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¿Podemos? En la plaza de toros

07/02/2017 07:22 CET | Actualizado 07/02/2017 11:29 CET

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Foto: EFE

La verdad suele tener dos caras, y las dos igualmente verdaderas. La clave para encontrarlas y contraponerlas está en no dejarse enredar por trucos de magia. Todo buen mago basa su éxito en la rapidez de movimientos que engañan al ojo humano, y me imagino que a los de los animales de cuatro patas también, aunque sobre eso carezco de información suficiente. La frase hecha de los árboles que no dejan ver el bosque parece muy apropiada para el proceso de confrontación interna sin cuartel, a pesar del pacifismo nihilista del que presumen, que está viviendo Podemos. Y que va a dirimirse finalmente... en una antigua Plaza de Toros, la de Vistalegre.

La lucha por el poder, es decir, el la lucha libre de ambiciones, comenzó como comienzan todos los grandes conflictos, "simples diferencias de criterios", "somos compañeros, pero tenemos nuestra propia opinión" y, eso sí, muchos juramentos o promesas de que, en ningún caso, se trataba de una batalla por el poder, que es lo que siempre se dice cuando hay una batalla por el poder. Es el mismo Podemos de los besitos insufribles por su cursilería, de Pablo Manuel Iglesias haciéndole carantoñas a Íñigo Errejón, de las declaraciones de que frente a la vieja casta aquí estaba el nuevo movimiento de la gente corriente, de los cabreados por los ajustes y el oportunista desmontaje del Estado de bienestar.

Recuerden todas aquellas palabras que se ha llevado el viento: "somos la gente", un somos ustedes, los de abajo, que queremos quitar a los de arriba. Buenos y malos. Cae el telón, sube el telón, y aparece el 28 de enero en Barcelona Juan Carlos Monedero, subido a un escenario, condenando por anatema y revoltoso al discrepante Errejón. Dijo ante un público, ciertamente no muy numeroso, que cómo se atrevían a tratar al secretario general como a un colega. "Pablo no es vuestro colega, es el secretario general, tenéis que respetarlo, tenéis que respetar a cinco millones de votos". En tan breve interregno, Pablo Manuel ha sido elevado por un misterioso dron de su condición de gente corriente a la de Su Excelencia. Van bien.

A veces la historia corre muy deprisa, y hace viejos prematuros. Todo aquel encanto participativo, asambleario, transversal, lo que antes se llamaba interclasista, o intergeneracional, ha degenerado en un clásica pelea de ambiciones. En el camino hacia el éxito es fácil el coleguismo, el compañerismo de toda la vida, que poco a poco, infectado por el virus de los egos desatados, se convierte en desconfianza, traición, y purgas. La bronca, hablando sin eufemismos ni razonamientos paranormales, entre Pablo Manuel Iglesias e Iñigo Errejón ha puesto en entredicho la imagen de fuerza sincera, renovadora y representativa del común. Las acusaciones a los medios de comunicación de haber intervenido para enconar los ánimos y socavar los cimientos podemitas es una patraña de y para imbéciles. Volvemos a la práctica de matar al mensajero, que era lo que hacían algunos reyes de la antigüedad cuando el correo, agotado de tanto galope tendido, les traían la noticia de una derrota.

El populismo de menú no es una solución, sino un alucinógeno que agrava la enfermedad porque distorsiona la realidad.

Es todo lo contrario: Podemos es un producto que no hubiera sido posible sin algunos platós, y en esto hay gran consenso, por la Sexta, que no es propiedad, ciertamente, de una cooperativa de afectados por las hipotecas, y por La Tuerka, un nombrecito que se las trae y que es lo contrario a la ingenuidad mística. Etc. Hay unas brigadas moradas, otra denominación guerrera, al servicio de S. E. El Secretario General en internet. Lo que equivaldría a la clásica agit-prop. El 21 de enero de este 2017, el líder les arengó en un acto de homenaje. "Vosotros sois los más eficaces, sois lo más importante que tenemos, y esto lo reconocen nuestros adversarios". Pero el problema viene cuando se duchan y se les va el maquillaje.

No. Lo que ha ocurrido es lo que algunos ya habíamos previsto, y lo escrito, escrito queda, que es técnicamente imposible que un invento así, con activistas de tan distintas y antagónicas procedencias, sobreviva en la libertad de una democracia sin restricciones caudillistas. La gente del 15-M justamente indignada por el manejo de la crisis y por la injusticia de que el despilfarro, la corrupción y la codicia de la banca la pagaran, sobre todo, los trabajadores y la clase media, creyó en que, en efecto, había un problema de 'casta'; pero unos profesores chiflados y unos diablos cojuelos y unos ingenuos profesionales fueron dirigiendo ese pensamiento y ese cabreo razonable hacia un falso problema de Sistema.

Y ese compuesto neo-chavista empezó la campaña y la denigración contra la Transición , la Constitución y, en definitiva, contra el modelo democrático español, que es el europeo.

En este camino se ha producido un alejamiento de muchos devotos iniciales, los fieles comienzan a hacerse preguntas no solo de teología sino de ciencia y economía, y ante la inminencia de tocar el cielo, las ambiciones se desatan y esa izquierda de los fantasmas tan antigua que anida en su seno vuelve a las andadas del fraccionamiento. Es la maldición de los Partidos Comunistas, desvestidos o disfrazados. Siempre han ido hacia la unidad por la división.

A muchos simpatizantes, o 'inscritos', sea lo que sea eso, no les ha afectado tanto en sus sentimientos y en sus ilusiones la división a muerte (política) entre Iglesias y Errejón, el corchismo de Echenique, la gasolina al fuego de Monedero, las rupturas territoriales, que se propagan sin freno en 'círculos' y en ondas, como el desencanto de Carolina Bescansa.

La tocata y fuga de uno de los personajes más importantes y sólidos de Podemos, que ha renunciado a ir en las candidaturas, con lo que se aparta de la primera fila orgánica, puede tener mucha explicaciones, pero basta con mirar la cara de esta mujer y recordar sus últimas palabras ante el conflicto abierto para darse cuenta de su tristeza y hartazgo. "Cuando dos trenes deciden chocar, no es lo más sensato subirse".

¿Tiene razón Iglesias o la tiene Errejón? En el fondo los dos son lo mismo, uno apuesta por una vía más violenta, algaradas, manifestaciones, activismo, y otro por una vía más educada, que no asuste. Pero ambos tienen, que se sepa, los mismos objetivos antisistema. A no ser que Errejón, con su breve experiencia institucional, se haya dado cuenta de que tanto la crisis como el desastre generalizado de este país, España, no tiene nada que ver con la Constitución sino con el Gobierno y las personas. El populismo de menú no es una solución, sino un alucinógeno que agrava la enfermedad porque distorsiona la realidad. Oigan a la gente, a toda, no solo a los parroquianos; no la consideren un enemigo por que comience a estar defraudada.

¿Podemos? El tiempo dirá, pero los antecedentes y los hechos probados son preocupantes. El horóscopo no pinta bien. Todos los astros están fuera de su sitio y muchos dicen haber visto a unos cuervos graznando.