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¿Espirituales, pero no religiosos? Cómprate un perro

17/11/2017 07:25 CET | Actualizado 17/11/2017 07:25 CET
Getty Images/Blend Images

Resulta que la última moda es decir que uno es "espiritual(ista), no religioso". Vaya por dios, nunca mejor dicho. En varios estudios que se han realizado recientemente, se revela que una buena parte de la población se está adscribiendo a este nuevo estatus. De ahí que el Zen, el Yoga, el sacaperras del mindfulness (al que ya le he dedicado un post en el Huff), la meditación, la visita a las brujas, el trascendentalismo, el budismo, el sintoísmo, y la creencia en el monstruo del espagueti volador, todas ellas, estén asolando a la humanidad entera. ¿Qué es peor, ser religioso o simplemente espiritual? Lo siento mucho pero es tan malo lo uno como lo otro. Y luego doy una alternativa, seguramente más aburrida que visitar a una vidente, pero quizá mucho más reconfortante.

Primero los datos, como siempre. Según nos cuenta Paul Bell ("Would you believe it?" Mensa Magazine, Febr. 2002, pags. 12-13; vid. más en general Dawkins, "El espejismo de dios", 2006, pág. 130) "de los 43 estudios que se han efectuado desde 1927 sobre la relación entre creencia religiosa e inteligencia y/o el nivel educativo de un individuo, exceptuando cuatro, todos hallaron que se daba una conexión inversa. Esto es, cuanto más alto es el nivel educativo o mayor es la inteligencia, menor es la probabilidad de que se tengan creencias religiosas".

No estoy llamando estúpido a quien tenga creencias religiosas: de hecho conozco individuos que son inteligentes a pesar de que creen en dios

No estoy llamando estúpido a quien tenga creencias religiosas: de hecho conozco individuos que son inteligentes a pesar de que creen en dios. Simplemente estoy hablando de una estadística, de una generalidad. Que nadie se sienta particularmente aludido por tanto.

Bien, aunque la cuestión es controvertida, parecen creíbles estos datos. Aunque he dicho antes que conozco gente inteligente que a pesar de serlo cree en dios, el caso es que la mayor parte de la gente inteligente que conozco no cree en dios. Y de entre ellos, la mayor parte son o bien ateos, o bien agnósticos. Tiene sentido. Y tiene sentido porque una persona inteligente suele ser escéptica. Y el escepticismo nos lleva a razonar de la siguiente manera: hombre, el hecho de que no haya una, ni una sola, prueba de la existencia de dios no nos puede hacer descartar completamente esta hipótesis, pero sí que nos puede llevar a hacer la siguiente afirmación: siento daros la mala noticia de que, con un alto grado de probabilidad, dios no existe. Vamos que no te lo vas a encontrar en el salón de tu casa tomando té a las 5 PM. Y si te pasa, hazme caso y sígueme un consejo: visita al médico más cercano.

Rechazar la existencia de dios no equivale a dejar de ser espiritual

Hasta aquí, a vueltas con la religión. Mi sospecha es, sin embargo, que como nadie en su sano juicio se va por ahí encontrando a dios, o a cualquiera de sus equivalentes, a las 5 de la tarde tomando te en el salón de su casa, parte de esa gente ha empezado a pensar que ante la quizá remota posibilidad de que dios no exista, y de que por tanto, cualquier religión que se asiente en su existencia es probablemente una majadería, entonces, esa gente, o parte de esa gente, se ha puesto a buscar alternativas espirituales. Rechazar la existencia de dios no equivale a dejar de ser espiritual. Al contrario: cuando aceptas su no existencia, se elimina un obstáculo que te conducirá de manera directa a la espiritualidad auténtica.

Bien, ya la hemos jodido. Ese es mi problema con el ser humano, que a menudo somos capaces de hacer los loopings intelectuales más sorprendentes (yo el primero), sin pararnos a pensar ni por un momento en si estamos siendo mínimamente (mínimamente, no máximamente) coherentes o no. La frase anterior es tan estúpida como decir alguna de estas cosas:

  1. No existe dios, lo que me conduce directamente a creer en elefantes rosas que vuelan por el hiper-espacio.

  2. No existe dios, lo que me conduce directamente a creer en el monstruo del espagueti volador.

  3. No existe dios, lo que me conduce directamente a creer que algunas personas estamos conectadas espiritualmente de tal manera que cuando estamos juntas es más fácil encontrar las mejores ofertas en el Mercadona.

Bien, creo que el punto está claro. Entonces a partir de aquí, es decir, a partir de dejar bien claro que la no existencia de dios no nos puede llevar a abrazar sin más cualquier otro tipo de espiritualidad, vamos a puntualizar varios extremos.

