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'Castigo ejemplar, yeah!': ser padres hoy en día

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Foto de Castigo ejemplar, yeah! cedida por Lemon Press - © Laura Maure

Si ya está harto de ver la misma obra. De ver el mismo perro con distinto collar. Si quiere descolocarse pero a la vez que le coloquen, para que no se malinterprete, si quiere que le sitúen en el mundo, su obra es Castigo ejemplar, yeah! De un autor y director de teatro del que deben recordar el nombre: Iñigo Guardamino. Bregado en teatros off y que, con todos los méritos, pasa a salas más comerciales, más on, como son los Teatros Luchana sin perder el punch.

La anécdota de la que parte es sencilla. Unos padres se cuelan por la noche en el colegio de su hijo para destruir las pruebas por las que va a recibir un castigo ejemplar. Por las que le van a expulsar. Pues para ellos la educación, la buena educación, es lo primero, merecedora de todo tipo de sacrificios. Y el colegio al que llevan al niño, es de primera. Una acción reprobable, sí, pero qué no se estaría dispuesto hacer por un hijo. Cualquier cosa, ¿verdad?


Teaser de Castigo ejemplar, yeah!

Que son un poco fachas como podrían ser un poco de izquierdas, de ese centro descentrado del que hablan algunos políticos. Que se corrompen y corrompen un poquito por allí por donde pasan. Que se quieren igual que no se quieren. Que se desean y no se desean sexualmente. Que se han acomodado a su incómoda vida en pareja. Que nos parecen corrientes y molientes. Que resultan majos (¡míralos qué majos!) y también detestables. Que no han dejado de ser aquellos chiquillos que ya no pueden ser...

Ques y más ques acumulándose a medida que pasa la obra, cuyo contraste va creando ambigüedad y más de unas risas, pues se trata, sin duda, de una comedia. Que, como en las buenas comedias, todo chiste tiene su puntito o puntazo de tragedia. Locura que va perdiendo pies y cabeza a medida que pasa la obra y, con esa pérdida, va ganando sentido. Mejor dicho, para rizar el rizo, y poniéndose críptico, va ganando en sin-sentido, lo que tiene todo su sentido. Un sentido dramático y teatral. Un sentido vital.

Todo lo anterior no es nada fácil de hacer. Y menos, que se comprenda. Se asiste, pues, estupefacto, a lo que pasa en escena, y se sale estupefacto del teatro. Frotándose los ojos y los oídos. Ya que, con toda seguridad, pocas obras como esta se ven en escena de forma regular. Un teatro que remite a Sanzol, pero con la suficiente personalidad para tampoco ser un Sanzol más o una buena copia, sino beber de la libertad de este.

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Foto de Castigo ejemplar, yeah! cedida por Lemon Press - © Laura Maure

Guardamino consigue hacerlo y que parezca fácil. Primero, por cómo escribe. Segundo, por cómo dirige a Natalia Díaz, una actriz de raza a la que da gusto sentir en escena, y a Rodrigo Sáenz de Heredia, un buen actor con ese tipo de carisma que encariña a la gente. Actores con tablas suficientes para manejar el material que les ha sido entregado y hacer a esos raros personajes que tanto se parecen a nosotros, al común, tan cercanos que casi son nosotros mismos.

Obra que dará mucho que hablar a los espectadores desprejuiciados pero con criterio. Espectadores como los profesionales de la crítica que, con sus votaciones en la revista PopUp Teatro la han colocado como el segundo mejor espectáculo que se puede ver en Madrid. Y si miran la lista pueden comprobar con qué pesos pesados se la están jugando tanto en el off como en el on madrileño. No es ganar por KO como hacía el recientemente fallecido Mohamed Alí, pero se le parece.