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Una vez que se decida lo que implica el 'Brexit', se debería repetir el referéndum

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BREXIT
Neil Hall / Reuters
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El siguiente artículo es la transcripción de la intervención por parte de Lord Anthony Gidden en la Cámara de los Lores el pasado 5 de julio. Se ha editado para una mejor comprensión.

LONDRES - Ya se ha celebrado el referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea y se debe respetar la opinión del pueblo. Quienquiera que se convierta en el próximo primer ministro está obligado a iniciar las negociaciones para estudiar a qué tipo de acuerdo se puede llegar con el resto de la Unión. Él o ella debe reconocer que esas negociaciones no se llevarán a cabo con el supuesto ogro de Bruselas, sino con el resto de los 27 Estados miembros, cuyas posiciones y reacciones no serán unánimes. Parece poco probable que todo acabe en un divorcio amistoso, se avecinan problemas de base. Ya podemos ver el impacto que han tenido en el caos que ha invadido a la política británica.

El infeliz origen del referéndum para el Brexit explica bastante bien por qué ha sucedido esto. El discurso del primer ministro en Bloomberg, en el que manifestó su compromiso a celebrar un referéndum, no fue motivado por la preocupación pública masiva por la Unión Europea, sino por la necesidad de sofocar las disputas internas del partido de cara a las elecciones. Estaba intentando proteger su liderazgo y mantener unido a su partido. De ahí la ridícula situación en la que anunció el referéndum, y que se pasara todo el tiempo argumentando lo crucial que era que Reino Unido permaneciera en la UE.

Parece poco probable que todo acabe en un divorcio amistoso, se avecinan problemas de base.

Una decisión de este peso debería haber emanado de la preocupación pública generalizada y no de las disputas internas de un partido. Como consecuencia, han surgido problemas fundamentales de legitimidad, y se demostrará que son tóxicos si no se les planta cara de forma directa en algún punto. En mi opinión, no se puede involucrar a los votantes solo al principio.

Debido a su origen en las disputas internas del partido, el referéndum no ha servido para minar la división del país, sino todo lo contrario: como todos sabemos, ha servido para acentuarla y para crear tensiones donde antes no las había. Los antagonismos entre el norte y el sur de Inglaterra, entre las zonas prósperas y las desaventajadas, entre las naciones que forman Reino Unido, entre las distintas generaciones y entre el "sistema" y el pueblo se han hecho demasiado visibles y han sido muy comentadas.

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El primer ministro británico, David Cameron, anuncia su dimisión el 24 de junio. (Kate Green/Anadolu Agency/Getty Images)

Aquellos que apoyaban la salida de Reino Unido de la UE, y que ganaron el día del referéndum, han sido incapaces de ponerse de acuerdo en lo que significa realmente "abandonar" la Unión, y sus diferencias son bastante profundas. Y no se han resuelto durante la campaña, sino que simplemente se han maquillado. Por esa razón la campaña coqueteaba tan peligrosamente con la verdad, en la que sus líderes se retractaban de algunas de las promesas principales que habían hecho el día posterior a que salieran a la luz los resultados del referéndum.

Por un lado están los defensores radicales del mercado libre, que piensan que salir de la UE liberará a Reino Unido, permitiéndole comerciar por todo el mundo, y que están dispuestos a abandonar el mercado único por completo. Poco les importan la tradición o el pasado y, en su mayoría, son pro migración. Por otro lado están los que sienten nostalgia por las costumbres y las formas de vida que se están perdiendo, los que quieren cerrar las fronteras y recuperar la soberanía perdida. Se muestran hostiles ante las grandes empresas y afirman defender a la gente de a pie.

No hay ningún plan coherente para el futuro próximo.

Estas grandes diferencias ideológicas explican por qué no hay un plan coherente para el futuro próximo. Y también representan la caída de la campaña para el abandono de la UE en el populismo vacío, personificado por el absurdo comentario de Boris Johnson, que aseguró que en las negociaciones con el resto de la UE él pretendía quedarse con lo mejor de ambas posturas.

Los británicos solo pueden emitir un juicio coherente si tienen un plan factible sobre la mesa, una guía de lo que han aceptado los otros 27 Estados de la UE. Por todos es sabido el dilema que implica, pero hay muchas probabilidades de que se acabe demostrando que es intratable. Casi la mitad de las exportaciones británicas van al resto de la UE. La mayoría son servicios y no productos. El passporting -la ausencia de barreras regulatorias para las empresas- es la clave para el éxito en el caso de los servicios.

Sin embargo, a la fabricación se le puede aplicar una situación análoga en la que las regulaciones comunes para la producción y el envío permitan un nivel de integración económica y cooperación que no sería posible de otra manera. Como señala el profesor de la Universidad de Liverpool Michael Dougan, el problema principal no es la presencia o la ausencia de tarifas, sino la diferencia en el nivel de colaboración. En sus propias palabras, "nada en el planeta se le puede comparar".

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El ex alcalde de Londres y defensor del Brexit Boris Johnson en una rueda de prensa en Londres el 30 de junio. (LEON NEAL/AFP/Getty Images)

Salir del mercado único sería muy problemático, incluso a corto plazo. Aunque permanecer en él implica aceptar la libertad de movimiento. Si hay una manera de salir de este dilema, nadie la ha descubierto todavía. Otros Estados con algún tipo de condición de asociado, como Noruega y Suiza, han tenido que aceptar compromisos bastante insatisfactorios; y ambos tienen unos niveles mayores de inmigración por habitante que Reino Unido. Reitero: estamos hablando de 27 Estados entre los cuales se encuentran algunos que aceptarán cualquier compromiso que se les proponga.

Como no se ha acordado ningún plan ni ninguna estrategia, el Gobierno -sea cual sea la forma en que resurja en septiembre- sería muy ingenuo si implementara el Artículo 50 en un futuro cercano, incluso si uno de los dos candidatos al cargo de primer ministro prometiera hacerlo irremediablemente. Los demás Estados de la UE, por otro lado, no van a negociar antes de que esto pase. Ese es otro dilema fundamental. La mano negociadora de Reino Unido no es tan fuerte, especialmente si la economía empieza a hundirse o a caer en una recesión absoluta a medida que los inversores retrasan las inversiones o mueven el capital a otro lugar. Esta ilustración en la que se ve a un señor con bombín saltando de un avión sin paracaídas y blandiendo una bandera de Reino Unido representa fielmente la situación:

- Disculpe, señor, ¿puedo sugerirle que se ponga un paracaídas?

- Gracias, la bandera servirá.

La pasión de los defensores del Brexit. Ilustración de Marian Kemensky. Eslovaquia/Austria.

Precisamente porque no hay ningún plan debería haber una especie de compromiso público renovado siempre y cuando se llegue a un acuerdo con el resto de la UE. Una posibilidad sería celebrar un segundo referéndum una vez que sepamos lo que significa "abandonar la UE". Así, los votantes pueden decidir en base a lo que se les ofrezca. Puede que la presión de hacerlo sea demasiado fuerte. La otra posibilidad, y quizá la más probable, es celebrar unas elecciones generales.

A pesar de los evidentes obstáculos, si no se sigue alguna de estas alternativas, el caos que se ha instaurado no será nada en comparación con lo que queda por llegar.

Este artículo fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés y Lara Eleno.