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Las preguntas ocultas del ‘noreferéndum’ catalán

10/06/2017 10:10 CEST | Actualizado 10/06/2017 10:10 CEST
EFE

Muchos vimos asomar las orejas del lobo cuando aún estaba lejos, mirando atentamente al rebaño tras la loma, y los pastores se entretenían con sus coros y danzas, e incluso algunos habían ido a una excursión organizada a Belén.

Como lo escrito, escrito queda, en alguna hemeroteca y colección privada figura que en los últimos meses del zapaterismo se escribió que Mariano Rajoy, que había elevado a programa la consumación práctica del refrán de que "entre todos la mataron – a la burra del gitano- y ella sola se murió", tendría que lidiar, si ganaba las elecciones, con la gestión del proceso de independencia de Cataluña. Se veía venir. No había necesidad de tener una bola de mago Merlín. La ciega irresponsabilidad del PP, equivalente a la demagogia y ciega irresponsabilidad del conglomerado independentista, aquellas mesas petitorias en plan 'Domund' contra el nuevo Estatut, la alegre desfachatez pija de Esperanza Aguirre, no solo fueron una majadera y altanera estupidez; fueron el equivalente a una ayuda al suicidio.

Consumatum est, al parecer, por ahora. A pesar de las advertencias de ilegalidad, y de que el proceso viola la Constitución y constituye un salto en el vacío con catacrac anunciado y conmoción cerebral agravada, la Generalitat y la coalición secesionista han llevado a cabo una intentona que acumula en su haber componentes de golpismo territorial preventivo, todo lo relacionado con el mazazo a la separación de poderes y el establecimiento de un régimen que destierra a los desafectos de la vida institucional, y de la sedición.

La presentación de la esperada pregunta se ha hecho, como se esperaba, empleando la astucia del zorro que le era tan querida a Artur Mas, que la consideraba la fórmula mágica para sorprender e impedir la reacción a tiempo de Estado a cada paso que diera la minoría soberanista que representa la Generalitat, y que considera el trámite del referéndum solo como el celofán que envuelve la independencia.

Una zorrería que probablemente le enseñó su maestro y protector Jordi Pujol. ¿Pero cuál es la táctica zorruna? Sencillamente que, como han proclamado astutamente portavoces del comité organizador, no hay ninguna decisión jurídica ni del Parlament, ni del Govern, ni de la asociación que asó la manteca detrás de la esperada pregunta; no ha sido formalmente aprobada por nadie. Por lo tanto, no es jurídicamente perseguible. Lo cual parece dejar el asunto en manos del Espíritu Santo o de una inaprensible hada madrina. Carles Puigdemont, Oriol Jonqueras, el ladino Mas y resto de la corte de los milagros se han convertido de repente en una especie de Campanita bicéfala rodeada de brillantes estrellas de bisutería difuminadas en un tablado de tul ilusión.

Esta es la pregunta oficial presentada por Puigdemont, pero en verdad solo la punta del iceberg de la verdadera y más compleja cuestión: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república. ¿Sí o no?.

¿A quién se le ocurre una Cataluña sola, aislada, fuera de España y de la Unión Europea en un continente que ha superado sus guerras endémicas, económicas o fanáticas, precisamente gracias a la unión.

Pero esta es solo una mínima parte del contenido de la verdadera pregunta, que se desglosa en varias para cobrar su pleno sentido:

¿Quiere usted que Cataluña quede fuera de la Unión Europea y de los Convenios de la UE con otros países?

¿Quiere usted que Cataluña quede como tercer país en condiciones similares a las de Marruecos?

¿Quiere usted prescindir de las ayudas de la Unión Europea y de la libertad de movimientos de personas y mercancías en todo el territorio comunitario?

¿Quiere usted quedar fuera del Euro y de la tutela y competencias del Banco Central Europeo?

¿Quiere usted quedar fuera del programa 'Erasmus' de la UE y de la construcción de la ciudadanía joven europeísta?

¿Quiere usted que el 'Barça' quede fuera de la Liga Española y de la Copa del Rey de Fútbol, lo mismo que el resto de las actividades deportivas sustituyendo estos campeonatos por torneos 'republicanos' catalanes?

