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¡En España todo el mundo está terrible, monstruosamente cuerdo!

05/05/2015 07:08 CEST | Actualizado 04/05/2016 11:12 CEST
Giuseppe Pellizza da Volpedo

Mal empezó el primer día de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, en mi ciudad, Zaragoza, cuando, una vez más, a la misma hora salieron desde lugares distintos tres manifestaciones sindicales, tres, para poner de manifiesto la falta de unidad en el mundo del trabajo y de la izquierda en general, y dejar tristemente patente que el adversario es relegado burda y simplonamente al reino de los equivocados o los herejes por no coincidir con las propias posiciones.

En la primera manifestación se dieron cita los sindicatos mayoritarios, a cuya cabeza, ostentando una pancarta con el lema "Así no se sale de la crisis" estaban los secretarios generales de UGT y CCOO, raramente vistos en la calle salvo con ocasión de actos oficiales o institucionales. Junto a ellos, los dirigentes principales de PSOE, IU y CHA. Salvo alguna excepción que otra, pocas veces he visto a alguno de ellos en una protesta a pie de taller o de fábrica, al igual que nunca los he visto en un desahucio o reclamando que a algún paciente le operen de válvulas cardíacas antes de abril de 2017.

Hubo una segunda movilización, menos numerosa, convocada por sindicatos sectoriales y minoritarios, como CATA (Colectivo Asambleario de Trabajadores de Aragón), CGT (Confederación General del Trabajo, CUT (autobuses urbanos), IA (Izquierda Anticapitalista), ISTA (Intersindical de Trabajadores de Aragón), OSTA (Organización Sindical de Trabajadores de Aragón) , SASA, SOA (Sindicato Obrero Aragonés) encabezados el lema "Luchar por un empleo digno, acabar con las mordazas". Toda esta sopa de siglas contó con la presencia del candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad aragonesa, Pablo Echenique (se me escapa cada vez más el antiguo concepto de transversalidad de Podemos). Finalmente, una tercera manifestación fue convocada por la CNT (Confederación Nacional de Trabajo) con el lema "Código Penal... para el gobierno, la patronal y la corrupción sindical".

Un muchacho joven me entregó en pleno centro de Zaragoza un impreso que, sobre fondo rojo, en su parte superior decía "Exige tus Derechos" para después, bajo el dibujo de un móvil y un número de teléfono, invitaba a Denunciar la propia situación laboral si las condiciones de trabajo no son legales, cerrando el pasquín el mensaje "Actuamos desde tu anonimato" y las siglas de Comisiones Obreras.

Recordé de inmediato, como botón de muestra, el nacimiento de CCOO con las primeras huelgas y luchas en la mina gijonesa de La Camocha en 1957, o el Proceso 1001, contra diez dirigentes de las Comisiones, o los años de cárcel y las torturas a que fueron sometidos algunos miembros de su militancia, o el asesinato de cinco abogados laboralistas de Comisiones a manos de sanguinarios pistoleros fascistas, etc. Fueron años duros y peligrosos, pero ni lucharon ni defendieron desde el anonimato, sino dando la cara y sin tapujos. Leo en la web oficial de esta organización sindical: "Tras dos meses de ejercicio, el buzón de voz ha recibido 104 denuncias. A pesar de que puede realizarse de forma anónima, el 80% de los usuarios dejó su teléfono y datos personales". En resumidas cuentas, toda una proeza.

Desconozco si así se sale o no se sale de la crisis, pero sé con certeza plena que como no se sale de la crisis es sentándose los sindicatos mayoritarios con un Gobierno que inoculó el tumor maligno de su Reforma Laboral en la vida de los trabajadores y los parados y con una Patronal que reclama una y otra vez que "las reformas" laborales son aún pocas y hay que seguir recortando más y más los derechos y las libertades laborales de la ciudadanía.

Un sollozo se oye en la ciudad de Zaragoza y muchas otras ciudades de España y del mundo. Es León Felipe Camino, que repite sin cesar: Ya no hay locos, ya no hay locos...

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,

aquel estrafalario fantasma del desierto y ... ni en España hay locos.

Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.

Oíd ... esto, historiadores ... filósofos ... loqueros

(...)

¿Cuándo si no es ahora (yo pregunto, loqueros),

cuándo es cuando se paran los ojos y se quedan abiertos, inmensamente abiertos,

sin que puedan cerrarlos ni la llama ni el viento?

¿Cuándo es cuando se cambian las funciones del alma y los resortes del cuerpo

y en vez de llanto no hay más que risa y baba en nuestro gesto?

Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos

que el orín de los perros;

si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos

categoría que el estiércol;

si no es ahora ... ¿cuándo se pierde el juicio?

Respondedme loqueros,

¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,

aquel estrafalario fantasma del desierto

y ... ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,

terrible, monstruosamente cuerdo! ...