BLOGS

'Magic Spectacular', uno de los nuestros es un mago

20/08/2017 10:52 CEST | Actualizado 20/08/2017 10:52 CEST

Pitu López
Escena de Magic Spectacular - Mago Sun

Siempre que acudo al Teatro de la luz Philips Gran Vía, tengo la sensación de que voy a uno de esos espectáculos populares de toda la vida que llenaban las plazas de pueblos y ciudades. Esta vez, el público acude a ver un espectáculo de magia, Magic Spectacular, del Mago Sun. No se trata de un mago conocido o popular, es decir, que supere el ámbito del reconocimiento profesional y de los aficionados a la magia, a pesar de que la nota de prensa indica que ya triunfó en la Gran Vía (o sea, que llenó el teatro), y tampoco parecen conocerlo los asistentes. Asistentes que, por lo que se oye aquí y allá, acuden porque en este teatro ofrecen espectáculos que les ofrecen siempre un buen rato.

Este espectáculo del Mago Sun no es la excepción. Con el hilo conductor de su historia sentimental como mago y de la historia o grandes hitos de la magia ofrece una sucesión de números clásicos. Hay uno de cuerdas, otro de cartas, otro de palomas que aparecen y desaparecen, varios trucos de escapismo con las referencias de Harry Blackstone, David Copperfield y Harry Houdini y alguno que otro más. Todos reconocibles con las leves y superficiales modificaciones que necesitan los públicos actuales, como la eficaz iluminación y los cañones de fuego, más propios de un concierto pop que de un espectáculo de magia tradicional.

Números acompañados de una selección musical popular, ya sea sacada de las radiofórmulas o de la música de fondo e incidental que todo el mundo conoce pero que no sabría a ciencia a cierta decir cómo se llama, quién la compuso o quién la interpreta. Música que resultaría agradable al oído si no fuera porque, siguiendo la costumbre de los teatros de la Gran Vía, se premia el volumen, excesivamente alto, sobre la sutileza y los matices. Volumen molesto, excepto para aquellos que salen de fiesta en fin de semana y piensan que ese es el volumen normal.

Tampoco faltan en este espectáculo de magia las ayudantes. Rubias, delgadas y ligeramente sexys, como suele pasar en este tipo propuestas. En este caso, son tres, que dinamizan la función y son también magas, como nos recuerda el número que hacen con las cartas. A las que, en estos tiempos de diversidad y corrección política, se le añade un ayudante masculino algo cachas, que participa en algún chiste y en algún que otro número.

Tráiler de Magic Spectacular - Espectáculo del Mago Sun en el Teatro de la luz Philips Gran Vía

Con estos mimbres, el Mago Sun trata de acercar al público a sus referentes mágicos. Comenzando su historia de la magia por con su padre, su primer mago. Como lo son, han sido y serán para muchos niños y niñas sus esforzados padres y/o madres, que a pesar de las obligaciones adultas, el hastío de la vida y el cansancio sacan tiempo para crear pequeñas y sencillas ilusiones para sus hijos. Con las que hacer magia y prender en ellos, como lo hizo el padre del Mago Sun, el suficiente interés para que de adultos traten de incorporar la fantasía y la ilusión a este mundo.

Magia a la que este mago intenta ponerle unas gotas de humor con unos chistes, sencillos, directos y blancos que no siempre le funcionan. Tal vez, porque debería añadir dotes actorales (como casi todos los magos) a sus probadas dotes de mago. Tal vez, porque al espectáculo le falta dramaturgia y dirección teatral (como a casi todos los espectáculos de magia), aunque hay que reconocer que Magic Spectacular tiene ritmo y no decae.

Todo lo anterior se nota pero no molesta, porque Sun tiene a su favor el aspecto y la actitud de ser un tipo majo, un buen hijo, un buen yerno, alguien salido de esa gente que ocupa el patio de butacas, con la que simpatiza. Y porque este espectáculo está hecho mirando al público, respetándolo y, a pesar de ser magia, evitando dar gato por liebre. Al revés, dándolo todo para que la gente lo disfrute, lo pase bien y eche de menos el no haberse llevado a muchos de sus seres queridos a ver el show. Como una pareja de abuelos que, a la salida, echaba de menos a sus nietos. Como sus novios a sus novias, o viceversa. Los padres a los hijos. Los hijos a sus padres. Los amigos a los amigos. Y así, al final, poderse hacer todos juntos la foto con el protagonista de esta historia, que se encuentra descalzo y totalmente mojado en el hall. Ese chicho deapariencia normal, como la de todos, recién escapado del tanque de agua de 500 litros y que es capaz de emular a Houdini.