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Animales nocturnos o humanos con nocturnidad y alevosía

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Foto de Animales Nocturnos cedida por Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa - Moisés F. Acosta.

Unos someten y otros se someten. ¿Por qué lo hacen unos y lo aceptan otros? ¿Qué dejan, si es que dejan algo, de sí mismos? ¿Dignidad? ¿Y qué ganan en el trueque? Animales nocturnos, de Juan Mayorga en el Fernán Gómez, montado por la compañía Aedo Teatro, plantea un marco de referencia para favorecer el debate a partir de estas preguntas. Y, como suele ser habitual en este autor teatral, lo hace a través de situaciones cotidianas.

En este caso, la situación cotidiana es la búsqueda de la amistad, de los interlocutores que consideramos válidos para nuestra propia felicidad. Y también la promulgación de una ley, la de Extranjería, que uno de los personajes usa para conseguir esa amistad. Una amistad que hasta ese momento no se había producido y que uno de ellos parecía desear desde hacía largo tiempo.

Es una petición basada en una posición de fuerza, la que da una ley que legaliza seres humanos y hechos inhumanos. La legislación y la justicia favoreciendo el crimen, la extorsión y la inmoralidad. Palabras grandes que Mayorga sabe hacer de uso corriente. Acercarlas a la calle, al común, al día a día. Ponerlas a un tamaño en el que se sepa de qué se está hablando, alejándolas de esa grandilocuencia que habitualmente les acompaña. Grandilocuencia que las coloca en un lugar donde difícilmente permiten su discusión en el espacio público, y se convierten en herramientas para ejercer el poder.


Animales nocturnos, de Juan Mayorga. de Jesus Torres en Vimeo.

Es una obra protagonizada por gente corriente, como cualquiera que no sea rico ni esté en el margen. Viven en pequeños pisos de espacio insuficiente. Sufren cortes de luz y recortes de servicios públicos. De barrio. Buenos y agradables vecinos que se saludan y, de vez en cuando, se hacen favores unos a otros. Tal vez con problemas de insomnio que les mantienen pegados a televisores y pantallas que nunca dejan de emitir.

Alguien de esa clase media que ha sido empobrecida por la crisis, lanzada en la búsqueda de su propio bienestar, el personal. Animada, con mensajes de autoayuda, a salir de su zona de confort (¿de qué confort se habla en sociedades formadas por individuos que están en precario?) para conseguir la inaprensible felicidad que tienen otros.

Cómo se produce todo lo anterior es un misterio. Un misterio de nuestra humanidad que hace que nos veamos justificados a ejercer poder sobre otros. Y es aún más misterioso el que haga que otros acepten ese ejercicio del poder sobre ellos. ¿Cuáles son los resortes? ¿Qué genes y/o mecanismos psicológicos nos impelen a comportarnos como animales y hacerlo "con nocturnidad y alevosía"? Es decir, en la oscuridad y de forma intencionada, premeditada.

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Foto de Animales Nocturnos cedida por Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa - Moisés F. Acosta.

Un misterio que se encuentra en el texto de Mayorga y que el montaje no favorece del todo. Fundamentalmente, por esa gran caja que tienen que mover los actores para poder mostrar los lugares en que sucede la obra. Movimientos que la enlentecen. Posiciones que escamotean imágenes a las gradas laterales, rompiendo la tensión que van consiguiendo las distintas escenas, haciendo que el espectador pierda la atención sobre lo que está sucediendo. Una pena, porque hay que reconocer que esa caja es una idea interesante, bonita pero excesiva, pues lo importante de esta obra no es la estética sino su ética. Y la ética necesita sencillez, concreción y poca utillería.

Una ética que no deja de hacer preguntas desde la escena, como quien que no quiere la cosa. Como la que hace ante la presencia de una de las parejas protagonistas. Emigrantes sin papeles pero con educación, cultura y conocimientos de idiomas, cuya única maleta imprescindible es una llena de libros. Conocimiento y sabiduría que, viendo lo que ocurre en escena, lanzan la pregunta: ¿para qué sirven el conocimiento y la sabiduría? ¿Para qué les sirve a los que los poseen?

Preguntas y misterios que hacen que merezca la pena ir a ver esta obra. Y descubrir por uno mismo por qué Juan Mayorga se representa en todo el mundo con éxito, aunque escriba en español y desde España. Y por qué acaba de recibir el premio de Nuevas Realidades Escénicas de la UE. Premio por el que este autor no ha sido suficientemente celebrado en nuestro país, aunque la mejor forma de festejarlo es subiendo sus obras al escenario, llenando el teatro y reconociendo a las bravas compañías que, como Aedo Teatro, no se amilanan y las montan para seguir lanzando poderosas preguntas.