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Las 'brigadas moradas' y los periodistas desafectos

13/03/2017 12:03 CET | Actualizado 14/03/2017 07:25 CET
EFE

Vaya por delante que el periodista sin enemigos, sin críticos, que pase desapercibido en su cometido, que no genere polémica, que no se meta en conflictos, que no sea amenazado, denunciado o presionado quizás no sea de los que asumen una misión de riesgo, como los pilotos de combate: publicar lo que el poder, sea el político, el económico o el social, no quiere que se publique y sacar la suciedad, la hipocresía y el desprecio a la ética y a las reglas del juego a la superficie para que los ciudadanos puedan elegir a sus gobernantes y confiar en los líderes, con mayor conocimiento de causa.

Es verdad que en todas partes cuecen habas, pero también lo es que cada haba tiene su temporada. Y ahora toca hablar de Podemos, como en otros momentos ha tocado hablar del PP o del PSOE, o del PNV o de CiU... Sin perder de vista que lo verdaderamente importante no es tanto la táctica como la filosofía, el error como el programa, el escalón como la escalera. Los faros y las boyas en la costa señalan el peligro.

Un agradecido Iglesias se dirigió a unos trescientos activistas podemitas en la Red para reconocerles su anónimo trabajo. Mediados de enero de este año. "Vosotros sois lo más eficaz que tenemos, y esto lo reconocen nuestros propios adversarios, que cuando se ataca a Podemos hay decenas, cientos, miles de personas que a lo mejor solo tienen un teléfono móvil, pero que están dispuestos a discutir tranquilamente sus ideas...". Cierto: "tranquilamente"; pero el secretario general de la formación los denominó "activistas". "Sois las mejores brigadas moradas".

Pero, como decía Umberto Eco un año antes, "las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles". El anonimato y la conciencia de impunidad convierten internet en un territorio sin ley. Y, como en la selva, los primeros que caen son los más débiles y bondadosos.

Tras la presentación de una petición de amparo a la Asociación de la Prensa de Madrid por parte de varios periodistas, ante el presunto acoso y amenazas de gente de Podemos -que probablemente serían de las famosas brigadas moradas- Pablo Manuel Iglesias, y otros portavoces significados, argumentan, como la infanta, que no les consta. Y que sin pruebas, las denuncias no con creíbles. "Que vayan a un juzgado". Que es lo que repite Rajoy ante los escándalos que sarpullen al PP. Por otra parte, no fue muy diligente el propio Iglesias bis cuando, sin pruebas, acusó en el Congreso a Felipe González de tener el pasado manchado de cal viva, en alusión a la guerra sucia de los GAL, que ya es cosa juzgada con los supuestos culpables condenados en sentencia firme. Símbolo de su doblez: por una parte, tendía una mano a Sánchez, y con la otra, le apuñalaba por la espalda.

Los periodistas -algunos, al menos- hemos tenido en las hemerotecas un instrumento fundamental para ver la evolución de ciertos acontecimientos y situarlos en un contexto. Si aplicamos una teoría de la evolución informativa, hay antecedentes que son muy relevantes.

En Youtube sigue rodando el vídeo del escrache a la fundadora de UPyD Rosa Díez, a manos y a gritos de un grupo de reventadores dirigidos por los luego fundadores de Podemos. Tiempo después, ahora mismo, y atendiendo al refrán colonial de que moro viejo no aprende idiomas, 'coincidiendo' con los insultos de Iglesias a Felipe González y a Juan Luis Cebrián, volvió el acoso y el boicot a la libertad de expresión al Paraninfo.

Hoy, lo que procede en el debate nacional es tocar la sirena de alerta ante las sospechas de que haya submarinos en inmersión. Morados.

También muchos recuerdan las acusaciones públicas en sede universitaria del profesor Iglesias a periodistas de medios críticos a los que citó con nombre y apellidos. Fue en abril de 2016 en la presentación del libro En defensa del populismo, de Carlos Fernández Liria, en la Facultad de Filosofía de la Complutense. Allí arremetió contra el trabajo de un reportero de El Mundo, Álvaro Carvajal, y explicó que una "buena parte" de los periodistas "están obligados profesionalmente a hablar mal de nosotros...". Bueno, la crítica es lo que es, tenga las motivaciones que tenga. Los líderes de Podemos, o todo el que quiera sobrevivir a las purgas, también están obligados profesionalmente, porque cualquier desviacionismo implica la expulsión, a hablar mal del PSOE, del PP, de Ciudadanos, de quien ordene la superioridad. La prensa independiente es una mosca cojonera, y algunos políticos ensoberbecidos quieren imitar a la vacas matándolas o ahuyentándolas moviendo el rabo.

