28/02/2017 07:26 CET | Actualizado 01/03/2017 07:21 CET

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Foto: Reuters.

La 'carta de los ocho' que patrocinó Aznar en apoyo de la aventura iraquí de George W. Bush (publicada por la prensa mundial el 30 de enero de 2003), y que reunió a un grupo de mandatarios europeos que se desgajaron del engranaje de la UE para respaldar al presidente norteamericano en la insensata guerra de Irak, además de ilegal con arreglo al derecho internacional, una fenomenal chapuza, fue una puñalada trapera al proceso de unidad europeo y una grave irresponsabilidad.

Esa 'carta', que en principio iba a ser una 'carta abierta' pedida a Aznar y Berlusconi por la sección de Opinión del Wall Street Journal, que el servilismo de los destinatarios convirtió en ridículo seguidismo, dinamitó la unidad europea y quebró las incipientes políticas de seguridad y defensa común y de acción exterior. En esa estupidez, donde el único ingenuo era el checo Vaclav Havel, aún con los golpes de la represión comunista frescos en su espalda, empezó el declive del proyecto Europa Unida. El documento se coció frente a una declaración unánime del Parlamento Europeo, elegido democráticamente por los ciudadanos, y al eje franco-alemán dirigido por el presidente francés Jacques Chirac y por el canciller de Alemania el socialdemócrata Gerard Schroeder.

A unas brillantes generaciones de estadistas europeístas convencidos, que renunciaron a importantes parcelas de soberanía en beneficio del proyecto común, le sucedió una de mediocres gobernantes que, con excepciones, no alcanzaban la talla de estadistas según los principios fijados por Sir George Bernard Shaw y generalmente aceptados: político es el que piensa en las próximas elecciones, estadista es el que piensa en las próximas generaciones. Cuando el sabio señala al cielo, dice un famoso refrán indio, pero no solamente, el tonto mira al dedo. Aznar y sus abajo firmantes miraron al dedo...de Bush. Fue una artera maniobra contra Alemania, Francia, y el resto de los socios. Desaparecidas de la primera fila, encima, las grandes figuras, entre ellas los voluntariosos Michel Rocard y Javier Solana, míster PESC, y ex secretario general de la OTAN, la Europa que iba a tener una política exterior y de seguridad común quedó huérfana y humillada.

A partir de entonces todo fue a peor. A pesar de que la UE, desde su nacimiento, ha fortalecido su unidad después de crisis internas de distinta intensidad, nunca se había producido un declive tan sostenido... que ha sido la 'kerkaporta', dejada semiabierta por los bizantinos en un descuido, o una traición, por la que han entrado, como los jenízaros otomanos del sultán Mehmed II en Constantinopla el 29-30 de mayo de 1453, los movimientos nacionalistas, populistas y neocomunistas con coro de plañideras (¿y plañideros?) incluidos. Todos juntos, en fraterna comunión la ultraderecha y la ultra izquierda, han designado a la Unión Europea y su estilo de vida, su civilización actual, como el enemigo común a batir. Y el 'zar' Putin batiendo palmas y bailando el 'kasachok', un baile cosaco para el que los expertos consideran imprescindible una buena ingestión de vodka.

El ostracismo europeo tuvo como consecuencia un creciente protagonismo de Estados Unidos; sobre todo en lo relativo a la defensa. Barack Obama ya llamó la atención sobre el escaso esfuerzo en la renovación y fortalecimiento de las capacidades militares. Esto llegó a un grado de alarma cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, retomó la doctrina tradicional, desde los zares, de contar con un área fronteriza, lo más amplia posible, de influencia y seguridad. Los 'estados satélites' o países de soberanía limitada. Aunque se veía venir, tanto los estrategas de la OTAN como los estados mayores y analistas y periodistas, la anexión de Crimea, la partición de Ucrania de facto, los desafíos en la mitad norte del continente- con especial presión en los desguarnecidos y débiles estados bálticos, algunos con una activa quinta columna rusa- encendió las luces rojas. Otra vez, fue Estados Unidos, con Obama al frente, quien lideró la respuesta, si bien es verdad que los miembros de la OTAN, y España en lugar destacado, aportaron fuerzas aéreas, especialmente, más para hacer notar la solidaridad de todos con los territorios bajo amenaza, que como efectivo instrumento para repeler una agresión y tomar represalias.

Así, a los problemas externos, al enemigo de fuera - ahora se sabe casi con total certeza que Moscú ha azuzado los conflictos internos derivados de la multiplicación de populismos de ultraderecha y ultraizquierda, xenófobos, eurofóbicos, practicantes del odio, que han debilitado aún más la unidad de la UE, imprescindible para que ésta pueda cumplir su misión histórica.

De esta manera, todos los mecanismos de 'relojería fina' que han posibilitado el periodo de paz más duradero de la historia de Europa, y un grado envidiable de civilización y 'estado de bienestar', está en peligro.

