BLOGS

Ya que nos vamos a morir, mejor reírse y vivir

19/01/2016 07:02 CET | Actualizado 18/01/2017 11:12 CET

2016-01-14-1452793109-8777279-Fotopost20Elgritoenelcielo.jpg

Foto cedida por el Teatro Español -® Víctor Iglesias

La Zaranda lo ha vuelto a hacer. Llegan con El grito en el Cielo" al Teatro Español y se convierten en el fenómeno de la semana. Los profesionales y aficionados acuden en masa al estreno para ver su teatro negro, negrísimo, pero muy divertido. Un humor que se ríe de nosotros mismos y que demuestra, una vez más, que el teatro no es tecnología, no es solo técnica, es imaginación. La que ellos usan para contar que ya que nos vamos a morir, mejor reírse y vivir.

La historia, la anécdota, no es para menos. Se trata de un grupo de ancianos cuyos achaques les han llevado a una residencia de vanguardia. A la última. Tienen hasta musicoterapia con el Tanhäuser de Wagner en la versión de Liszt ¡qué más pueden pedir! Donde profesionales titulados les vigilan y les atienden con sus guantes puestos, unos guantes empolvados, que cambian con frecuencia. Asepsia, una sociedad aséptica. Profesionales prestos a la eutanasia y darles todo el servicio completo. Lugar en el que la palabra del médico es ley. Ley que unos se repiten a otros a falta de mejores cosas que decirse.

Sitios asépticos en los que también corren sus rumores. Y los humores producen toneladas de sábanas y ropa sucia que hay que recoger y lavar. Donde nos aparcamos o nos aparcan a morir. En los que se nos confirma nuestra sentencia de muerte. Aquella con la que nacimos. Pues todo aquel que nace sabe que va a morir y si no lo sabe que lo vaya aprendiendo.

Vídeo cedido por el Teatro Español

Tema delicado para reírse. Ellos lo consiguen. Sus espectadores se ríen. Pero no es una risa compasiva. Es una risa empática. La que tiene una sociedad cuando se encuentra con ella misma y se da cuenta de sus ridículos. De sus miserias. De su ser. Como de esa muerte que se ha convertido antes que nada en burocracia, papeleo. Chiste que consiguen con solo deslizar una palabra distinta en una serie de repeticiones. Prueba inequívoca de su talento.

Aunque no se deben engañar por las palabras anteriores. La poesía también está convocada en esta función. Hay momentos que invitan al recogimiento. Al silencio. A la observación de lo bello que hay en el ser humano. Risa y poesía en una perfecta combinación que consiguen tres hombres y una mujer (la actriz Celia Bermejo que trabaja con ellos por primera vez igual que si lo hubiese hecho toda la vida) en un escenario negro con cuatro carros como los que se usan para llevar la ropa sucia en los hospitales y luz. La simple luz que igual que indica el final de un túnel (el de la vida), es, también, el cielo y el infierno. Elementos todos ellos con los que consiguen uno de los finales más simples y hermosos de los que yo he podido ver recientemente en el teatro español.

Todo lo anterior explica lo que pude escuchar a la salida a un profesional del teatro "Uno lo está intentando y llega la Zaranda y ¡zasca! te muestra cómo hay que hacerlo". Y, sí, lo han hecho de nuevo. Y en Madrid, hay poco más de quince días para verlos. Para asistir a su función y salir llenos de energía, la verdadera energía positiva que tiene la vida y que fluye de este escenario. La que sucede más allá de esas técnicas y terapias de vanguardia en las que andamos perdidos y enredados.

OFRECIDO POR NISSAN