Tras el gran escándalo mediático, el profesor que trata de mimetizarse con el alumnado -quizás síndrome de Peter Pan, con su coleta y su enfado con todo el mundo, todo muy adolescente, incluso el gesto crónicamente malhumorado-, aludió a que se trataba de la libertad de expresión "en la universidad". Pero en la Universidad también rigen la Constitución y las leyes. Y la protección de los derechos fundamentales de todas las personas. De todas.

Citaba Moisés Naïm en El País (6 de febrero de 2016) una frase del ensayista H.L. Mencken: "El demagogo es quien predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas". No sé en qué proporción será verdad. Habría que ponderarlo en cada caso. Pero me causa desazón la afirmación del biólogo molecular Juan Modolell cuando decía, en el 2000, que "casi con los mismos genes se hace una mosca o una persona".

La credibilidad y la sinceridad de políticos y periodistas, y en general de todo el mundo, tiene bastante que ver con los modelos que se eligen como dignos de ejemplo como dirigentes. Hay unos, entre los que me incluyo, que tenemos como referencia, por su compromiso social, por su lucha por las libertades, por su ética, por su abnegación, a personas como el socialista Fernando de los Ríos, aquél que le preguntó a Lénin que para cuándo la libertad y Lénin le contestó con su famoso "¿Libertad para qué?" O los socialdemócratas Olof Palme o Willy Brand, al italiano Sandro Pertini, a Adolfo Suárez, pieza clave, aunque no única, de la Transición española, a Felipe González, a los presidentes USA Rooselvelt, Obama, que tuvo que aguantar los delirios psicóticos del Tea Party y del trumpismo y los aguantó con elegancia y espíritu de conciliación; a los grandes estadistas que construyeron la unidad europea tras la gran matanza de la II Guerra Mundial, a Vaclav Havel, a la fuerza de la reconciliación y la unidad de blancos y negros en medio del odio racial que impuso Nelson Mandela.

Otros, en cambio, y es enorme la diferencia, tienen como modelos, hasta la idolatría, a Hugo Chávez, al patético Maduro, al poder popular de los dos hermanos Castro, todos ellos cosidos moralmente por el desprecio a las libertades formales, por la persecución a la prensa, no solo a la libre, sino también a la indiferente, y por la siembra de un difuso, pero aplastante, odio social. Y al esperpéntico Anguita, el califa rojo lleno de resentimiento.

El manejo de la agit-prop, un invento patentado en el leninismo, mezcla de los conceptos de agitación y propaganda, también es un procedimiento de intoxicación aplicado por las falsas democracias y los falsos profetas en su deriva hacia el autoritarismo. ¿Pruebas? Como dicen los Evangelios, por sus hechos los conoceréis; y esos hechos están a buen recaudo en las hemerotecas y en la nube.

En el libro Conversación con Pablo Iglesias, del periodista Jacobo Rivero, publicado tras el boom de las elecciones europeas por Ediciones Turbial, el entonces emergente líder del grupo que se había apoderado de los indignados transversales creados por la crisis y la irresponsabilidad de los partidos afirmaba que "con el fin de garantizar la libertad de prensa", los medios de comunicación, "por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público", para no dejarlos solamente "en manos de multimillonarios"; aplicando el válido y sugerente teorema del pato, que dice que si un animal tiene plumas y camina como los patos, hace cuá, cuá como los patos y nada como los patos lo más seguro es que sea un pato.

Dicho lo anterior, es cierto que en una democracia de opinión pública inevitablemente hay formas de presión sobre la prensa, unas sutiles y otras burdas. Pero que haya muchas violaciones no debe impedir que se trate a cada violador cuando proceda. O que se diluyan en un totum revolutum los escándalos de corrupción. Y hoy lo que procede en el debate nacional es tocar la sirena de alerta ante las sospechas de que haya submarinos en inmersión. Morados.

Porque no hay protegidos del Sistema.

La gala drag queen de Las Palmas de Gran Canaria ha escenificado que de la crítica y la burla no hay dios que se salve.

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