Entre tanto, muchos países han reducido hasta extremos peligrosos el gasto militar; y a pesar de que esto puede suscitar rechazo entre el sector tan bien pensante e ingenuo como falto de información real, la fuerte reducción imprudente del gasto militar ha tenido una influencia negativa en la industria, el PIB, el empleo y la influencia internacional de Europa. En España, a todos estos factores, hay que añadir la disolución del ejército 'popular', a base de reclutas, y su sustitución por unidades profesionales. Llegó un momento, en los años de bonanza económica, en que en realidad se trataba de una legión extranjera, con cientos, miles, de voluntarios de otros países, especialmente hispanoamericanos.

Esto, además de otras lecturas, tuvo un impacto regresivo en la vertebración nacional; que quizás era lo que quería Jordi Pujol cuando le exigió a Aznar esta medida para darle sus votos para la investidura. Así lo han reconocido ambos.

A partir de ahora, y poco a poco, pero no lentamente, los estados europeos han de aumentar el esfuerzo militar con presupuestos que en vez de retroceder aumenten.

A pesar de todo, España ha cumplido con las misiones internacionales, soldados y aviones de la fuerza aérea española apoyan a otros contingentes aliados en los cielos de Estonia, Letonia y Lituania para controlar las incursiones de desafío rusas, que buscan sin duda un 'incidente'. El clásico 'incidente'. Submarinos rusos han puesto a prueba los sistemas de alerta nórdicos y modernos 'Tupolev' se han paseado en el límite del espacio aéreo....hasta Bilbao, por toda la orilla. Grupos independentistas catalanes y vascos están muy preocupados, sin embargo, por las maniobras militares españolas en el territorio nacional. Criaturitas de Dios...

Es el punto límite. A partir de ahora, y poco a poco, pero no lentamente, los estados europeos han de aumentar el esfuerzo militar con presupuestos que en vez de retroceder aumenten. País a país, las sinergias colectivas será la clave de la adecuación, o el 'rearme' que suele venir a continuación de cada desarme. La unión de todos los medios bajo una misma estrategia y una misma dirección política pueden alcanzar un alto grado de eficiencia.

No es por las amenazas de Trump, que ha oído campanas, sino, por el contrario, por la necesidad europea de aumentar su grado de independencia de los estados Unidos. La presidencia de Trump demuestra que ya Washington no tiene una política 'plana', no inspira confianza, un populista o un tiburón de las finanzas puede poner en riesgo todos los delicados equilibrios internacionales.

En medio de este panorama, el 'perdón' a España por la carta de los Ocho, y la invitación a formar parte otra vez del núcleo duro', un cuatripartito europeísta sin ambages liderado por el eje franco-alemán con el apolo de Italia y España, es un gesto en la dirección correcta. Que a su vez implica una mayor involucración española en los desafíos colectivos de la Unión Europea. Naturalmente, Alemania, y la 'troika' de recortadores, tiene que revisar su doctrina, que hace tiempo hace aguas y ha quedado 'obsoleta'. Con el actual 'techo de gasto' y una mal entendida y peor aplicada 'austeridad' no se puede cumplir con el objetivo estratégico de aumentar el poder militar conjunto.

Por supuesto, volverán las intoxicaciones rusas - en la crisis de los euromisiles la URSS financió generosamente a los movimientos pacifistas, en los que empotró a 'prestigiosos' intelectuales a los que les faltaba un hervor o les sobraba una avaricia nada solidaria- a través del pirateo informático y de la redes sociales, llenas de idiotas, tramposos y resentidos de barra de bar y psicología de aguardiente servido con generosidad. Y algunos populismos de escenario, o de platós, se rasgarán las vestiduras y pedirán el desarme unilateral y la autoflagelación comunitaria.

Pero, como ya le ocurrió varias veces al PCE y a IU, las ciudades astillero, Cádiz, Ferrol, su 'hinterland' de influencia familiar, la potente industria auxiliar, las universidades con su colaboración en I+D+i, con un fuerte retorno científico y económico... saldrán a la calle para poner las cosas en su sitio y defender los puestos de trabajo frente al 'realismo mágico'. Fue enternecedor comprobar en Vigo, Coruña y Ferrol en aquellos años de la 'crisis de los euromisiles' y el carnaval anti OTAN que mientras en Madrid los dirigentes comunistas predicaban la suspensión de la construcción de corbetas y fragatas... CCOO y UGT lideraban grandes 'mareas' en favor del empleo y la industria; y en la prensa, destacados dirigentes igualaban esta exigencia 'desamarmentística' a unos casi sinónimos, el progreso y la paz. Desde que el hombre tardó dos millones de años en afilar una piedra para utilizarla como arma, como recordaba el antropólogo etíope Sileshi Senan, hasta la fecha, quien tiene más piedras que lleguen a más lados es el que puede mantener la paz. Y la libertad.

En el actual momento de desconcierto europeo, cuando los brujos se han levantado de una larga siesta, hay que recordar las advertencias de Kissinger, citando a Pascal: "Corremos ciegamente hacia el abismo, después de poner frente a nosotros algo que nos impide verlo".

Y en el meollo una estúpida y arrogante 'carta al director' convertida en manifiesto gracias al irrepetible -espero, por el bien de España y del Mundo- José María Aznar y a un grupo de coros y danzas.