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'Crimen y telón', el amor por la tragedia que Ron Lalá transforma en comedia

07/01/2018 09:13 CET | Actualizado 07/01/2018 09:14 CET

David Ruíz
Equipo artístico de Ron Lalá en Crimen y Telón

¿Se puede reivindicar la cultura divirtiendo a la gente? Y más concretamente, defender el teatro y la poesía. Sí, se puede. La compañía Ron Lalá vuelve a ser el ejemplo de que se puede con Crimen y telón, escrita y dirigida por Yayo Cáceres, que han estrenado en el Teatro Fernán Gómez – Centro Cultural de la Villa de Madrid. En este caso lo hacen apelando al futuro, a un mundo en el que las artes están completamente prohibidas y los escritores que las practican, su arte y sus consumidores son perseguidos como si fueran adictos y pertenecientes a una mafia o secta y desterrados a Marte. Unos marcianos, vamos. Idea que permite hacer bromas realmente divertidas y, a la manera de cómicos de la legua o bufones de la corte, hacer canciones graciosas, con retranca y retruécano que el público soberano no solo ríe sino que además aplaude.

Esto ocurre porque Ron Lalá, aunque ya tiene afinadísimas las técnicas y las herramientas teatrales, siempre se pone al servicio de la obra y de lo que esta quiere contar y, también, del público sin tratar de ser complaciente o facilón. Así, si es necesario usar las técnicas de los teatros de sombra, se usan y ya está. Que hay que darle al ripio, se le da y ya está. Que hay que jugar con el público se juega con él. Y si hay que meter una morcilla para poner en contexto el texto, se va y se hace. Qué hay que hacer Artes Vivas, van, lo hacen y lo defienden de palabra y hecho. Lo importante es que lo que suceda en escena se entienda y se entienda su porqué. Es lo que se podría llamar teatro-teatro, sin otra excusa. Un teatro contemporáneo a más no poder porque se hace hoy, tocando temas de hoy y usando las posibilidades que ofrece el teatro de hoy.

Por ponerle un pero, destacar que no tienen cogida la sonoridad de la sala en la que se representa la obra y en los momentos musicales, a veces, el sonido es demasiado alto para disfrutar de su música y su letra. Peccata minuta para un espectáculo que se acaba de estrenar. Aspecto que, como conjunto que siempre ha trabajado la música en sus montajes, seguramente solucionaran, si no está ya solucionado.

Teaser de 'Crimen y telón' de Ron Lalá

Dicho lo anterior, todo son parabienes. Desde la escena inicial en la que aparece el teatro muerto, asesinato que hay que investigar, hasta el tráfico de libros, de obras de arte o de música, o la idea de los adictos a la poesía. Todo sirve para ir transmitiendo, el amor por el arte y la cultura que quien lo tiene no lo puede evitar y quiere transmitirlo. Como no lo puede evitar Ron Lalá y no lo pudieron evitar los maestros del teatro que les antecedieron. Estos últimos empeñados en escribir y contribuir a lo que es hoy el teatro. Reivindicación que en el caso de lo español se hace cantando el "Soy español, español, español" que se canta al final de los partidos de fútbol de la Roja, y que ellos usan para apoyar a unos demasiado poco conocidos clásicos del Siglo de Oro, convirtiéndolos en balones de oro de la liga teatral española.

Tal vez, la suya es una forma de entender la cultura y su enseñanza a la manera que se hacía en la EGB y el BUP, sobre todo a partir de los años 80 del siglo XX, en los que se encontró en lo lúdico una forma de ganarse la mente y los corazones de los niños y los adolescentes. Como esta compañía se sigue ganando a los adolescentes de hoy que responden a las respetuosas gamberradas que se ven en escena con risas, sonrisas y aplausos como el resto de espectadores. Para muestra el botón del viaje de Ulises contado por unas olas sencillamente homéricas y superlativas que llevan su barco hacia la deriva y que, como por arte de magia, acaba desembocando en la droga dura del Ulises de Joyce sin que nadie se rasgue las vestiduras o dé una sesuda y profunda conferencia para eruditos. O la batalla dialéctica entre Comedio y Tragedio, interrogados como posibles testigos de la muerte de Teatro.

En definitiva, un espectáculo que juega lo metateatral de una forma llana y directa. De una forma popular y libre. Crítico con el discurso globalizador que pone en riesgo las culturas locales, y, al mismo tiempo, espectáculo consciente de que esa misma globalización ha incorporado a la cultura mainstream de cada país a Shakespeare, Moliere o Cervantes enriqueciéndolas. Autores entre otros muchos reivindicados como lo que son. Grandes clásicos de relatos potentes, capaces de inspirar divertidas obras como 'Crimen y Telón' a poco que a los cómicos y a los bufones se les de la oportunidad de hacerlo.

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