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'Resilienza d'amore': Rossy de Palma se lo monta

06/12/2015 09:59 CET | Actualizado 06/12/2016 11:12 CET

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Foto cedida por el Teatro Español.


Sí, esa es la noticia. Que la almodovariana y piscassianaRossy de Palma se lo monta. Mejor dicho, se lo ha montado, gracias al mítico Piccolo Teatro de Milano, que le ha producido Resilienza d'amore, que ya se pudo ver en dicho teatro, y que ahora llega a España en el Teatro Español, del 10 al 13 de diciembre.

Allí, en Milán, fue un éxito mediático y de público. Espectadores que llenaron el aforo, tanto para ver este recital de artista, como para celebrarla en el encuentro con el público. Aquí, debería serlo. Lo merece.

Quien vaya verá a una clown innata, una payasa de tomo y lomo, que mezcla, como los buenos payasos, historias melancólicas con otras que buscan la diversión, la risa y las carcajadas del público (¡ay, el número del mercato cinese!). Mezcla que siempre nos congracia con nosotros mismos, con el misterio de vivir y con esa pulsión que nos obliga a seguir viviendo, a pesar de todo. A pesar del desengaño amoroso y de que alguien, el único o la única, nos diga que (ya) no nos quiere. La melancolía y la risa combinadas como forma de recuperarse presto.

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Foto cedida por el Teatro Español.


Espectáculo construido de forma artística y bella desde una cultura que se ha cimentado en la EGB, el BUP, el COU y la televisión, como la de todo español que creció en la Transición. Con esa idea de popularizar a los grandes artistas, como Dalí, con el que se abre el espectáculo. Y que, en su caso, en el de Rossy, es una cultura viajada, transitada, polinizada por todos los creadores que han pasado por su vida y al lado de los que ella permanece todavía. En la que es posible ver las influencias de las mujeres más variopintas. En la que Björk se encuentra con La Maña de El Molino barcelonés, creando un pop de varietés, tal vez un género de nuevo cabaret.

Hay algo que permanecerá en la retina de los asistentes, ese cuerpo grandote, a una nariz pegado. Una rara belleza, entrada en años y en carnes sin ningún complejo, que recuerda y reivindica a otra cómica, otra gran payasa española como era Mary Santpere. Tal vez de manera involuntaria.

Y al lado de la nariz, dos grandes ojos. Una mirada desde la que dice construir todos y cada uno de sus personajes. Ojos acuosos que miran a los espectadores, a los que invita a mantenerse atentos a lo que pasa en el escenario y a no perderse nada. Atención que ella usa para preparar los corazones, a los que logra desbordar cuando les pincha y les redescubre, como hizo con los italianos más jóvenes, a Ornella Vanoni cantando Bello Amore.

Espectadores que, después de aplaudir y hacerlo mucho, saldrán al frío invierno, reconfortados, con el corazón caliente, canturreando esta canción y sintiéndose protagonistas de una pequeña comedia musical, la suya propia. Corazones contentos en el frío invierno de su posible descontento amoroso.

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