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¿Y qué si Cataluña es una nación?

23/05/2017 07:30 CEST | Actualizado 23/05/2017 07:35 CEST
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Este artículo está también disponible en castellano

Todavía quedan ilustres extravagantes exquisitos por ahí que critican, como uno de los males de la España autonómica, el llamado despectivamente "café para todos", que, en resumen, consistía, y consiste, en igualar por arriba a todas las regiones del país. Todos con los mismos derechos de autogobierno que, sin embargo, reflejan sus distintas peculiaridades.

Lo otro, como es natural, constituiría un agravio que ninguna Constitución democrática se puede permitir, porque instauraría privilegios despectivos: unos ciudadanos con más derechos que otros; dos o más varas de medir prêt a porter. Ahora, cuando se vuelve a hablar del curalotodo federal, una especie de elixir milagroso, se ningunea la realidad que no se adapta a la ilusión del creacionismo de laboratorio: en Alemania y en Estados Unidos y en el asamblearismo confederativo suizo, todas las partes tienen idénticos derechos.

Como es lógico, es una estupidez que Canarias disponga de competencias en ríos, porque no los hay, ojalá los hubiera; y las comunidades del interior, sea Madrid, Extremadura, Aragón, las dos Castillas, no tienen competencias marítimas y pesqueras como los territorios litorales. En cuanto a leyendas, todos los pueblos las tienen. Y el que no cuente con un hecho diferencial, singular, que le legitime para mantener derechos históricos, que tire la primera piedra, y se hará una montaña. No cada región, casi cada provincia, y en Canarias cada isla, tiene medallas sobradas para igualarse con las nacionalidades llamadas históricas que, en realidad, solo tienen como elemento plenamente distintivo la lengua.

Catalanes, vascos, gallegos y valencianos, y últimamente los baleares, que están asomando la cabeza en los últimos años, tienen ese placer. Por lo tanto, es natural que entre las competencias que contemplen sus estatutos figure las de cuidar y dar esplendor a su idioma o modalidad dialectal que, por supuesto, es una manifestación cultural que enriquece al conjunto. La isla de La Gomera tiene el silbo gomero, "lenguaje silbado" técnicamente hablando, patrimonio inmaterial de la humanidad en el catálogo UNESCO, y su Cabildo lo cuida primorosamente y el Gobierno regional lo mece en la cuna presupuestaria. Transmitido por los aborígenes, se ha adaptado desde el guanche al español. Hoy vuelve a estar en auge. Pero como decía Juan Carlos Rodríguez Ibarra, tener dos lenguas, habladas o silbadas, o por signos, no significa comer el doble.

Claro que en España hay territorios que fueron reinos, y Cataluña, con tanto engolamiento nacionalista y tanta historia inventada, tuvo que conformarse con ser solo un Condado dependiente de la Corona de Aragón. Reinos fueron asimismo el de León, Galicia, Valencia, Castilla, la bisagra que formó el Estado ibérico, el Principado de Asturias, Navarra... En Canarias, cada isla tenía su o sus reinos, y el mismo archipiélago fue considerado como tal por los Reyes Católicos.

Un dato elocuente: el rey Fernando apadrinó al nativo canario Tenesor Semidan, que era guanarteme (rey guanche) y que eligió en la pila bautismal el nombre de Fernando, como el monarca, y como apellido Guanarteme. Eso es historia y no leyendas prefabricadas, aunque como también dice un refrán canario, 'a conejo ido, palos a la madruguera'. Hoy, Canarias, tras alguna fiebre independentista absolutamente minoritaria, es una Comunidad Autónoma que, con todo su derecho, ha decidido en el Estatuto ser una 'nacionalidad' como las otras. Gofio para todos.

Esta perreta catalana, y en parte también del resto de los histerismos, perdón, de los nacionalismos identitarios, ha acudido muchas veces tanto al ejemplo del Imperio Austrohúngaro, como nación de naciones, como a argumentar -de la manera que ahora hacen algunos iluminados, que aún usan la bombilla de filamentos de Edison en los tiempos de los led-, que reclaman el derecho a ser naciones o, en el colmo del alambique, naciones plurinacionales, como consecuencia de sus señas, sueños o delirios.

Ni los herederos de ETA, ni el sabinismo incorrupto del PNV, ni algunos nacionalistas o cantonalistas diseminados se conformarían con un Estado Federal unitario e igualitario.