¿Quiere usted el establecimiento de fronteras con España y Francia y puestos de Aduanas en los pasos fronterizos autorizados y quedar fuera del espacio Schengen?

¿Quiere usted sustituir el pasaporte de la UE por un pasaporte catalán con las limitaciones y reducción de derechos europeos que ello comporta?

¿Quiere usted que los productos fabricados en Cataluña tengan que pagar derechos de importación en España y en la Unión Europea y estar sometidos a los contingentes y normas que afectan a los terceros países?

¿Quiere usted que estas circunstancias provoquen la fuga de empresas radicadas en Cataluña a otros emplazamientos en España o en el resto de Europa, con la consiguiente destrucción de empleos y reducción de ingresos vía beneficios e impuestos?

¿Quiere usted quedar fuera del espacio del Derecho Europeo y, en consecuencia, quedarse sin la cobertura jurídica comunitaria y sin la tutela de superior de los Tribunales Europeos de Justicia?

¿Quiere usted quedarse fuera de las Directivas Europeas sobre protección de los consumidores, libre competencia, persecución de los carteles que amañan precios etc.?

¿Quiere usted que Cataluña quede fuera de la comunidad de los servicios de inteligencia y espionaje, de la prevención y la lucha antiterrorista, y de la política exterior y de seguridad común de la Unión Europea, y de su tejido diplomático?

¿Quiere usted prescindir de las Fuerzas Armadas y de los servicios antiterroristas que garantizan su seguridad y su autogobierno?

¿Quiere usted que otras comunidades autónomas españolas (País Vasco, Aragón, Valencia, Madrid...) sustituyan, al menos en parte, en los mercados europeos, a las exportaciones catalanas a las que los nuevos gravámenes de entrada restaríann competitividad?

Y, sobre todo, ¿quiere usted correr el riesgo de que Artur Mas sea presidente de la República?

Claro que todo lo anterior sobra; es solo un divertimento intelectual de corte contrafactual, porque este referéndum es irrealizable en el marco constitucional español y europeo. Es, en cambio, un paso más hacia el descrédito político de todas las partes concernidas, pero especialmente hacia la frustración de los que han creído, con fe de carbonero, en los falaces argumentos de los soberanistas de conveniencia. Sometidos a un constante lavado de cerebro gracias a tan generosa como prevaricadora utilización de los presupuestos para incentivar la intoxicación y la propaganda independentista muchos catalanes, han entrado en la diabólica nasa llena de atractivos engodos que se les ha camuflado en el fondo del mar de las frustraciones inventadas. Y pese a todo, la mayor parte de los catalanes mantienen la calma y son contrarios a la independencia; pero se les ha vendido la engañifa de que el referéndum es una cosa y la independencia otra. Y que el derecho a decidir –eufemismo de derecho de autodeterminación- es un derecho natural y consustancial con la democracia.

Me recuerda un episodio reciente. Hace unas semanas, me encontraba en A Coruña y me vi obligado a comprar un sombrero para protegerme de un solajero imprevisto ese mediodía, con el acompañamiento de más de 30 grados de temperatura. Entré en unos grandes almacenes, de mucho prestigio, y salí con una especie de 'Panamá', una imitación, que costaba unos céntimos menos de los 25 euros. Por la tarde, en Ferrol, descargó un fuerte chaparrón que me sorprendió en la Calle Real y que aguanté mientras caminaba, a paso ligero. Llegué a una cafetería del Cantón y un amable camarero me dijo que mirara mi elegante cachorro. Estaba desconocido. Me fijé en la etiqueta interior y en letras pequeñísimas, casi invisibles, decía "100% papel". ¿Pero a quién se le ocurre vender sombreros de papel en Galicia? Pues eso. A los catalanes les está pasando lo mismo. ¿A quién se le ocurre una Cataluña sola, aislada, fuera de España y de la Unión Europea en un continente que ha superado sus guerras endémicas, económicas o fanáticas, precisamente gracias a la unión, al mercado único, a la formación de un hombre nuevo, a la confianza en sus instituciones democráticas, y a la mutua vigilancia de todos con todos?.

Caballeros, miren la etiqueta antes de cambiar de sombrero.

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