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¿'El guardaespaldas' o 'Billy Elliot'?: ¿cuál da más? ¿a quién da más?

08/10/2017 09:15 CEST | Actualizado 08/10/2017 09:15 CEST

Stage Entertaiment y SOM Produce

Dicen que tras el crac del 29 y durante La Gran Depresión norteamericana del siglo XX se produjo una febril actividad en la creación de teatros y musicales en Nueva York. Mientras el mundo era duro y gris para una gran parte de la población, las gentes del espectáculo trataron de ofrecer una realidad paralela en la que era fácil encontrarse unas monedas por el suelo. Encuentro que daba lugar a un mundo de fantasía, diversión, chicas guapas y, por supuesto, música con canciones pegadizas y baile.

En España, no se sabe si por el mismo principio, no han dejado de producirse grandes y costosos musicales durante todos estos años de crisis a la vez que se recuperaban y remodelaban antiguos escenarios. Es una tendencia que va a más. Ahora en Madrid se estrenan dos musicales al mejor estilo del Broadway neoyorkino o del West End londinense, de donde proceden. Son, por orden alfabético: Billy Elliot y El guardaespaldas. Curiosamente los dos se basan en películas muy conocidas, blockbusters en los que se sabe qué va a pasar y no se hace spoiler si se cuenta el final. Por tanto, si la trama, la historia, no es importante ¿dónde se encuentra su atractivo? Curiosamente, su atractivo está en el cómo se vuelven a contar dichas historias antes que en el qué cuentan esas historias y, por supuesto, en sus canciones y bailes.

Spot de El Guardaespaldas El Musical - Stage Entertaiment

El Guardaespaldas llega de la mano de Divinity, el canal rosa por excelencia, una declaración de intenciones del marketing. El porcentaje de glamour de papel couché por metro cuadrado el día del estreno era alto, muy alto, y atraía a miles de curiosos y fans que a la entrada y a la salida hacían fotos con sus móviles para subirlas a las redes sociales. A decir verdad, de todos los asistentes, la que menos glamour tenía a ojos del público era Fela Domínguez la actriz y cantante que protagoniza la obra. Algo que va a cambiar a partir de este espectáculo. A esa voz se la van a rifar las revistas de tendencias y pronto la veremos llenando sus reportajes y portadas. Pues es, junto con las canciones de Whitney Houston, el secreto a voces del éxito de este musical.

La trama es sencilla. Un psicópata amenaza a una estrella en plena campaña promocional y, esta, para protegerse contrata a un guardaespaldas muy profesional, que, vaya por Dios, también es joven y guapo, como ella, y un entrañable cascarrabias con un gran corazón. Arquetipos de cómo deben ser los hombres y las mujeres de este siglo XXI. Ellos protectores e íntegros con un punto bronco pero también sensibles y enamoradizos a los que una camiseta y unos vaqueros le quedan tan bien como un traje. Ellas unas superestrellas, siempre perfectas, madres conscientes a la última en cuanto a tendencias, y preparadas para ser el alma de cualquier fiesta.

Si la historia funciona es porque detrás de ella está un guionista de cine, sí de cine. El reputado y reconocido Lawrence Kasdan. Su mano se nota y la productora española, que lo sabe, ha contratado a Alberto Conejero, el también reputado dramaturgo de moda, para traducir el texto, solo eso. Si se le añade una escenografía eficaz para recrear ambientes, un buen y musculado cuerpo de baile, un elenco que cumple su función, una orquesta que suena bien, unas canciones y ¡esa voz!, no hay duda de que el espectáculo se ha hecho para durar en cartelera tanto como el otro gran éxito de esta productora, el longevo El Rey León.

Trailer de Billy Elliot, el musical - SOM Produce

Frente a estos brillantes arquetipos musicales se presenta Billy Elliot. Como si fuera una reivindicación, la visibilidad de ese otro mundo, más real y común, malhablado (aviso a los que vayan a llevar niños: se dicen bastantes tacos) que se aleja del brilli-brilli. Pues esta es la historia de un chaval sin recursos económicos dotado para el ballet que vive en una cuenca minera inglesa en plena revuelta obrera por los recortes de Margaret Thatcher. Historia que también viene del cine.

Viéndola, con sus huelgas, sus casas tristes, desordenadas y grises, sus centros cívicos, las cargas policiales, y esa reivindicación tan entrañable y nada pacata de la solidaridad obrera o entre pobres (que desata más de una lágrima entre los espectadores y aplausos espontáneos) y de la diversidad, no se puede dejar de pensar que los votantes de las muchas mareas ciudadanas que pueblan España, y que en Madrid han llevado a Manuela Carmena al ayuntamiento, los muchos militantes de base de izquierdas (incluida la nueva izquierda de Pedro Sánchez y la anterior de de Susana Díaz) y todas esas personas que colaboran altruistamente con ONGs, incluidas las religiosas como Cáritas, tienen, por fin, un musical en cartelera montado a lo grande. Uno que les normaliza como sujeto económico y reivindica como público de un gran teatro, del show business.

Y lo hace a lo grande porque la música, como en el Rey León, es de sirElton John. Una música de musical al uso que, tal vez, no acabe de funcionar por cómo la interpreta la orquesta y algunas voces. Un montaje para el que no se han escatimado en recursos, al menos los que el dinero puede pagar. A parte de la escenografía, que sube, baja y cambia (confundiendo movimiento con acción dramática), tiene un elenco plagado de estrellas teatrales: Carlos Hipólito, Natalia Millán, Alberto Velasco, Adrián Lastra, Mamen García (¡qué simpática su abuela!) y Juan Carlos Martín (que divertirá con su travestida Maggie Thatcher cuando se desate, pues sin dudarlo que se desatará a medida que se asiente el espectáculo). Al que se añade un montón de niños y niñas artistas que bailan, cantan y un niño Billy Elliot que se mantiene en escena de principio a fin apelando a esa infancia que todos llevamos dentro, tan llena de confortables sin sabores.

Dos montajes que sin duda animarán las taquillas, pues, frente a los que se pudieron ver en años anteriores, estos están hechos de otra pasta. Una pasta comercial sí, son demasiado caros para asumir muchos riesgos no controlados, pero también teatral. Dos éxitos que seguramente pondrán el cartel de no hay billetes en los largos puentes que nos esperan y, por supuesto, en las navidades donde puede que sean el regalo navideño para llevar a la pareja o el espectáculo para ver en familia, claro, siempre que se sea previsor y se vaya comprando pues tienen pinta de que este año revientan taquillas, las dos.

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