Ya son, empero, nacionalidades desde que Miguel Roca i Junjent metió ese gol que aplaudió toda la grada en la Constitución de 1978. Las nacionalidades históricas no se basaban en la historia verdadera, en toda la historia, sino que nacían a la luz de la democracia recuperada gracias al golpe de estado militar del general Franco y conmilitones: fueron las regiones que en 1936 tenían aprobados su estatuto de autonomía. Las que no habían terminado el trámite, como Canarias, y las demás, se quedaron fuera. No eran pues nacionalidades históricas, sino nacionalidades por carambola. Porque históricas, lo que se dice históricas, lo eran todas.

La República Federal de Alemania, ahora Alemania reunificada, lo resolvió por la vía rápida con la ayuda constitucional de los tanques aliados in vigilando el proceso pero con la convicción profunda alemana de que la solución era una República Federal basada en la igualdad, la descentralización y un poder federal fuerte; los estados federados o länder sustituyeron a reinos, principados, grandes ducados y ciudades estado, que habían llegado a ser, como recuerda Kissinger, casi doscientos en los 1800.... Prusia, de infausto recuerdo, desapareció del mapa en aplicación del principio de precaución: quien evita la tentación, evita el pecado.

Ahora, algunos políticos -ahí tenemos a Pedro Sánchez, a Pablo Manuel Iglesias el bolivariano, y a otros muchos, redescubriendo esta pócima en una rebotica vieja, apolillada y llena de telarañas- sacan otra vez el concepto de nación de naciones (vade retro satanás, recordemos el final del Imperio Austrohúngaro, de Yugoslavia y de la URSS) y apostando por conceder a Cataluña la consideración de "nación cultural". Como decía mi madre, en parecidos dilemas "todo depende". Depende sobre todo de que no se quiebre el principio de igualdad. De todas formas, si es por un contenido cultural, no hace falta inventar otra nación; todo eso ya está en la gran nación cultural de Wikipedia.

A fin de cuentas, hay muchos ejemplos actuales de que ser una nación y tener derecho de autogobierno puede convivir en un estado federal fuerte y unido sin que esos pueblos constituyan una competencia desleal para los estados federados (autonomías en España, länder en Alemania). Pongamos los ejemplos de Canadá o Estados Unidos con las naciones indígenas o pueblos nativos.

En EEUU, tras la aprobación en 1975 de la Ley de Autodeterminación del Indio y Asistencia a la Educación, el fichero de la Oficina de Asuntos Indígenas (según se recoge en su web) tiene la responsabilidad de la administración y gestión de 55.700.000 hectáreas de tierra en fideicomiso por los Estados Unidos para los indios americanos, tribus indígenas y nativos de Alaska. Las reservas son territorios autónomos dependientes del Gobierno federal. El censo recoge la existencia de 562 naciones indias. Las limitaciones a los poderes tribales de gobierno autónomo son las mismas que se aplican a los estados: ni las tribus ni los estados tienen el poder de hacer la guerra, participar en las relaciones exteriores, acuñar moneda....

No. El nacionalismo tramposo catalán no tiene nada que ver con el catalanismo, como el MPAIAC del loquinario acreditado y pelele argelino que fue Antonio Cubillo no tiene nada que ver con la canariedad.

Ni los herederos de ETA, ni el sabinismo incorrupto del PNV, ni algunos nacionalistas o cantonalistas diseminados se conformarían con un Estado Federal unitario e igualitario, donde todos sus miembros tengan los mismos derechos sin detrimento de sus peculiaridades. Lo que ansían es la 'bilateralidad', pero sólo como un paso para la secesión. El trato bilateral de tú a tú con el gobierno, y la aceptación 'transitoria' del Rey – como monarca de varios 'estados' solo sería un acercamiento al proyecto final: la independencia. Miquel Roca creyó, parece que sinceramente por declaraciones posteriores que con la España de las Autonomías y el 'detalle' constitucional de hablar de nacionalidades históricas, iba a acabar por varias generaciones el lío catalán. No fue así. La religión, según Marx, es el opio de los pueblos. El nacionalismo sería la heroína.

Tras el nacionalismo de alambradas y odios, acecha siempre la dictadura y el engaño. Decía De Gaulle: "Patriotismo es cuando el amor a tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el dio a los demás pueblos es lo primero". Pero el hombre, desde siempre, en los momentos de peligro cree en la magia. La magia de los dioses, la magia de los caudillos, la magia de los embaucadores...

Lo que está claro es que las naciones indias made in USA son una gran oportunidad para que Puigdemont rompa su aislamiento internacional. Podría fotografiarse con senyera y plumacho con los orgullosos herederos de los grandes jefes Toro Sentado, Caballo Loco, Estrella Fugaz, Nube Roja, Oso Blanco... Y comprobará cuán abismal es la diferencia en derechos...a favor de sus anfitriones, naturalmente. Ellos son indios, no lo hacen.