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'Hacia la belleza', una experiencia que hace mejores a las personas

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Foto de Hacia la Belleza cedida por el Pavón Teatro Kamikaze.

Ese terremoto que ha supuesto la llegada del Pavón Teatro Kamikaze sigue provocando sacudidas en la escena madrileña y, por tanto, española. Esta es la crónica de la bella sacudida que ha provocado el primer curso de formación de dicho teatro. Una experiencia para actores, bailarines y estudiantes de artes escénicas llamada Hacia la belleza dirigida por la directora, coreógrafa y actriz Carlota Ferrer, a la que hay que seguir la pista teatral muy, muy de cerca, si en España se quiere estar a la última teatralmente hablando.

Cualquiera que hubiera visto la convocatoria de esta experiencia formativa Kamikaze y no conociese a Carlota ni sus montajes podría haberse asustado. ¿Un curso de teatro y danza en el que la bibliografía son los libros Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello y La salvación de lo bello? Pero con esta directora no hay que asustarse. El pensamiento, hasta el más abstracto, será espectáculo, un espectáculo, o no será.

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Foto de Hacia la Belleza cedida por el Pavón Teatro Kamikaze.

Y así es. Los pocos afortunados que fueron convocados el sábado se encontraron a la puerta de este teatro. Y a la hora señalada pudieron ver cómo la joven actriz y coreógrafa Paula Quintana sufría, mejor dicho bailaba, el Síndrome de Stendhal. El que se sufre cuando se está rodeado de tanta belleza que se hace insoportable. La veían titubear, tartamudear, temblar, caerse. Un caer estético. Un desplomarse. Un chocarse al darse en el suelo. Y sin embargo, con esa cualidad de lo bello que tiene el trigo que cimbrea el viento antes de que lo aplaste el tractor contra el suelo.

Eso fue solo el principio del principio. Antes de que les hicieran cruzar la calle para ver cómo los alumnos del taller, poco a poco, iban ocupando la alta terraza del teatro para hacer barra con la barandilla. Algunos también ocuparon los huecos de las ventanas. Cuerpos diversos y diferentes bailando. Cuerpos cercanos y lejanos a los que imponen los cánones de la moda y la estética actuales. Todos ellos bellos por lo que cuentan con sus movimientos en el espacio y por lo que sus palabras dicen. Cambiando la percepción del que mira. Cambiando el patrón de la mirada del espectador, de sus sentimientos y sus pensamientos hacia los otros.

A partir de aquí cualquier cosa era esperable. Aunque lo interesante es que lo que ocurre es inesperado. No, no son sorpresas. No son trucos de magia. No saldrán conejos de una chistera. Será lo inesperado esperable de un espectáculo coherente en cómo se ha construido. Hecho para que lo bello suceda delante de los ojos y en los oídos en todos los espacios del teatro. Desde el patio de butacas hasta la sala pequeña de ensayos que hay en la parte superior del edificio, pasando por el espacio escénico que se ha creado en el bar.

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Foto de Hacia la Belleza cedida por el Pavón Teatro Kamikaze.

Hay baile. Hay música. Hay canciones. Hay historias. Hay humor. Hay lo que tiene que haber: inteligencia. La de Carlota, que ha trabajado y montado las propuestas individuales y colectivas que le han hecho sus alumnos durante el taller sobre el tema que han tratado. Que ha sido capaz de sacar, a partir de ellos, lo mejor de ellos. Y ha conseguido, trabajando lo individual y lo particular, hacer un espectáculo que reivindica la belleza de y el amor por y para los seres humanos.

Una belleza que merece, antes que nada, ser amada. No envidiada. No perseguida. Una belleza que está en todos y cada uno de nosotros. Solo hace falta saber mirar y amar al otro para verla. Pues la belleza está ahí, delante de nuestros ojos.

Eso es lo que este espectáculo hace con los pocos espectadores afortunados que lo han visto. Les cambia la mirada y el oído y cuando salen del teatro ya no ven ni oyen igual. Cuando acaba, de vuelta a casa, todo se siente bello, desde un color chillón a una voz con acento. Se convierte en un camino hacia la belleza, la que atesora un mundo diverso en el que la diferencia recibe amor. Y al quererla, se aprecia. Solo por eso nos hace mejores personas. La belleza que nos embellece.