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¿Por qué no 'divertirse'?

24/03/2017 02:09 CET | Actualizado 26/03/2017 10:19 CEST
Rodrigo Sáenz de Heredia en 'Este es un país libre y si no te gusta vete a Corea' Lemon Press

Sí. Ha leído bien. Este fin de semana quiero proponerle que se divierta. Es decir, que se aparte, se desvíe y se aleje de los grandes cosos teatrales madrileños y busqué fuera de ellos diversión. Pues en Madrid hay una movida teatral que se está gestando ahora. Esa que le permitirá decir, como dicen los que estuvieron en la de los 80, "yo estuve allí".

Allí, es acudir a la Nave 73 a ver Este es un país libre y si no te gusta vete a Corea para descubrir, si todavía no lo conoce, el humor crítico melancólico de Iñigo Guardamino, su autor y director. Donde se encontrará una obra que tiene algo de tira cómica en la que se entrecruzan historias de niñas, parejas a punto de casarse, familias primerizas que dan a luz perros, viudos y parados o empleados en precario que no acaban de ver que es lo que ganan con tanta democracia y tanta libertad. Sí, todo despropósitos que sus tres actores con su sola presencia convierten en realidad, realidad escénica. Una realidad que llama a la puerta de nuestras conciencias para que rescribamos las historias que nos están contando. Y descubrir a Rodrigo Sáenz de Heredia, el nuevo Alfredo Landa o Antonio Resines del siglo XXI.

Foto de "Retablo de espera" de Guillermo Womutt

Allí, es acercarse a Lavapiés y meterse en La Mirador de Cristina Rota para ver Retablo de espera. La inclasificable obra de Guillermo Womutt que parte de la danza contemporánea para, con ayuda del arte (imposible no ver la influencia de Bill Viola) y la literatura contemporáneas, hablar con el cuerpo y las palabras de que quien espera, desespera. Y, a día de hoy, esperamos mucho. Al teléfono, en el super, para entrar en el avión. Incluso, esperamos mucho de los otros y de lo que se pueda ver en escena. El caso es que como espectadores esperamos y ellos, los de esta obra, saben cómo llenar esta expectación.

Video de Fragmentos de teatro I de Beckett cedido por el teatro

Allí, es acercarse a los Teatros Luchana (sí, los antiguos Cines Luchana, la movida teatral madrileña es tan potente que los cines se están convirtiendo en teatros) para ver Fragmentos de teatro I de Beckett dirigida y protagonizada por Aintzane Garreta. Descubriendo, como ya mostrara Sanzol, que la mala leche de Beckett es humanista y de lo más divertido. Que sus referentes son Chaplin, Harold Lloyd, El Gordo y el Flaco y, ¡cómo no!, Buster Keaton con unas gotas de los Hermanos Marx. Y que como ellos la soledad, la necesidad del otro (el otro que nos quiera) nos lleva a hacer el más sonoro de los ridículos.

Foto de "Morrigan" cedida por la compañía

Allí, es acercase a la sala Nueve Norte para ver Morrigan el musical folk de Carlos Álvarez y Alejandro Matrán. Y ver que hay alternativas al musical de gran producción que copa los teatros de la Gran Vía. Que sí se puede hacer con una pequeña orquesta, que no suena nada mal, y un elenco con ganas y con fuerza. Recogiendo el espíritu de los grandes y, ay, la ligereza y los lugares comunes de los libretos que tanto gustan a las masas. Y que a pesar de las estrecheces que pasan en escena, pues es un gran elenco para tan pequeño escenario, y con poca utilleria, son capaces de mover de forma clara y meridiana los dos planos en los que se sucede la obra. El de las envidias y rencillas de un elenco que está ensayando un musical y el de la historia de amor y desamor que cuenta dicho musical.

Foto de Jennifer Baldoria en "¿Por qué las hormigas no hacen huelga?" de Francisco J. de los Ríos

Allí, es acudir a La Usina a ver ¿Por qué las hormigas no hacen huelga? La comedia gamberra, en el sentido de gamberrada adolescente, escrita y dirigida por Francisco J. de los Ríos, que también es uno de los actores. Comedia distópica y política (valga la redundancia), como todas las propuestas de este autor, que abandona la tragedia para buscar la complicidad del espectador mediante la risa y el esperpento. Una historia en la que un hombre se convierte en sospechoso, incluso para su esposa, por el simple hecho de salirse de lo establecido. Por mostrar interés y curiosidad. Por atreverse a mirar el cielo en horario laboral. Obra montada con la poética marrón y underground de este director, que sus fieles rápidamente reconocerán, aunque esta vez con algo más de iluminación y color.

Diversidad teatral para divertirse en las dos acepciones que tiene esta palabra. En la de apartarse y alejarse de lo trillado. Y en la de entretenerse, pasárselo bien o más que bien. Para ver ya a algunos de los representantes del teatro del futuro. Porque el futuro ya está aquí con este hatajo de jóvenes y no tan jóvenes que se la juegan y apuestan. Ahora solo necesitan público que quiera divertirse.