A la gente más inteligente que conozco la meditación trascendental y el yoga-pilates le parece que están bien como una forma de pasar el rato y quizá de ligar, nada más

El primer punto es que desgraciadamente no tengo estadísticas sobre la espiritualidad no religiosa y la inteligencia o la educación. Por cierto, si alguien lee este post, y las conoce, le ruego me las haga llegar. Sin embargo sospecho que la correlación antes apuntada entre religión e inteligencia/educación, se da aquí también. A la gente más inteligente que conozco la meditación trascendental y el yoga-pilates le parece que están bien como una forma de pasar el rato y quizá de ligar, nada más. Y la gente más inteligente que conozco no pagaría una buena cantidad por hacer un curso de mindfulness, y probablemente no lo haría ni siquiera aunque se lo regalaran. Pero quizá esté equivocado, y de no estarlo, quizá el mecanismo que conecte ambas cosas sea más complejo. Insisto, quizá: pero no lo creo.

Segundo punto: ¿Por qué? ¿Por qué la gente está haciendo esto? ¿Por qué como nos dice el premio Princesa de Asturias de ciencias sociales 2017, Karen Armstrong, hay un retorno a la religiosidad (no digamos ya a la espiritualidad) en el mundo (menos en Europa: menos mal)? La pregunta es sin duda legítima. Intento una respuesta si tienen un poco de paciencia. Cuatro puntos aquí:

  1. Yo soy, como transpira en todos estos posts que estoy publicando en el Huff, un racionalista que solamente "cree" en la fuerza de la ciencia y de la razón.

  2. Eso no me impide ver que nos hemos pasado de racionalistas. O mejor, que se ha desarrollado un tipo de racionalismo que no era el que se tenía que haber desarrollado: se trata de un tipo de racionalismo puramente instrumental, el malo. Yo defiendo un tipo de racionalismo mucho más complejo (el bueno), en donde razón y emoción van de la mano, y en donde las acciones de los hombres tienen un sentido más finalista, y no meramente instrumental. Ese tipo de racionalismo existió, existe, pero no ha sido el que ha preponderado.

    El capitalismo, para funcionar, necesitaba de un tipo de racionalidad muy instrumental, y la propagó
  3. ¿Por qué no ha preponderado? Lo siento para los groupies del capitalismo, pero me da la sensación de que el tipo de sistema económico que padecemos dentro y allende las fronteras de la humanidad, es muy responsable de lo que ha pasado. El capitalismo, para funcionar, necesitaba de un tipo de racionalidad muy instrumental, y la propagó. Ha sido un éxito rotundo.

  4. Éxito rotundo, pero que produce unos rotos en el ser humano de mucho cuidado. Por tanto, la gente, en este momento post-capitalista en el que estamos, empieza a buscar alternativas a la racionalidad instrumental. Una de ellas es la espiritualidad. Y es la espiritualidad porque sabe que dios ha muerto, pero que tiene que haber, al mismo tiempo, algo más que la mera racionalidad instrumental. Así que viva el budismo zen versión occidental.

Los problemas que tengo con esta deriva espiritualista son variados. En primer lugar, me parece que el espiritualismo, este espiritualismo, es en el fondo una consecuencia de la racionalidad instrumental, no su antítesis: "Tu sigue meditando que yo me ocupo de que todo lo demás siga igual". Es decir, es puramente individualista, es un viaje de uno mismo a su propio estómago, nada más.

En segundo lugar, creo que tiene muchos costes de oportunidad: mientras uno se dedica a alcanzar el éxtasis meditando sobre el monstruo del espagueti volador, deja de hacer otras cosas.

Y tercero, esas "otras cosas" son las que, por un lado, nos reconectarían probablemente con nosotros mismos y con los demás, y por otro, servirían para hacer cambiar el mundo, que es en realidad lo que necesita el ser humano para ser más feliz. Pongo ejemplos:

  • Si estás hasta el píloro de la racionalidad instrumental, es decir, de ver cómo, por ejemplo, las relaciones humanas son como los clínex, de usar y tirar, ¿por qué no en lugar de meditar te dedicas a comprometerte con un proyecto que vaya más allá de tu propia corteza cerebral?

  • ¿Te preocupa el medio ambiente? Métete en Greenpeace y colabora. ¿Te preocupa la matanza indiscriminada de animales? Dedícate a recoger perros abandonados en Madrid en verano y entrégalos a alguna protectora de animales.

  • ¿Te preocupa la deriva política de nuestro mundo? Milita en el partido político que más te mole.

  • ¿No duermes por la deriva instrumentalista que padecemos, así como por todas las chorradas que hacemos los seres humanos como consecuencia de ella? Pues entonces dedícate a escribir artículos en el Huff denunciándolo.

Y si Ud. me dice que es que no le preocupa nada de lo anterior y nada de nada de nada de nada en el mundo, entonces... cómprese un perro, hombre. Empiece por ahí: verá como algo mejora en su vida.

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